El Llop Ferotge aprofita l'ocasió d'aquestes festes per tancar un any de poesia, música i trobades en diversos punts de Girona i Barcelona.
Gràcies a tots els qui hi heu participat i col·laborat amb les aventures del Llop Ferotge, les quals enguany ens han portat més enllà de les nostres fronteres. És l'instint del llop i la seva ferocitat: cercar la poesia, l'art, la música i les emocions que ens uneixen com a éssers humans i donar-les a conèixer.
I per celebrar un any que s'acaba i un altre que comença, us deixem amb aquest poema d'un llop per excel·lència, un sant innocent que ens invita a estimar com a bojos, i a construir coses belles i justes, no només amb les paraules.
Día de los Santos Inocentes; de los cretinos, de los necios,
de los tontos de capirote, de los gilipollas cara cartón, de los matados, los retrasados mentales,
de los alucinados como yo, carne de matadero sin duda decapitable,
materia prima de un onanismo crepuscular y desahucio inminente de bienes
inmuebles; revoltijo de carnes enaltecidas y músculos epilépticos por efecto del sol devastador de tus pupilas complacientes, aunque hurañas de olvido; carnaval de preludios epidérmicos, aquelarre saturnino de cosquillas y ternuras con sustrato neorrealista y post-olímpico horizontal
de clarividentes lametones en el pubis de mi diosa oceánica...
Día de los Santos Inocentes; de los imbéciles de remate por el hecho de estar tan colgado de ti, que rechazo una clara oportunidad de conocer tías buenas en abundancia,
y me recluyo toda la santa y casta puta noche en casa... escribiéndote,
escribiéndote y recordándote.
Ya me dirás tú
qué orgía romana: escribiéndote, tan inocentemente como este día de hoy, noche ya de los Santos Inocentes,
en que nació mi abuelo Faustino, el carpintero, un cazador de perdices genial
que le regaló a mi abuela, un armatoste en forma de gramófono en vez
del consabido anillo de compromiso, (Viva la praxis garrotxina!)
y que se tiró años empecinado en construir la máquina del perpetuo movimiento.
En tu cómplice memoria, Faustino, voy a fumarme
la pipa de la paz, con una hierba de un verde espejeante que tú nunca cataste,
pero que hubiera contribuído a llevar a buen término,
estimado abuelo muerto, tus macondianas y atramuntanadas
investigaciones sobre tu soñada máquina del perpetuum mobile.
Día de los Santos Inocentes; de las primaveras tortilleras, de los tontaineres
que buscan en los containeres, el Arca de la Alianza; de los pringados del mundo civilizado;
de los matados de hambre sexual en esquinas neoyorquinas o pirenaicas
(todo es mundanal ruido tercermundista desde el nido del águila real).
Día de los Santos Inocentes, pero no tanto, no vayas a creerte,
mételes una falange en la boca abierta y ya verás:
tú ya verás qué gasto imprevisto se te va de repente en tiritas.
Día de los Santos Inocentes;
Que les corten las tiernas cabecitas a la altura del ombligo,
así pensarán mejor las criaturitas.
Día de los Santos Inocentes; pero qué vergüenza y qué bochorno supremo:
Que alguien tome el mando a distancia cuanto antes, y construya algo bello y justo, que perdure
más allá de todos loa amaneceres recién amanecidos contigo.
Día, finalmente, de los poetas de bragueta
a los que todos Herodes de pacotilla, jode lo que no fugira en los Escritos
no haber decapitado cuando solamente tenían dos años, y eran unas
criaturas sonrosadas.
La venganza de los Inocentes, si no los exterminas a esa edad,
puede convertirse en la gran catástrofe,
el más grande error de todas vuestras vidas.
