dimecres 16 de novembre de 2011

El arte visionario de Jordi Bofill

       La obra pictórica de Jordi Bofill (La Bisbal d’Empordà, 1973) tiene su punto de partida en una inmersión en espacios abiertos y abstractos en donde se recogen variados elementos tanto del color como de la naturaleza, para apuntar, luego, en una sola dirección: Hacia el cielo, hacia el vasto y recóndito espacio sideral al cual pertenecemos, y en el cual se ocultan, dispersan y encadenan, según el artista, las claves de nuestro origen y nuestro destino. Toda la obra de Jordi Bofill persigue la vocación celeste del hombre, corre tras la llamada de las alturas, llamada que quien la siente, no la puede rechazar, so pena de ver privada su alma del fuego indispensable, del fuego original que al arder, distingue a los vivos de los muertos, a los despiertos de los dormidos, de los sin historia, sin destino y sin proyecto. 



         En esta dinámica, el artista concentra lo mejor de su visión y de su instinto poético, en rastrear los caminos que pueden conducir a nuestra especie hacia la luz, y en precisar los contornos y la figura de complejas visiones cósmicas, apariciones del ser en paisajes inspirados e inspiradores en donde circulan espermios azules, embriones de vida, células, átomos, quarks y partículas todas de las que se compone y descompone la trama misteriosa de la vida y la materia. 
         Cimentándose desde el primer día en una perspectiva abierta y de largo recorrido, la obra de Bofill constituye una búsqueda y un itinerario en donde el estudio del color ha sido el gran aliado que le ha permitido examinar las diferentes densidades del ser y del fuego, y elevar la mirada del hombre hacia el infinito. Sin embargo, no ignora que si queremos remontar el vuelo, debemos comenzar por regresar al origen, por volver a la tierra: Es lo que nos transmite en obras como "Árbol", "Paisaje con árbol" y "Nuevos paisajes", en que se nos revela que todo lo vivo, todo lo que se proyecta hacia el cielo, viene surgiendo de la profundidad subterránea. En "Viatge interior" (Óleo sobre tela, 2010) se hace aún más evidente esta conexión, ya que bajo varias capas azules de suelo, el espíritu viaja y se mueve, más abajo aún de las más hondas raíces, y descubre los procesos creativos, las potencias que luego de madurar estallan hacia fuera, erigiendo su tronco y sus ramas, y produciendo frutos vivos que se orientan enseguida sintiendo el llamado de la luna y el espacio.
         Los caminos solitarias del Ampurdán han visto pasar a Jordi Bofill acompañado de su perro Fosc, en los horarios más inverosímiles, siempre en silencio, cogiendo puñados de tierra, palos, acariciando la raíz de los árboles, colgándose de lunas ignotas y balanceando su espíritu al compás de las músicas plateadas que descienden de lo alto, mientras con la mirada perdida en el cielo del amanecer, se deja poseer por la tenue fosforescencia dorada que impregna de colores las figuras y los objetos. 

http://jordibofillvisionari.blogspot.com/

         En este deambular, y siempre mediante de un proceso riguroso de indagación y experimentación, Jordi Bofill ha logrado profundizar en el tema de las relaciones del hombre con lo infinito, ofreciendo una mirada sensible y receptiva hacia los fenómenos del Sueño, la Meditación y la Visión, entendida ésta como El Sueño Despierto. En este punto, el artista ha encontrado la autopista abierta, la escala de Jacob que comunica el cielo y la tierra, y lo ha plasmado en auténticas joyas, ricas en expresión, poderosas en la intuición, y sugerentes en todos los sentidos. Obras como "Meditación" (óleo sobre tela, 2004); "Somni" (Acrílico sobre tela, 2009); "Enlace" ( Técnica mixta sobre papel); o "Nacimiento" (Técnica mixta sobre papel, 2010), representan no sólo que es posible la comunicación entre el ser y el infinito, sino que establece incluso el punto en que ésta se sitúa, en la respiración, en el aliento que brota desde la mente, desde la profundidad del hombre, mientras éste duerme o se relaja en el mar del amor. En ese momento íntimo y al alcance de todo ser vivo, lo sepamos o no, puede darse el milagro de la iluminación, o como prefiere llamarlo el artista, la realidad de la Visión.


Jorge Morales
Girona, Sant Narcís,  4 de noviembre de 2011       

dimecres 9 de novembre de 2011

La crítica espectacular (Isaki Lacuesta)

En su artículo “Paso doble” del pasado 7 de octubre, Sergi Pàmies escribe que “el cine de arte y ensayo aplica un código penal distinto del que regula el cine convencional”. Según Pàmies, las películas “de autor” jamás son reprobadas, y por eso le parece ejemplar que uno de los críticos de El País, Carlos Boyero, haya “repudiado y combatido” mi película “Los pasos dobles”. Añade Pàmies que, en cambio, es usual y de buen tono criticar películas “comerciales” como “Larry Crowne”.
Los hechos, sin embargo, desmienten la teoría de Pàmies: hace años que los críticos de los periódicos españoles más vendidos (El País, El Mundo, ABC) denigran e ignoran, de forma sistemática, el cine “de autor o experimental”. Y escribo “ignoran”, porque ésa es la palabra clave: nada se puede reprochar a quién manifiesta sus opiniones honestamente, pero sí a quien renuncia al deber de informar a los lectores. Consultemos la  hemeroteca: cuando en 2002, “El viaje de Chichiro” ganó el Oso de Oro, los lectores descubrimos que la mayoría de los cronistas españoles no se habían dignado a verla. En 2006, “Naturaleza muerta” de Jia Zhang-Ké ganó el festival de Venecia, y de nuevo, los críticos de esos diarios prefirieron descansar; al día siguiente, justificaron su falta de profesionalismo describiendo a Zhang-Ké como un chino desconocido, cuya película se proyectó en “un único pase nocturno” (Boyero). Entonces ocultaron al lector que Zhang Ké ya era un cineasta célebre, premiado en festivales de medio mundo; si no lo sabían, hubiera bastado un vistazo al dossier de prensa o a la web del festival para no tener que engañar a sus lectores. [En Internet pueden leer “La catatonia nacional”, de López Fernández, una apasionante recopilación de los insultos proferidos aquel año contra Lynch, Weerasethakul, Resnais, etc]. En 2008, el mismo Boyero se jactó de abandonar su puesto de trabajo, cuando puso al caer de un burro “Shirin”, de Abbas Kiarostami, sin haberla visto. Entonces, más de dos cientos lectores de El País escribimos una carta de protesta por su lamentable cobertura. Fue cómico comprobar cómo varios profesionales de la critica al trabajo ajeno consideraron que nuestra queja era un “ataque a la libertad de expresión”.
A la vista de los hechos, conviene preguntarse: ¿no será el cine la víctima de “un codigo penal distinto” al que regula las secciones del periódico? ¿Cabe imaginar un periodista deportivo que presuma de desconocer quién es Navarro, un crítico político que ignore la existencia de Tony Blair, o un crítico literario que despedace la nueva novela de Jonathan Franzen tras leer solo las cinco “estúpidas” primeras páginas? Sospecho que, para los periodistas y críticos correspondientes, un debate parlamentario o un mal partido de fútbol pueden ser tan o más aburridos que “Shirin”. ¿Y si no nos contaran las resoluciones del Congreso o el resultado de un encuentro porque “la vida es muy corta para desperdiciarla con tonterías” (Boyero)? ¿Da risa, verdad?
Rafael Argullol ya señaló el  intercambio de papeles entre la crítica cultural y la deportiva: mientras en los artículos sobre fútbol abundan “citas cultísimas de los trágicos griegos”, el periodismo cultural se ha plagado de metáforas atléticas. Y es que, al parecer, algunos periodistas culturales se avergüenzan de su tema de trabajo, la cultura, y procuran esconderla bajo un lenguaje tabernario, lo más impreciso posible. Porque ya ni siquiera mandan las cifras de venta del diario, sino la cantidad de clicks que cada artículo obtenga: así, una película que no gusta (algo tan normal, tan poco espectacular) debe convertirse en un escándalo, en una tremenda “gilipollez”. Y una “periodista” como Mabel Galaz puede titular en la portada de El País digital: “Javier Bardem está enfadado y decide acabar con toda la vajilla”, para que solo al clikar encima descubramos que esa escena “de momento es ficción”.
Por eso, la mayoría de lectores de diarios españoles desconocen que Oscar Pérez y Mia de Ribot compitieron en el pasado festival de Venecia con su película “Hollywood talkies”. Por eso casi ningún diario consideró necesario ofrecer la información adecuada sobre “Todos vós sodes capitás”, de Oliver Laxe, cuando se estrenó tras ganar el premio de la Crítica en la Quinzaine de Cannes. Por eso el espacio mediático dedicado a Larry Crowne es infinitamente superior al que reciben películas como las de Laxe y Perez, en proporción con las inversiones publicitarias respectivas. Demasiado a menudo, en las secciones de cultura se decide qué es noticiable según los criterios del “espectáculo” y el “show business”.
En resumen, si existen “códigos penales distintos” en el periodismo cinematográfico, la diferencia pasa por que en este último se puede mentir,  presumir de ignorancia y despreciar tus obligaciones con los lectores y, en consecuencia, ser premiado por ello. Querido Pàmies: si yo fuera novelista, en lugar de celebrar lo que sucede con el cine, iría poniendo mis barbas a remojar…

ISAKI LACUESTA. LA VANGUARDIA, 6-11-2011

dijous 3 de novembre de 2011

a part 6 (arts i estructures) - C.C. La Mercè (Girona)