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dilluns, 11 de novembre del 2013

¿TALLERES LITERARIOS O TALLERES DE ESCRITURA?


El lunes 4 de noviembre, en el espacio de la Estació Jove de Girona, comenzaba la primera de las seis sesiones del Taller de Poesía Latinoamericana ofrecido por un servidor, que finalmente no llegó a realizarse al no alcanzar la inscripción mínima de 8 alumnos. La obertura del taller estaba centrada en el análisis de la poética del Tango, a través de letras, composiciones y una inmersión en la historia y la cultura de la región del río de La Plata entre 1890 y 1930. Las siguientes cinco sesiones invitaban a un viaje por la poesía mapuche, la poesía náhuatl pre-hispánica y la Bossa-Nova brasilera, y a un cara a cara con la obra poética de Jorge Teillier y Jorge Luis Borges.

Dicho curso constituía la segunda parte de un taller que sí tuvo lugar la pasada primavera y que fue programado también en seis sesiones de una hora y media de duración. ¿El precio? 20 euros. Unos trece mil pesos chilenos. ¿El horario? Los lunes de 20:00 a 21:30 hrs., finalizando el lunes 9 de diciembre. Debo señalar que no me siento especialmente decepcionado por no haber logrado sacar adelante mi curso, ya que puedo comprender que en tiempos de frío otoñal la gente en su mayoría prefiera quedarse en su casa a esa hora, o también que prefiera gastarse los 20 euros en otra cosa. Inclusive podría aceptar que mi propuesta de Taller de Poesía Latinoamericana -en una ciudad de cien mil habitantes- solo interesara a los cinco inscritos y poca cosa más.

Por lo tanto, el punto de vista que deseo cuestionar en este artículo tiene que ver con algo que ocurrió luego de la anulación del taller. Resulta que queriendo consolarme y ayudarme, una voz amiga me ha sugerido, esgrimiendo argumentos cuantitativos irrebatibles, que en lugar de ofrecer un Taller de Poesía, yo debiera de ofrecer un Taller de Escritura.

Efectivamente, vivimos hoy en todas partes una proliferación de dichos talleres, lo cual no deja de ser una paradoja al considerar que cada año son menos numerosos los matriculados en carreras de Letras y Filología. La voz amiga identificaba en el campo de estos Talleres una posibilidad de encausamiento laboral para mí, afirmando que con el currículum de editor y las buenas críticas cosechadas por mis libros de poemas Los frutos invisibles y La casa de las arañas había despertado cierta admiración en unos cuantos lectores de Girona que, si bien no se habían sentido atraídos por mi Taller de Poesía Latinoamericana, sin duda se verían mucho más atraídos por la perspectiva de un taller en el cual yo revelara sin tapujos algunas de mis técnicas de escritura y ayudara, a su vez, a los alumnos, de manera franca y participativa, a desarrollar sus posibilidades literarias, incluso a través de actividades dizque lúdicas, si era necesario.

Para añadir motivos de agobio, la voz amiga no encontró nada mejor que rematar su monólogo con una parrafada para el bronce que rezaba más o menos así: "Porque en esta ciudad, y en gran parte gracias a ti, Jorge, la poesía hoy goza de muy buena salud. El espacio que tú abriste con el Llop Ferotge le ha dado alas a mucha gente de todas las edades que se ha animado a escribir y a recitar y a compartir sus textos. Solo tienes que ver la cantidad de actos y recitales que se realizan y la cantidad de gente que hoy está escribiendo y deseando publicar... "

Un poco abrumado ante todo esto, debo primero agradecer a la voz amiga su preocupación por mi persona, por mi situación laboral, y por considerar que haya yo realizado alguna aportación mínima a la cultura en esta ciudad en donde habito desde el año 2004. Sin embargo, me he negado en redondo a la posibilidad de realizar un taller de escritura y aquí expongo mis motivos.

Comenzaré citando al amigo Abel García Roure, quien en una ocasión se refirió a una demoledora opinión de Jean Luc Godard que muy bien se puede aplicar a este caso: "Decía Godard que, en sus tiempos, él y sus compañeros de generación empezaron en esto del cine porque les fascinaba tanto ir al cine y ver películas que, de un modo natural se pusieron a escribir sobre ellas y, casi sin darse cuenta, a hacerlas, convirtiéndose, finalmente, en directores. Pero añadía que tenía la sensación que, en nuestros días, los jóvenes lo que quieren en primer lugar es ser directores, y por ello se aproximan al cine y se inventan o se buscan historias con las que hacer películas." (El llop ferotge, nº6-7, abril 2008, pág 21).

Hoy sucede lo mismo con la literatura. Al parecer, a los entusiastas asistentes a los numerosos Talleres de Escritura, les importa mucho más aquello que cada uno pueda llegar a escribir, que no acceder al monumental océano de lo ya escrito, perdiéndose así la referencia, el norte, y cómo no, el objetivo. La literatura se nutre de vivencias, recuerdos, experiencias de vida y testimonios que, entrelazados en un proceso personal e irrepetible, generan una visión del mundo, del hombre y la sociedad que, muchas veces, el autor no logra racionalizar. De este modo, el arduo aprendizaje de poner las letras y las palabras una al lado de otra con sentido, ritmo y buen tino, y que suele ocupar años y años de trabajo y esfuerzo solitario, de maduración personal, de sufrimiento incluso, posee un carácter mágico y azaroso que supera con creces la figura del autor. Ya sé que hay ejemplos como el de Rimbaud y otros genios precoces que a corta edad e improvisando fueron capaces de cambiar la historia de la literatura. Pero son casos poco representativos en el universo de un arte en el cual los años de trabajo acumulado suelen constituir la base del escalafón. Además que para compararse con el autor de Le Bateau Ivre no basta solamente con tener unos ojos incendiarios y un cabello ensortijado en llamas...

De esta manera, la sola concepción de un Taller de Escritura constituye para mí una falacia de principio a fin, pues se construye sobre una seguidilla de errores primoridales, como creer que es posible que alguien pueda enseñarle a escribir literatura a otro. Uno te puede enseñar a montar a caballo, te pueden enseñar a disparar un arma, a leer y a escribir con un abecedario, a sumar y a restar con un abaco, incluso con paciencia te pueden enseñar a resolver una ecuación de segundo grado. Pero la producción de literatura pertenece al ámbito de la más intransferible indivualidad. De hecho, una obra literaria solo posee valor en la medida de su particularidad y especificidad personal.

Continuando con el equívoco, los despistados alumnos pretenden que los años de lecturas, de experimentación y de picar piedra por parte de un escritor o poeta, pueden ser resumidos en unas cuantas sesiones dedicadas a examinar las diversas "técnicas" de expresión. ¡Ni mencionar siquiera que la misma palabra "técnica" alude a un hecho que choca frontalmente con el espíritu de la literatura! Porque la literatura no es como la pintura o la escultura, artes en las cuales existen procedimientos, técnicas diversas para la utilización de materiales concretos, para la fabricación de colores, matices y para la creación, en definitiva, de la obra deseada. La naturaleza de la literatura es diferente porque los materiales con los que trenza su obra no son palpables ni manipulables como los bronces, los óleos, los aceites o los diafragmas de las cámaras.

Hay que estar dispuesto a enfrentarse a la soledad de la hoja en blanco, pero sobre todo hay que estar dispuesto a enfrentarse a la angustia del tiempo que pasa. No hay verso ni fragmento, por muy inspirado que sea, que no merezca madurarse en el cajón, como el buen vino que sin prisas duerme en la barrica. La lectura ejerce, por lo demás, de única verdadera maestra: Ella es la que te enseña a pulir las disonancias y a mirarte a ti mismo con la distancia y la equidad que a todos nos hace falta. Un escritor o un poeta que no lee, es como un futbolista que no se entrena: Por mucho que tenga talento y sensibilidad, si no entra en diálogo con sus mayores, con los muertos, con Cervantes y Job, con Horacio y Neruda, será como un futbolista cansado que a la media hora agotó su repertorio y sus piernas, y al que la falta de rodaje le amenaza con lesión.

Por otro lado, está el tema del "autoconocimiento" y de la utilización terapéutica de la Escritura. Reconozco que se trata de una situación compleja, pues abarca el espectro íntimo de la salud mental y el equilibrio emocional de muchas personas que merecen, por supuesto, todo mi respeto. De hecho, el elevadísimo nivel de ventas que alcanza en Occidente la llamada literatura de auto-ayuda, da cuenta de la enorme fragilidad en la que se cimenta la sociedad del consumismo. Nombres como Paulo Coelho o Jorge Bucay representan, más que a escritores, a auténticos gurúes seguidos por multitudes que los aclaman y vitorean y que, en muchos casos, afirman que ha sido la obra y el consejo de estos señores quienes le ha "salvado la vida". Literalmente. Si son salvadores y mesías, es un ruedo en el que yo no puedo entrar: La fe tiene precisamente esa característica: El que la tiene, la tiene. Y el que no la tiene, como yo, pues no la tiene.

De lo que sí puedo hablar es de Literatura, y afirmo -aunque a más de alguien le suene prepotente de mi parte- que nada de eso es literatura. Refritos sacados de las Mil y Una Noches, historias robadas de las literaturas orales indígenas de América y de África, a las cuales estos autores agregan hábilmente enseñanzas morales y pinceladas de sentimentalismo aptos para cualquier tipo de público.

El tan cacareado autoconocimiento, de esta manera, no es sino un truco, una "técnica" de sobrevivencia en estos tiempos convulsos de competencia y soledad, una mera ilusión de conocimiento que, aunque pueda exhibir resultados prácticos a nivel personal, posee pies de barro y cojea irremediablemente pues elimina la naturaleza social del hombre. En efecto, llama la atención como los exploradores del conocimiento de sí mismo son navegantes duchos en las aguas de hipotéticas vidas pasadas, argonautas expertos en la ficción de sí mismos, mientras su conocimiento de la Historia y su interés por la misma, es nulo, accesorio y difuminado. Pretenden, de este modo, concebirse como una realidad autónoma de los embates exteriores, como entes independientes de su tiempo y de su época, en una visión yoísta muy a tono con la sociedad de la decadencia burguesa en la que vivimos en la cual todo vale mientras se autofinancie, todo es verdadero en la medida de generar recursos. Y en este sentido, como ya he dicho, nuestros amigos nos llevan la ventaja incuestionable de los récords de ventas, de las traducciones y las reediciones, de los jugosos contratos y las mieles del éxito, que celebran sin duda, en posición de flor de loto y con el tercer ojo apuntando a algún punto remoto del espacio exterior.

A los que amamos la poesía y la literatura, nada de esto nos preocupa en exceso. Seguiremos estudiando los fragmentos de poesía Náhuatl y leyendo y releyendo a Borges y Teillier con la misma ilusión con que leemos autores noveles y desconocidos, rehuyendo cada vez más las multitudes y siendo más selectos a la hora de nuestro trato social. Cada vez más desconectados de las modas y las nuevas tendencias. Pero a la vez, gozando de una vida interior cada vez más rica, albergando en el lugar del corazón, una ventana secreta que se abre a las vastas geografías donde cabalgan y viven y sueñan y dialogan, los personajes invictos de los libros de ayer y de hoy.


JORGE MORALES
                                                                                                                           



dimarts, 29 de setembre del 2009

El Llop Ferotge nº 10


EDITORIAL
Quizás, las parejas de baile que taconean los ritmos que hace ya un rato guían los movimientos del Llop Ferotge, sean las formadas por Poesía y Memoria, y Poesía y Creación. De esta amplia conjunción astral sale el camino que seguimos desde nuestro nº 5 en adelante, desde la muerte del inolvidable Albert Compte, Startus –aquel fatídico viernes 5 de octubre de 2007, que conmemoraremos en nuestro nº 11– y que hemos continuado con nuestro nº 8 dedicado a Roberto Bolaño, con el nº 9 y aquellos suplementos sobre Julio Acuña y otros ilustres ausentes.

No es que no existan otros temas y otras posibilidades, pero de momento, Memoria y Creación, bajo la dirección explosiva e imprevisible de Poesía, nos están dejando abundantes huellas, flores y frutos silvestres de sabores amargos y tortuosos, pero imprescindibles y generosos. Por eso, al coro de voces heterodoxas del Llop Ferotge añadimos hoy a Mario Santiago Papasquiaro (México, 1953-1998), a quien nuestros más selectos lectores recordarán como el mítico Ulises Lima de Los Detectives Salvajes. En efecto, fue Mario quien inspiró a Bolaño dicho personaje, y son muchas las ganas que hemos tenido de conocerlo, a él y su poesía. Por ello, saludamos la presencia en este nº de Juan Villoro y Orlando Guillén, quienes nos ofrecen su testimonio y punto de vista sobre el poeta, y a Ignacio Bajter y Rodrigo Díaz Cortéz, quienes analizan su obra y evocan al personaje, respectivamente. Agradecemos también con cariño, a Rebeca López, por las fotografías y el poema inédito de Mario Santiago que publicamos. También a Bruno Montané, por su labor de puente entre poetas y por la luminosa introducción que nos ha hecho al horizonte poético de Papasquiaro.
También florecida a partir de la triple alianza de Poesía, Memoria y Creación, puede considerarse nuestro dossier titulado El Bello Verano. Se nos ocurrió que en otoño sería bueno acompañar las huellas de ternura y melancolía dejadas por el último verano, con una cuidada selección de artículos y ensayos sobre Verano y Arte, introducidos por Alexandre Nunes de Oliveira, que aporta claves sobre el maestro italiano Cesare Pavese y la novela que ha dado también el nombre y la inspiración a esta sección. Acto seguido, Lluïsa Faxedas, Joana Ramos, Jaume Puig i Abel García Roure, il·lustrats per Lamare i per Fina Fontrodona, aportan en luminosos relatos, historias y memorias de viejos veranos inmortalizados por la poesía, el cine y el arte.
Y como siempre, nuestra apuesta por la Poesía se concreta con la irrupción de esta selección de versos y textos en prosa del Grupo Dinosaurio, -que forman Jorge Garralda, Nadine Garralda y Carlos Jorge, y presentado por Guillem Terribas- y de Laia Llobera i Serra, Jordi Fornos, Alexandre Nunes de Oliveira, Irene Sánchez Balló, Oscar Castro Cedeño y, desde Chile, Kato Ramone y Jaime Lepe.
Pero lo que más nos enorgullece en este instante, luego de haber llegado al décimo nº de nuestro romántico periplo, es el nacimiento de las ediciones del Llop Ferotge, que pretenden, como si de las ruinas de una ermita pirenaica se trataran, ser un nuevo refugio para los heterodoxos y punto de encuentro para poetas, bardos y trovadores. Con alegría, ponemos sobra la mesa el pan y el vino de los convites iconoclastas, y celebramos estas ediciones, que tienen su memorable punto de partida en Peces Mensajeros, el primer volumen de poesía escrito por Edu Sívori Alt tras su llegada a Cataluña, en 2001. Peces mensajeros une, entonces, a su elevado valor poético, el añadido valor sentimental que tiene para su autor, en donde las luces de un Buenos Aires dejado atrás, siguen brillando para el poeta en el reflejo inquietante del sol en el Oñar, y en el mensaje de piedra de la Catedral y la ciudad vieja de Girona. Todo esto, y mucho más, es lo que palpita en este libro que hoy colocamos a la disposición de nuestros lectores.
Jorge Morales, Girona, septiembre de 2009

dissabte, 9 de maig del 2009

Una cierta verdad: Estreno en Barcelona!


La película "Una cierta verdad" de Abel García Roure estrenó en la última edición del Festival de Valladolid en Sección Oficial, y ahora se presenta por primera vez al público.

Las películas independientes, como esta, aguantan poco tiempo en cartelera, así que este primer fin de semana es la mejor oportunidad para ir a verla.

Abel García Roure
"Una cierta verdad" se podrá ver en:
Barcelona: Cines Boliche, Av. Diagonal, 508. Entre Balmes y Tuset (Metro Diagonal L3 y L5; Ferrocarrils-Provenza) 16:30 / 19:30 / 22:30
Madrid: Pequeño Cine Estudio, C/ Magallanes, 1. (Metro 2: Quevedo)
Valencia: Cines Albatros, C/ Fray Luis Colomer 4.
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“Majestuoso trabajo de montaje para estructurar una narración vivaz y pletórica” “García Roure ha entrado en uno de esos recodos con la mirada limpia, incluso divertida, con el mismo respeto que si hubiese firmado una reunión familiar.” (Félix Iglesias, ABC)
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"Javier, verdadero prodigio en inteligencia natural y maestro de la retórica, proporciona momentos antológicos (...) Su alto contenido emocional viene expresado por una narración que huye de los tópicos de anteriores películas sobre el tema." (Lluís Bonet: Diario La Vanguardia)