dimarts, 30 de setembre de 2014

Milonga gitana, un poema de Nadine Garralda

MILONGA GITANA


I

Escribe despacio tus líneas,
padre.
Escribe junto a su cara
detenida
en el latir de una fuga.
Dale al reloj regalado
una forma de vida:
que los tangos y las milongas
regresen a tu escuela,
al barrio o a las villas,
a tus desencuentros,
o a tus empates.

Barre la casa
y escucha: el xilofón, la lengua
extranjera, los primeros ensayos
de risa.
Espérame, que la puerta se abre,
que te estoy extrañando.

Baila en La Boca con ellos,
mueve tus astas, Quijote porteño,
que un ciego te vio volar,
que una trenza levantó
tu continente.
Los viajes de vuelta
requieren coraje.
Te acompaño,
y observo tu deslizar
sobre un pavimento
de espuma. Así caminas ligero
entre tus recuerdos. Así te ves
antes, cuando no eras abuelo.

Cuenta los naipes marcados
por tus generaciones,
y juega a los dados y, escucha,
para volver a encontrarlos.
Cuando los pasos no vuelvan,
húndete en barbas ajenas,
haz humo tus personajes
y encuentra mis huellas.
Que cada grano de arena
hubo una vez que fue roca.

Escribe despacio tus líneas,
padre,
que te estoy extrañando.

II

Danza tus manos eternas,
madre,
las mismas, las manos,
que un romancero gitano
te espera
para ser inventado.

Recorre Cabildo, avenida, tus bares.
Vuelve a tus chocolates,
si aún te siguen gustando.
Encuentra tu casa, tus patios,
dulce de leche para los indios,
que las plumas, las flechas,
sortean tus besos.
(Así los revives, y así
los abandonas,
sobre los adoquines.)

III

Espera en tu casa los viernes,
una mano y tu mejilla,
gesto, inocencia viva,
tan tuyo como la niña,
o las coletas.
Guardo tus costumbres,
y las cosecho,
se hunden las raíces
en aquesta terra,
lejos de Buenos Aires,
y te repito.

Escucha paciente el latido,
moreno, gitano, pequeño.
Tu cara en la espalda,
atraviesa el tejido y adivina
en su silencio,
el quejido.
Y si la niña madre te busca,
abandonas el ruido de los zapatos,
te lanzas al mar o a la carrera,
jinete, valiente,
admiro la doma
y tus apuestas.
Danza tus manos eternas,
madre,
que te estoy extrañando.

III

En ustedes se reconoce una niña.
En un mentón cuadrado, herencia gallega del desexilio.
En un gesto olvidado, en blanco y negro, robado al corazón
gastado,
de Europa.
En ustedes me reconozco,
en mis cosas,
los dos.


(Poema perteneciente a Esquinas de arena, publicado por El llop ferotge en 2010).