dimarts, 2 de desembre de 2008

El cine que no (se) vende

Desde el jueves 20 de noviembre, se encuentra en la cartelera del cinema Truffaut de Girona, el largometraje Pas a Nivell, ópera prima del realizador gironino Pere Vilà. De versión original en catalán, ha sido seleccionada para participar en festivales como el de Rotterdam, Londres, Buenos Aires, San Sebastián o Gijón, entre otros, lo que le ha valido el reconocimiento por parte de la crítica más especializada, que ha valorado positivamente la arriesgada puesta en escena de Vilà que, en su primera película, ha hecho literalmente lo que ha querido: Ninguna transacción con los principios mercantiles que rigen la industria cultural, obsesionada por motivos económicos, en acceder al público mayoritario, aquel que sólo busca en el cine tardes de sano esparcimiento basadas en el consumo de historias trepidantes y aventuras divertidas, a veces rellenas de escenas de violencia o de sexo, y otras, donde se recurre a la lágrima fácil o al pueril humor “para todo espectador”. En el fondo, películas fácilmente comprensibles, predecibles, fabricadas en serie para ser vistas de un solo tirón, y peor aún, para ser “leídas” de una sola manera, con la misma prisa con que luego serán lanzadas al tarro de basura del olvido.

Pere Vilà, por su parte, ha optado por elaborar una propuesta sencilla, anclada profundamente en la poesía, en donde suceden pocas cosas, pero donde las historias que se vislumbran y las posibilidades que se nos sugieren, son vastas y tienen vida y movimientos propios, como el mar y el oleaje que bañan L’Escala, pueblo de la Costa Brava catalana, (famoso por sus anchoas) que, juntamente con Girona, sirven de escenario para Pas a Nivell. En ella, asistimos al conflicto vital de un joven recién egresado de la universidad, que no sabe qué hacer con su vida, sumido en el tedio más absoluto, en el spleen sofocante de una sociedad y de un momento histórico en el cual los sueños languidecen, y en que parece que nadie tuviera ganas de hacer nada más, que no sea disfrutar de una dudosa comodidad. Lo comprobamos en casi todos los personajes con que se cruza el joven protagonista (Marc Homs), comenzando por su profesora en la Universidad de Girona (Cristina Cervià), que fuma y fuma, transmitiendo una sensación de ansiedad y de total indiferencia hacia su trabajo y sus propios alumnos, pasando luego por los padres del protagonista, que no dicen ni comunican prácticamente nada, hasta llegar incluso a los turistas, que en lugar de entregarse a la alegría y el desenfado del verano, se dedican a cumplir con toda formalidad, al pie de la letra, con la rutina del descanso, exhibiendo una desesperante falta de empatía hacia el entorno y las personas que lo rodean. De este modo, el joven protagonista, va y viene entre Girona y L’Escala, como una especie de fantasma de Canterville, cumpliendo con monotonía sus exigencias laborales, desde el silencio y la invisibilidad.

Sin embargo, se esconden tras esta trama los incómodos quiebres generacionales de un país que en pocos años ha pasado de la medianía y el autoritarismo, a ser la octava economía mundial. Así, el personaje de la abuela representa la generación que padeció los estragos de la Guerra Civil y los tiempos duros del “pan negro”; Los padres, que conocieron de muy jóvenes la rudeza del trabajo, el peso de la responsabilidad y los limitados horizontes de una sociedad que vivió durante casi cuarenta años bajo una dictadura militar y de la iglesia, hasta llegar a la generación de los nietos, que nacieron en la transición y han conocido un mundo diferente. Es así como el desgano vital y la angustia del personaje central, se extiende a pesar de tener acceso a muchas más opciones y oportunidades que sus predecesores, por la razón no confesada ni racionalizada, pero muy evidente, de no sentirse a gusto en una ciudad y en una sociedad donde, en apariencia, ya está todo hecho, y donde lo único que se espera de los jóvenes, lo que, en realidad, se exige a los jóvenes, es la total aceptación de un orden de cosas que deberían agradecer “dándose con una piedra en el pecho”.

Hay que reconocer, entonces, la valentía y el acierto de Pere Vilà, porque pone el dedo en la llaga sobre su tiempo y su entorno, recurriendo a la belleza y la poesía en cuadros memorables. En este sentido, no hay que dejar de añadir, que Pere Vilà contó a su favor con dos elementos fundamentales en la composición de su propuesta, y que son, a mi juicio, la gran interpretación de Marc Homs, quien estuvo a la altura de un guión difícil en donde se le carga prácticamente toda la responsabilidad escénica y, brillando con luces propias, la mano maestra del chileno Diego Dussuel, director de fotografía, que firma en Pas a Nivell unos primeros planos que son auténticas obras de arte: ventanas por donde se filtra una luz enigmática, claroscuros premonitorios, poéticas donde las sombras del crepúsculo se confunden con las sombras del alma, dándole sentido y contundencia a los extensos silencios que pueblan el debut de Pere Vilà. El resultado es excelente, pues las imágenes que Dussuel produce, son cuadros que sin duda aprobarían con notable, los grandes maestros de la pintura flamenca, encabezados por Vermeer y la alegre tropa de artistas del viejo Flandes, todos ellos seducidos por la serenidad y la rotundidad del instante atrapado entre el agua, las sombras, el color y la luz. Y sobre todo la luz, territorio que Dussuel domina como pocos, y que lo confirma como uno de los mejores fichajes del actual cine catalán, pues a su magnífico trabajo en Pas a Nivell, hay que agregar el logro mayor que significó su colaboración como responsable de la imagen y director de fotografía en La Leyenda del Tiempo, obra maestra del también realizador gironino Isaki Lacuesta.

De esta manera, con Pas a Nivell, Pere Vilà reivindica el cine como una de las bellas artes, que tan a menudo coincide también, con el cine que no vende, con el cine que no se vende.

Jorge Morales
Girona, 1 de diciembre 2008

1 comentari:

Anònim ha dit...

Si...es veritat.. afusellem o apedreguem als que busquen desconectar un parell d'hores al cine amb "cine pueril i de fàcil lectura" poca vida real ha vist el qu escriu això. Perdoneu que siguem de pensament tan simple...