dimarts, 9 de febrer de 2010

Presentació del llibre de Jordi Fornos per Edu Sívori

Casa de la Cultura de Girona-21 de Enero de 2010
L'Opi de un Hivern”
La poesía de Jordi Fornos o Fornós como a veces pronunciamos algunos atorrantes peregrinos que venimos del fin del mundo, ya de entrada, nos sitúa y nos plantea una encrucijada.

Nos sitúa entre cuatro coordenadas de corte absolutamente existencial, una ruptura... nos dibuja una raya a modo de horizonte y a partir de ese gesto, también nos arruina la vida con un acertijo:
¿Cómo ser feliz?
Desde una suerte de eudomonología Schopenaureriana, una teoría de la vida feliz para el hombre en la medida de sus posibilidades o, lo que es más acertado: una invitación a ser lo menos desgraciado posible.
Ese cruce existencial que nos plantea la poesía de Fornos, no es más ni menos que el punto en que se bifurcan los caminos, el momento de la opción, de la elección, del camino a continuar. Es el punto del desconcierto, de los caminos bifurcados de Borges, los laberintos, los sueños de los sueños, la de los múltiples caminos, es la vorágine de posibilidades sartreanas, que se abren a partir de una elección u otra y la única posibilidad de felicidad o no que también se abre ante aquella terrible elección.

Es la ecuación planteada por Horacio Quiroga en sus cuentos de AMOR, LOCURA y MUERTE, en definitiva la ecuación básica de la vida.
En esa cruz marcada en el mapa del “Opi d' un Hivern”, no solo se juega el espacio existencial, sino también el tiempo existencial, la noción del segmento de tiempo que transcurre desde que nacemos hasta que morimos.

Un tiempo platónico si se quiere y un punto existencial temporo-espacial que Jordi Fornos pudo captar para su producción poética.
“el temps és una intromissió en la nostra inconsciència...”.
Escribe Fornos:
“Una àvia passeja, lànguida,
amb els ulls clavats
al reflex lacònic d'una vida:
té la mort a les ninetes.
(no tè res més a dir,
tan sols resta esperar)...”.
A Fornos las musas le señalan el camino pero él no se conforma con el dictado de los demás, aunque provenga de los mismísimos dioses del Olimpo. El se pregunta y nos hace preguntarnos a través de su poesía:
“Camí cap a on?”
Y sabe muy bien que, más allá de la raya del horizonte, hay algo más, el poeta nos lo dice:
“Queden enrere tots els horitzons”...
Y en su poema CIUTAT SENSE TU nos baja el telón con fuerza:
“Darrera el desencis /
tal punt hi ha la memoria /
O també, tal vegada / hi hagi l'oblit...”.
El horitzonte queda atrás!!!

Porque además, no es...
“un sol sutura feridas”,
sinó:
“un sol ESFORÇAT sutura feridas”
Porque no son...
“gossets passegen ávies”,
sinó:
“gossets DE JOGUINA pasegen ávies”.
que es mucho más siniestro
Y no es misterio, sino misterio RESUELTO, que es mucho peor:
“He imaginat que vindries
com un nou misteri resolt”
Y no es:
“Dins el laberint”
sino
“Dins el laberint de VINIL...”.
Y no es:
“Camí”
sinó:
“Camí A ON?”
Esa es la tensión existencial que encuentro en su poesía.
La ubicación dentro de un mundo desubicado...
“Comença la endreça”
“tot plegat,
un dia normal”
“Ordeno la taula forçat
per un imperatiu vital
i per la sospita tenaç
que l'ordre ajuda als pensaments...”
Fornos, perverso como yo, levanta la sábana para ver el cadáver con sus propios ojos, y es lo que más me agrada, en tus versos Fornos, la caída repentina del telón rojo, pesado, con el que finalizan tus farsas poéticas:

La realidad que nos muestra es que no logró encontrar su lugar en ese mundo endreçat, sencillamente, por no pertenecer a él, cada vez que se baja del escenario, nos lo dice:
“estic aturat
dins del cotxe:
veig com circula
un punt mort”.
Es así, en sus poemas laberínticos hay monstruosidades que superan al Minotauro, y está el OBJETO Ariadna, pero no está Ariadna y el OBJETO ovillo, pero no está el ovillo.
Completo los versos del poema “ARIADNA”:
“Dins el laberint de vinil
al final del fil que has estès
els murs regurgiten els ecos
del vell minotauro espantat...”
Vaya monstruo el minotauro: viejo y espantado.
Pero el poema concluye con 4 versos que en lo personal, me estremecen por su belleza poética y fliparán ustedes por mi concepción acerca de la belleza:
El vate deja caer otra vez el telón con fuerza arrolladora y nos dice:
“I mentre la mà d'esquelet

del trompetista acaricia

l'àmbit entre el record i el desig,

la teva cançó s'esvaeix...”.
Si lo observan un poquito al Fornos, verán que no pertenece a éste mundo. Mezcla rara de Hare-Krishna con monje tibetano, músico y cocinero, alquimista, profesor... De todas las cosas que eligió ser en el camino de la felicidad, hay una que lo condenará de por vida, la de ser poeta.

Y por elegir ser poeta y no pertenecer a éste mundo, es que lo elijo mi amigo y aquí estoy presentando a Jordi Fornos, Fornós o sencillamente Forn que es horno y en el cual, ésta noche de invierno, les voy a cocinar un “OPI”.

Apunten ustedes los ingredientes:
Colores: blanco, blanquecino, amarillo, amarillento...
Sangre: en cantidad
Deseo: en cantidad (“aunque se espese y se convierta en un diaorama”...).
Una pizca de elementos “psi”...

Foscor (molta) “Nomes en sé que cada día es fosc...”
Y siempre amasando y comiendo todos los versos con las manos, como comiendo cus-cus.
Porque en esa foscor-oscuridad es muy importante el tacto. Tener tacto para tocar en la oscuridad.

“Vaig construir sobre la lava/
dels teus dubtes arquitectures /
convençut del meu tacte...”
Em pintaré els dits i sabràs on sóc /

“dits d'aquarel.la...”.
Las horas en la poesia de Fornos son blancas y solo la noche les pone un poco de pigmentación.
Ulls (de esos donde poder perderse)
Mort (una pizquita)
Silencios (los necesarios para que haya música):
Silencio que nos lo señala como el retrato de la célebre enfermera en los viejos hospitales: SHHHH (que así se titula el poema que contiene éstos versos):
“Aquest silenci trobat:
silenci incòmodament tensat.
silenci de mort,
silenci seguit de silenci,
silenci malintencionat.
Aquest silenci de la vergonya,
silenci de compromís.
Aquest silenci intangible,
aquest silenci mundà
Silenci ple de silenci...
Shhh...”.
Y muy importante, calentar a la llum de les espelmes.
Y acompañar con música...
Pero, la poesia de Fornos, no tiene una receta concreta, no es una poética aristotélica, ni mucho menos un manual de cocina.

Y de ese punto tenebroso, oscuro, lleno de tinieblas, que harían temblar a Poe o a James, me referiré a continuación.
Para adentrarme en el universo de Jordi Fornos, tuve que plantearme conformarme, en ver el panorama desde el borde, no meterme en el Cenote, en ese gran agujero Maya, que dentro, en esa inmensa oscuridad, oculta quizás, niños sacrificados, diversos tesoros ofrendados y donde quizás, yace el secreto de la raza humana, de la otra vida, del fin del mundo, no, no no, yo llegué hasta el bordecito mismo, no por cobardía, sino tal vez por ignorancia frente a la posibilidad de existencia más allá de la existencia y preferí incluso refugiarme en uno de los paradigmas más insolentes que tuvo la humanidad: el psicoanálisis, allí estoy bien, refugiado y cómodo dentro de un universo desconocido (como podría ser el inconsciente), pero conocido y no desconocido pero desconocido y solo posible de ser abarcados por seres especiales como Fornos.
Para Jordi Fornos, es indudable que su poesía represente un lenguaje interno, ajeno a él, espiritual si se quiere, y a la vez sea un megáfono chiquito (con el que a veces nos lee sus poemas, y que increíblemente resulta, más potente y eficaz que Internet, si también se quiere, con el cual poder comunicarse con la gente. Y cuidado, porque si lo leemos demasiado bien, el Fornos nos hipnotizará con sus poemas y dudo que fracase como lo hiciera el padre del psicoanálisis.

Y aquí les pido disculpas a los presentes y les hablo desde un paradigma que en la actualidad se mueve entre la sombras, les hablo desde el invento freudiano y desde la vereda de enfrente de una hermenéutica que en algunas ocasiones roza el fascismo más tremebundo.

Interpreto salvajemente la obra de Fornos y me encuentro con el texto, como en una psicoterapia “face to face” con un lenguaje inconsciente, psicotrónico y difícil de entender o comprender, desde un lenguaje único, al que cada vez más, nos estamos acostumbrando.

Mantengo una relación erótica y peligrosa con el texto, pero al mejor estilo Pezzoni, Massotta, Pichón Riviere y le hago “Pito Catalán” a los lacanianos que me juzguen desde la vereda diestra, mientras yo disfruto ésta noche Forniana junto a ustedes, desde ésta simpática y alegre vereda siniestra.

Si alguno quedó disconforme con mi recurrir al paradigma psicoanalítico, no se pierda el próximo capítulo de apelación al lenguaje de los muertos para aproximarnos aún más a la fantástica, fantasmagórica, gótica, obra poética de Jordi Fornos.

Quiero señalar que, la diferencia que nos plantean los versos de Fornos son la de una poesía simple, sencilla, popular, frente a una más elitista, hermenéutica y compleja. Y también nos lo dice:
“M'esforço a mirar més enllà /
d'aquest teatre emmidonat...”.
Y así nos lo hace saber el propio Fornos en un reportaje que le realizara para la revista argentina “Lamas Médula”.
Señala Fornos en dicha entrevista:
-“Escribir poesía no es fácil, ni tampoco todo lo que se escribe en forma de un conjunto de versos, es poesía. Soy consciente de ello pero no comparto la idea de la existencia de un lenguaje elitista útil...”.
Estamos parados en la misma vereda Jordi...
Y podríamos así adentrarnos en una antigua discusión:
“POESÍA POPULAR-POESÍA ELITISTA”
Pero tranquilos, les aseguro que no entraremos en ese debate...
Fornos encontró la tan ansiada intencionalidad literaria y está a la búsqueda de su estilo propio y de la especificidad, al igual que muchos de los que nos encontramos presentes en ésta sala. Un estilo que al igual que la utopía, de encontrarlo, seguramente se difuminaría al instante.

Su creatividad se acopla a la de otros seres creativos como lo son:

Jordi, Miquel, Marina, Angel, Josep, Marta, Andrea, integrantes todos ellos, del grupo SONSOTONS (sonidos y tonos) y como también señala Fornos públicamente:

-“empecé a aprender a no hacer las cosas solo y bebí de lo que ellos también tenían y querían decir en forma de música e ideas.”.

Pasamos entonces de una verticalidad a una horizontalidad y en ese punto ideológico y político, de toma de posición, también me hermano con el Jordi Fornos.

Caos, desesperación, impaciencia, creatividad, inspiración, suerte, son algunos de los brebajes mágicos con los que Fornos alimenta a su poesía, pero hay un vector que me llama poderosamente la atención y es el de la incorporación del “ridículo” a su obra.

Fornos se alimenta de la lectura de poetas catalanes, y es por eso que no entiendo todavía su empecinamiento en que yo presentara su libro, ya que mi lengua es el “argentino” y mis poetas favoritos fuera de un par de compatriotas como Gelman o Tuñón, son: Palau i Fabre, Joan Brossa... ohhh, qué sabio y tramposo eres Jordi Fornos...
Pero vayamos a sus poetas favoritos:
Gabriel Ferrater, Salvat Papasseit, Rimbaud, Lehuda Amikai... ah, ah, ah, ah, sí, es verdad, también le gustan Verdaguer, Martí i Pol y nuestra querida Francesca Laguarda.

Estoy convencido que la poesía de Fornos, trasciende esas fronteras entre la vida y la muerte, pero prefiero refugiarme en el mundo “psi” que arriesgarme públicamente a manifestar la existencia de estados de conciencia alterados que podrán percibirse en los versos de Fornos como mensajes a descifrar, sólo por aquellos que sufren, que en definitiva, están muertos en vida o en niveles de entendimiento de las cosas, sobrenaturales.

Entramos en el campo de lo siniestro, de los terrores, no solo de la infancia, sino de la vida misma, de la cotidianeidad, y sobre todo, de la vida de pareja.
“el cartró quotidià
que no ens deixava doblegar
l'ànim psiquiàtric
d'espectres domèstics en guerra...”.
O éste fantástico poema de Fornos:
“El seu psicóleg està malalt:
s'ha enamorat de la meva dona.
N l'entén (en aixó coincidim);
però m'explica que tot té cura:
m'aconsella vacances, és clar,
per separat. Segur que vol fondre-li
a l'esquena l'escai del divà...”.
Ese lenguaje que surge desde la intersección entre la vigilia y el sueño, ese estado del sueño que no es ni Alfa ni Beta, mucho menos Rem. Es el estado preferido de los surrealistas de todos los tiempos, a la hora de la creación, el estado hipnagógico, donde prevalece lo sugestivo, la levedad de las cosas. Toda esa carga de la dramática existencial que encuentro en la poesía de Fornos es inteligentemente traducida, sublimada por el poeta al campo popular, a su público a través de “SONSOTONS”, donde diversas herramientas sirven para hacer testar esos poemas y que puedan ser digeridos.

Se dirá que mis conocimientos de la fenomenología sartreana, y los presuntos misterios del hermetismo lacaniano son insuficientes y me restan autoridad para haber hablado desde éste paradigma tan controvertido, pero me atajo desde el anteriormente citado Masotta. Dice Oscar Massota (quien introdujo a Lacán a la Argentina):

-“Yo de psicoanálisis no sé nada, o sé tan poco como lo que puede leerse en cuatro libros de Freud, pero eso sí, aprendí a odiar. Lo mejor que tengo ahora son mis odios”.
Un golpe de Cros a la mandíbula diría mi querido Roberto Arlt.
Hay cosas que no puede resolver un psiquiatra, un “policía de bata blanca”, diría mi también querido Antonín Artáud.
En AMANTES, Fornos nos lo advierte:
“Ei, no toquis la meva noia
t'escopiré la terra amarga
dels seus epitafis quan tinguis
el torn al nostre culebrot.
No la toquis, he dit...
T'es fàcil actuar a la vida dels altres...!
Como verán Fornos es un poeta visceral.
“es disposa a degotar la bilis de la ràbia restant...”.
Masotta enunciaba un conocimiento escaso del psicoanálisis que más tarde sería su objeto de investigación, hasta su muerte en Barcelona, en 1979.

Psicoanalistas del mundo, presten atención a Sívori, les digo ahora, como Fonalleras cuando hace varios años atrás me dijo: Prestad atención al Messi.

He visto un video, donde la gente masticaba con gusto esos poemas, deglutían la poesía de Fornos como si de marisco se tratara, y he visto a la viejita (a la que hace poco me hizo alusión una amiga), en el psiquiátrico, dibujar y dibujar sobre miles de papeles, más de mil veces, su casa, la casa de toda su vida y hundir luego esos dibujos dentro de una palangana con agua.

-“Esa mujer está loca, me habían dicho...”. He visto desde el borde del cenote, la poesía de Fornos de quien también me habían advertido que estaba loco y cuando llegó la sequía, señoras y señores, he visto éstos versos de los que les estoy hablando ésta noche, y he visto la casa de aquella señora, intacta, que había estado sumergida, bajo las aguas del embalse con el que el franquismo la había tapado.
Muchas gracias.