dilluns, 16 de desembre de 2013

Leyendo "Todos los ensayos Bonsái" de Fabián Casas




 
Todos los ensayos bonsai (Mondadori, 2013), selección de los mejores ensayos publicados por Fabián Casas en los últimos diez años, es el único título de momento que he leído de este autor nacido en el barrio de Boedo, en Buenos Aires, en 1965. Y digo de momento, porque apenas acabe de pulir estas líneas, pienso dirigirme donde mi librero de cabecera y encargar todo lo que tengan de este autor. Y no me pasa a menudo que al abordar por primera vez a un autor actual se me genere una necesidad de continuar leyéndole. Y es que Fabián Casas se revela de inmediato no solo como un narrador innato, sino como un gran conversador, ameno y seductor, capaz de abolir las barreras entre escritor y lector, estableciendo una cercanía casi familiar que hace que leerle, sea como sentarse con amigos argentinos en la terraza de uno de esos bulliciosos cafés de la calle Corrientes, y empaparte de ese río humano inacabable.

En los 57 textos, Fabián atrapa al lector desde las primeras líneas, llevándolo (no de la mano, por favor!) por un cúmulo de avenidas, países, climas y ciudades, desapareciéndose a veces y dejándole en compañía de personajes extrovertidos que provocan de todo menos indiferencia, de tal modo que al acabar de leer unos cuantos textos, uno puede sentir una sensación de cansancio físico, como si realmente hubiera viajado y caminado muchas cuadras, como si hubiera subido y bajado de taxis, aviones y metros, alojándose en toda clase de hoteles y pensiones de buena o mala muerte. Luego, al acabar el libro, tienes la impresión de que ciudades como Londres, Roma, Buenos Aires, Paris y Nueva York, entre otras plazas nobles, hoy ya no albergan tantos secretos para ti, lo cual es curioso, ya que uno no se ha movido del sofá, de la cama, o del lugar de lectura habitual de cada uno.

Las temáticas que toca son amplísimas, exhibiendo ante el lector un extenso catálogo de exquisitas referencias literarias, de historias cultas que problematiza, actualiza y cuestiona, mezclándolas sin manías con las cocacolas y las fantas de mil y un relatos provenientes de la más kitsch cultura pop: A Casas le acomoda tanto hablar de Silvia Plath, Roberto Bolaño, TS Elliot, los hermanos Cohen, Cormac Mac Carthy, William Burroughs, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges, como de Los Beatles, Lionel Messi, Valeria Massa, Andrés Calamaro, los Beach Boys, Pink Floyd o Diego Armando Maradona, por mencionar sólo algunos nombres propios que el lector encontrará dispersos (y muchas veces desnudos) por los caminos de Todos los ensayos bonsai, y de cada uno de ellos Fabián Casas tiene algo interesante que añadir. Es más, tiene la gracia de poner a caminar, a deambular y a interactuar, en escenarios siempre casuales e imprevisibles, a selectos hombres de letras, a creadores indomables, a poetas desconocidos, a viejos libreros entrañables, a resistentes que arrastran historias de vida al borde de los límites, con estrambóticos músicos de rock, artistas naïf, estrellas rutilantes de la moda y la pantalla chica, y astros o enanos del deporte rey. El resultado es a menudo, si no hilarante, sí inverosímil y provocador.

Su eclecticismo, sin embargo, no es pueril ni complaciente. Dispara contra Maradona, por ejemplo, y dispara, sobre todo, contra los millones de imbéciles que no tienen nada mejor que hacer en sus prosaicas vidas, que seguir y aplaudir cada nuevo exhabrupto del "10". Casas tampoco tiene empacho en declarar su amor eterno a Julio Cortázar, señalando eso sí El libro de Manuel como un "bodrio", un ejemplo de la mala literatura "sensible y de izquierda".  

En la contraportada del libro, Rodolfo Fogwill asegura que Fabián Casas es un genio, cosa que yo no podría asegurar. Intuyo, en todo caso, que como mínimo Casas es un devoto admirador de la genialidad humana, al punto de convertirse en todo un cazador de genialidades, un auténtico y obsesivo perseguidor de las genialiades escampadas en los diferentes ámbitos de la cultura y las letras a través de los tiempos. Un rico coleccionista del ramo que, en este libro, aparte de utilizar constantemente esta palabra, nos ilustra también con unas cuantas de buenas. En el fondo, Todos los ensayos bonsai puede leerse como un catálogo amplio de engendros que poseen esta naturaleza admirada e insólita que tanto seduce a los argentinos, pueblo siempre predispuesto a reconocer y a exaltar la genialidad propia primero, pero también la ajena, luego. Sin duda, mis favoritas son las historias que narra Casas sobre los geniales poetas perdidos de Buenos Aires, que aún cabalgan las noches de bohemia con Joaquín Giannuzi de capitán.

Quién sabe si el apogeo de la palabra genio en la literatura y la cultura de masas argentina, se encuentre en la vibrante transmisión en directo de Victor Hugo Morales del golazo que Maradona metió a los ingleses en el Mundial de México 1986, tras atravesar medio campo "dejando en el camino a tanto inglés", como coloreaba Morales. En este celebrado relato oral, el inspirado locutor aclama a Diego llamándole Barrilete Cósmico y otros epítetos, pero sobre todo llamándole Genio, y lo repite tres veces, igual que Simón Pedro cuando negó a Jesús, pero al revés. Ahora el aclamado "10" era elevado a la condición de mito divino viviente y la genialidad una característica que no podía estar ausente del arte, la literatura y de cualquier otra manifestación que valiera la pena ser tenida en cuenta.

Esta consideración pareciera estar muy presente en nuestro autor a la hora de seleccionar sus temas y personajes, y cómo no, a la hora de concebir su proyecto literario. Por mi parte, lo menos que puedo decir de Todos los ensayos bonsái es que constituyen un viaje divertidísimo y que Casas ha pasado a ser, de un día para otro, en uno de mis autores favoritos.


JORGE MORALES