Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Crítica. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Crítica. Mostrar tots els missatges

divendres, 20 de febrer del 2015

NOTICIAS DE ANTONI CASAS ROS



 



Si hay un autor que últimamente me ha fascinado, ese es Antoni Casas Ros (Perpiñán, 1972). De padre catalán y madre italiana, escribe en francés y ha vivido en Perpiñán, Barcelona, Niza, Génova y actualmente en Roma. Su obra está impregnada del perfume de todas estas ciudades, comprendidas no casualmente en el viejo arco mediterráneo donde en algún tiempo que imagino soleado y primaveral, florecieron las voces de trovadores y juglares.

Con su primera novela, El teorema de Almodóvar (2008), me sorprendió y remeció como lector, tales eran la potencia y la furia de un relato autobiográfico rasgado de dolor y lirismo que la crítica literaria en España no supo cómo recibir, preocupándose más en averiguar la identidad del autor que en sopesar la indiscutible calidad literaria de la obra. Alimentó las sospechas el hecho de que Antoni Casas Ros no realiza apariciones públicas y que no exista ninguna fotografía que dé cuenta de su existencia. De hecho, esta voluntad de invisibilidad es explicada en la trama misma de esta novela: Un desgraciado accidente de coche producido al intentar esquivar un ciervo que se les cruzó en el camino, la noche en que se graduaba como matemático y en donde falleció su compañera, una joven de 20 años, lo dejó en estado de coma por largo tiempo, desfigurando su rostro completamente.

Esta situación terrible y casi cinematográfica, empujó a los más perspicaces, siempre numerosos, a dudar de la existencia real de Casas Ros, sospechando que se trataba de una máscara creada por otro escritor presuntamente barcelonés muy dado al juego de los despistes, los heterónimos y la mezcla de ficción y realidad. De hecho, no hubo mayores reparos en señalar a Enrique Vila-Matas como el creador del entuerto, cosa que fue inmediatamente desmentida de manera enérgica por el autor de Bartleby y compañía.

Ajeno a estas polémicas extraliterarias, Antoni Casas Ros regresó con Crónicas de la última revolución, publicada en castellano por Seix Barral en noviembre de 2012, superando las expectativas creadas y convirtiéndole en una suerte de amuleto, en un sortilegio, en una estrella distante de quien espero con ansias sus nuevos brillos. (Y sí, Casas Ros también es fan de Roberto Bolaño, a quien menciona e interpela en estas dos grandes obras que comentamos.) Y es que en Crónicas de la última revolución nos encontramos con un texto intensísimo, provocador, sugerente, lleno de poesía y sutileza, en donde el erotismo es luz, vida y muerte, y en donde revelaciones de tipo cuántico, ramalazos oníricos y libres posicionamientos vanguardistas, se incorporan como ráfagas sobre la narración, como oleadas de dudas, objeciones y fragmentos que perpetran un cuestionamiento lúcido y perturbador sobre el significado y los límites de la conciencia y la vida en sociedad. Carpetazo total al racionalismo y al positivismo decimonónico, con Casas Ros nos lanzamos como por un tubo en los horizontes posibles de un desconcertante y fascinante siglo XXI, cuyos sorprendentes avances en el plano de la ciencia y la tecnología, guardan tan poca relación con la rigidez, el dogmatismo y la miseria que se imponen en el plano de la economía, la política, la cultura y los derechos de los seres vivos que pueblan el planeta.

Por último, una advertencia: El lector convencional que desee leer un relato unificado, ameno, sencillo, dotado de un principio y un final reconocibles y en donde el concepto que define la Revolución se emparente con los "buenos deseos de un mundo mejor" que, supuestamente, debería expresar toda poética, que no se asome a esta obra. No es apta para paladares cartesianos ni para gourmets de las diferentes bandejas del realismo, ni menos para quienes buscan en la lectura entretención ligera o historias conmovedoras. No obstante, quien a pesar de no sentirse preparado para vivir la Revolución que propone este autor, igualmente desee arriesgar y lanzarse en una aventura imprevisible, contará con un gran aliado y amigo en el camino: La calidad extraordinaria de la escritura de Casas Ros, que hace que cada página leída tenga valor en sí misma, mucho más allá de la interpretación que cada uno desee dar al conjunto de la obra.

Por descontado, un hallazgo de esta naturaleza no tiene lugar ni cada día ni cada mes, y me atrevo a decir que ni cada año. Antoni Casas Ros es absolutamente excepcional.

Como botón de muestra de su prosa rica y seductora, aquí dejamos a nuestros lectores y amigos con un par de perlitas extraídas de Crónicas...:

"Basta de medias soluciones, basta de discursos moralizadores, basta de idealistas que quieren salvar el mundo del caos. La perversidad humana, la vanidad, el orgullo, el dinero, el poder, son los verdaderos motores del mundo, Una única solución: 'La última revolución! ¡El caos! Después, tal vez el hombre pueda sacar partido de la destrucción extrema y renacer. Si fracasa, el mundo será por fin silencioso y flotará en el azul del cielo sin satélites para filmarlo. El océano pertenecerá al cielo, las selvas a los ríos, los hielos al azul profundo. Todo el conocimiento humano, toda la creatividad, el genio, como una melodía que se pierde en el abismo de los volcanes. Hay fuego en nuestro interior, que nos consuma, que transforme muestra vanidad en una corriente de lava que escape al cielo en busca de los indecible." (pág. 143-144).



América y el mundo occidental son un gran supermercado donde no tengo nada que comprar"! (pág. 1549

"Los conceptos son tabiques estancos que impiden la libre circulación de las emociones, los seres, las sensaciones". (pág. 131)



        
JORGE MORALES
Girona, marzo 2014-febrero 2015.

dilluns, 21 d’abril del 2014

Bruno Montané recomanat a Presència

 
En l'edició d'ahir del semanari cultural Presencia, del diari El Punt Avui, s'ha recomanat la lectura dels "Setanta-set poemes", antología de Bruno Montané compilada i traduïda al català per Lluís Mata Pallarès.

dissabte, 22 de març del 2014

Noticia de Antoni Casas Ros

Si hay un autor que últimamente me ha fascinado, es Antoni Casas Ros (Perpiñán, 1972) De padre catalán y madre italiana, escribe en francés y ha vivido en Perpiñán, Barcelona, Niza, Génova y actualmente en Roma. Su obra está impregnada del perfume de todas estas ciudades, comprendidas no casualmente en el viejo arco mediterráneo donde en algún tiempo que imagino soleado y primaveral, florecieron las voces de trovadores y juglares.

Su primera novela, El teorema de Almodóvar, ya me sorprendió y remeció, dejando su nombre sonando en la memoria. Hoy, con Crónicas de la última revolución, publicada en castellano por Seix Barral en noviembre de 2012, superó todas las expectativas y le ha convertido en un amuleto, en un sortilegio, en una estrella distante de quien espero con ansias sus nuevos brillos.
 
(Y sí, Casas Ros también es fan de Roberto Bolaño, a quien menciona e interpela en estas dos grandes obras de la cual damos noticia.)
 
Ya llegará el momento de comentarle más profusamente, pero por ahora no me puedo estar de señalar que en Crónicas de la última revolución nos encontramos con un texto intensísimo, provocador, sugerente, lleno de poesía y sutileza, en donde el erotismo es luz, vida y muerte, y en donde se incorporan como ráfagas, oleadas de dudas y revelaciones cuánticas, ramalazos oníricos y un cuestionamiento lúcido y perturbador sobre el significado y los límites de la conciencia. Carpetazo total al siglo pasado, con Casas Ros nos lanzamos como por un tubo en el desconcertante y fascinante siglo XXI.

Por último, una advertencia: Quien desee leer un relato unificado, claro, ameno, dotado de un principio y un final reconocibles y en donde la Revolución se emparente con los "buenos deseos de un mundo mejor" que supuestamente debería expresar toda poética, que no se asome a esta obra. No es apta para paladares cartesianos ni para gourmets de las diferentes bandejas del realismo.

Como botón de muestra de su prosa rica y seductora,  aquí dejamos a nuestros lectores y amigos con un par de perlitas extraídas de su último libro:
 
"Basta de medias soluciones, basta de discursos moralizadores, basta de idealistas que quieren salvar el mundo del caos. La perversidad humana, la vanidad, el orgullo, el dinero, el poder, son los verdaderos motores del mundo, Una única solución: 'La última revolución! ¡El caos! Después, tal vez el hombre pueda sacar partido de la destrucción extrema y renacer. Si fracasa, el mundo será por fin silencioso y flotará en el azul del cielo sin satélites para filmarlo. El océano pertenecerá al cielo, las selvas a los ríos, los hielos al azul profundo. Todo el conocimiento humano, toda la creatividad, el genio, como una melodía que se pierde en el abismo de los volcanes. Hay fuego en nuestro interior, que nos consuma, que transforme muestra vanidad en una corriente de lava que escape al cielo en busca de los indecible." (pág. 143-144).

La razón es un ojo de vidrio en medio del cosmos!" (pág. 159).

"Los conceptos son tabiques estancos que impiden la libre circulación de las emociones, los seres, las sensaciones". (pág. 131)


Antoni Casas Ros, téngale en cuenta.

 Por Jorge Morales

dimarts, 17 de desembre del 2013

Sobre Bruno Montané, por Roberto Bolaño



                                                (Bruno Montané y Roberto Bolaño)

"Su poesía está hecha de pinceladas suspendidas en el aire. A veces son sólo apuntes, otras veces miniaturas, en ocasiones largos poemas existencialistas reducidos a ocho o doce versos. Su poesía está hecha de sangre suspendida en el aire. Su voluntad, o su disposición ante el mundo o ante la cultura, se debate entre polos irreconciliables. De esta dilatada lucha ha sabido extraer versos paradójicos. Escribe como un naturalista que cree en muy pocas cosas y que sin embargo sigue haciendo su trabajo con tesón, un tesón que en ocasiones se confunde con la indiferencia. Para mí es uno de los mejores poetas chilenos actuales."


Roberto Bolaño, texto perteneciente a Entre paréntesis (Anagrama, 2004).

dilluns, 16 de desembre del 2013

Leyendo "Todos los ensayos Bonsái" de Fabián Casas




 
Todos los ensayos bonsai (Mondadori, 2013), selección de los mejores ensayos publicados por Fabián Casas en los últimos diez años, es el único título de momento que he leído de este autor nacido en el barrio de Boedo, en Buenos Aires, en 1965. Y digo de momento, porque apenas acabe de pulir estas líneas, pienso dirigirme donde mi librero de cabecera y encargar todo lo que tengan de este autor. Y no me pasa a menudo que al abordar por primera vez a un autor actual se me genere una necesidad de continuar leyéndole. Y es que Fabián Casas se revela de inmediato no solo como un narrador innato, sino como un gran conversador, ameno y seductor, capaz de abolir las barreras entre escritor y lector, estableciendo una cercanía casi familiar que hace que leerle, sea como sentarse con amigos argentinos en la terraza de uno de esos bulliciosos cafés de la calle Corrientes, y empaparte de ese río humano inacabable.

En los 57 textos, Fabián atrapa al lector desde las primeras líneas, llevándolo (no de la mano, por favor!) por un cúmulo de avenidas, países, climas y ciudades, desapareciéndose a veces y dejándole en compañía de personajes extrovertidos que provocan de todo menos indiferencia, de tal modo que al acabar de leer unos cuantos textos, uno puede sentir una sensación de cansancio físico, como si realmente hubiera viajado y caminado muchas cuadras, como si hubiera subido y bajado de taxis, aviones y metros, alojándose en toda clase de hoteles y pensiones de buena o mala muerte. Luego, al acabar el libro, tienes la impresión de que ciudades como Londres, Roma, Buenos Aires, Paris y Nueva York, entre otras plazas nobles, hoy ya no albergan tantos secretos para ti, lo cual es curioso, ya que uno no se ha movido del sofá, de la cama, o del lugar de lectura habitual de cada uno.

Las temáticas que toca son amplísimas, exhibiendo ante el lector un extenso catálogo de exquisitas referencias literarias, de historias cultas que problematiza, actualiza y cuestiona, mezclándolas sin manías con las cocacolas y las fantas de mil y un relatos provenientes de la más kitsch cultura pop: A Casas le acomoda tanto hablar de Silvia Plath, Roberto Bolaño, TS Elliot, los hermanos Cohen, Cormac Mac Carthy, William Burroughs, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges, como de Los Beatles, Lionel Messi, Valeria Massa, Andrés Calamaro, los Beach Boys, Pink Floyd o Diego Armando Maradona, por mencionar sólo algunos nombres propios que el lector encontrará dispersos (y muchas veces desnudos) por los caminos de Todos los ensayos bonsai, y de cada uno de ellos Fabián Casas tiene algo interesante que añadir. Es más, tiene la gracia de poner a caminar, a deambular y a interactuar, en escenarios siempre casuales e imprevisibles, a selectos hombres de letras, a creadores indomables, a poetas desconocidos, a viejos libreros entrañables, a resistentes que arrastran historias de vida al borde de los límites, con estrambóticos músicos de rock, artistas naïf, estrellas rutilantes de la moda y la pantalla chica, y astros o enanos del deporte rey. El resultado es a menudo, si no hilarante, sí inverosímil y provocador.

Su eclecticismo, sin embargo, no es pueril ni complaciente. Dispara contra Maradona, por ejemplo, y dispara, sobre todo, contra los millones de imbéciles que no tienen nada mejor que hacer en sus prosaicas vidas, que seguir y aplaudir cada nuevo exhabrupto del "10". Casas tampoco tiene empacho en declarar su amor eterno a Julio Cortázar, señalando eso sí El libro de Manuel como un "bodrio", un ejemplo de la mala literatura "sensible y de izquierda".  

En la contraportada del libro, Rodolfo Fogwill asegura que Fabián Casas es un genio, cosa que yo no podría asegurar. Intuyo, en todo caso, que como mínimo Casas es un devoto admirador de la genialidad humana, al punto de convertirse en todo un cazador de genialidades, un auténtico y obsesivo perseguidor de las genialiades escampadas en los diferentes ámbitos de la cultura y las letras a través de los tiempos. Un rico coleccionista del ramo que, en este libro, aparte de utilizar constantemente esta palabra, nos ilustra también con unas cuantas de buenas. En el fondo, Todos los ensayos bonsai puede leerse como un catálogo amplio de engendros que poseen esta naturaleza admirada e insólita que tanto seduce a los argentinos, pueblo siempre predispuesto a reconocer y a exaltar la genialidad propia primero, pero también la ajena, luego. Sin duda, mis favoritas son las historias que narra Casas sobre los geniales poetas perdidos de Buenos Aires, que aún cabalgan las noches de bohemia con Joaquín Giannuzi de capitán.

Quién sabe si el apogeo de la palabra genio en la literatura y la cultura de masas argentina, se encuentre en la vibrante transmisión en directo de Victor Hugo Morales del golazo que Maradona metió a los ingleses en el Mundial de México 1986, tras atravesar medio campo "dejando en el camino a tanto inglés", como coloreaba Morales. En este celebrado relato oral, el inspirado locutor aclama a Diego llamándole Barrilete Cósmico y otros epítetos, pero sobre todo llamándole Genio, y lo repite tres veces, igual que Simón Pedro cuando negó a Jesús, pero al revés. Ahora el aclamado "10" era elevado a la condición de mito divino viviente y la genialidad una característica que no podía estar ausente del arte, la literatura y de cualquier otra manifestación que valiera la pena ser tenida en cuenta.

Esta consideración pareciera estar muy presente en nuestro autor a la hora de seleccionar sus temas y personajes, y cómo no, a la hora de concebir su proyecto literario. Por mi parte, lo menos que puedo decir de Todos los ensayos bonsái es que constituyen un viaje divertidísimo y que Casas ha pasado a ser, de un día para otro, en uno de mis autores favoritos.


JORGE MORALES

dilluns, 11 de novembre del 2013

¿TALLERES LITERARIOS O TALLERES DE ESCRITURA?


El lunes 4 de noviembre, en el espacio de la Estació Jove de Girona, comenzaba la primera de las seis sesiones del Taller de Poesía Latinoamericana ofrecido por un servidor, que finalmente no llegó a realizarse al no alcanzar la inscripción mínima de 8 alumnos. La obertura del taller estaba centrada en el análisis de la poética del Tango, a través de letras, composiciones y una inmersión en la historia y la cultura de la región del río de La Plata entre 1890 y 1930. Las siguientes cinco sesiones invitaban a un viaje por la poesía mapuche, la poesía náhuatl pre-hispánica y la Bossa-Nova brasilera, y a un cara a cara con la obra poética de Jorge Teillier y Jorge Luis Borges.

Dicho curso constituía la segunda parte de un taller que sí tuvo lugar la pasada primavera y que fue programado también en seis sesiones de una hora y media de duración. ¿El precio? 20 euros. Unos trece mil pesos chilenos. ¿El horario? Los lunes de 20:00 a 21:30 hrs., finalizando el lunes 9 de diciembre. Debo señalar que no me siento especialmente decepcionado por no haber logrado sacar adelante mi curso, ya que puedo comprender que en tiempos de frío otoñal la gente en su mayoría prefiera quedarse en su casa a esa hora, o también que prefiera gastarse los 20 euros en otra cosa. Inclusive podría aceptar que mi propuesta de Taller de Poesía Latinoamericana -en una ciudad de cien mil habitantes- solo interesara a los cinco inscritos y poca cosa más.

Por lo tanto, el punto de vista que deseo cuestionar en este artículo tiene que ver con algo que ocurrió luego de la anulación del taller. Resulta que queriendo consolarme y ayudarme, una voz amiga me ha sugerido, esgrimiendo argumentos cuantitativos irrebatibles, que en lugar de ofrecer un Taller de Poesía, yo debiera de ofrecer un Taller de Escritura.

Efectivamente, vivimos hoy en todas partes una proliferación de dichos talleres, lo cual no deja de ser una paradoja al considerar que cada año son menos numerosos los matriculados en carreras de Letras y Filología. La voz amiga identificaba en el campo de estos Talleres una posibilidad de encausamiento laboral para mí, afirmando que con el currículum de editor y las buenas críticas cosechadas por mis libros de poemas Los frutos invisibles y La casa de las arañas había despertado cierta admiración en unos cuantos lectores de Girona que, si bien no se habían sentido atraídos por mi Taller de Poesía Latinoamericana, sin duda se verían mucho más atraídos por la perspectiva de un taller en el cual yo revelara sin tapujos algunas de mis técnicas de escritura y ayudara, a su vez, a los alumnos, de manera franca y participativa, a desarrollar sus posibilidades literarias, incluso a través de actividades dizque lúdicas, si era necesario.

Para añadir motivos de agobio, la voz amiga no encontró nada mejor que rematar su monólogo con una parrafada para el bronce que rezaba más o menos así: "Porque en esta ciudad, y en gran parte gracias a ti, Jorge, la poesía hoy goza de muy buena salud. El espacio que tú abriste con el Llop Ferotge le ha dado alas a mucha gente de todas las edades que se ha animado a escribir y a recitar y a compartir sus textos. Solo tienes que ver la cantidad de actos y recitales que se realizan y la cantidad de gente que hoy está escribiendo y deseando publicar... "

Un poco abrumado ante todo esto, debo primero agradecer a la voz amiga su preocupación por mi persona, por mi situación laboral, y por considerar que haya yo realizado alguna aportación mínima a la cultura en esta ciudad en donde habito desde el año 2004. Sin embargo, me he negado en redondo a la posibilidad de realizar un taller de escritura y aquí expongo mis motivos.

Comenzaré citando al amigo Abel García Roure, quien en una ocasión se refirió a una demoledora opinión de Jean Luc Godard que muy bien se puede aplicar a este caso: "Decía Godard que, en sus tiempos, él y sus compañeros de generación empezaron en esto del cine porque les fascinaba tanto ir al cine y ver películas que, de un modo natural se pusieron a escribir sobre ellas y, casi sin darse cuenta, a hacerlas, convirtiéndose, finalmente, en directores. Pero añadía que tenía la sensación que, en nuestros días, los jóvenes lo que quieren en primer lugar es ser directores, y por ello se aproximan al cine y se inventan o se buscan historias con las que hacer películas." (El llop ferotge, nº6-7, abril 2008, pág 21).

Hoy sucede lo mismo con la literatura. Al parecer, a los entusiastas asistentes a los numerosos Talleres de Escritura, les importa mucho más aquello que cada uno pueda llegar a escribir, que no acceder al monumental océano de lo ya escrito, perdiéndose así la referencia, el norte, y cómo no, el objetivo. La literatura se nutre de vivencias, recuerdos, experiencias de vida y testimonios que, entrelazados en un proceso personal e irrepetible, generan una visión del mundo, del hombre y la sociedad que, muchas veces, el autor no logra racionalizar. De este modo, el arduo aprendizaje de poner las letras y las palabras una al lado de otra con sentido, ritmo y buen tino, y que suele ocupar años y años de trabajo y esfuerzo solitario, de maduración personal, de sufrimiento incluso, posee un carácter mágico y azaroso que supera con creces la figura del autor. Ya sé que hay ejemplos como el de Rimbaud y otros genios precoces que a corta edad e improvisando fueron capaces de cambiar la historia de la literatura. Pero son casos poco representativos en el universo de un arte en el cual los años de trabajo acumulado suelen constituir la base del escalafón. Además que para compararse con el autor de Le Bateau Ivre no basta solamente con tener unos ojos incendiarios y un cabello ensortijado en llamas...

De esta manera, la sola concepción de un Taller de Escritura constituye para mí una falacia de principio a fin, pues se construye sobre una seguidilla de errores primoridales, como creer que es posible que alguien pueda enseñarle a escribir literatura a otro. Uno te puede enseñar a montar a caballo, te pueden enseñar a disparar un arma, a leer y a escribir con un abecedario, a sumar y a restar con un abaco, incluso con paciencia te pueden enseñar a resolver una ecuación de segundo grado. Pero la producción de literatura pertenece al ámbito de la más intransferible indivualidad. De hecho, una obra literaria solo posee valor en la medida de su particularidad y especificidad personal.

Continuando con el equívoco, los despistados alumnos pretenden que los años de lecturas, de experimentación y de picar piedra por parte de un escritor o poeta, pueden ser resumidos en unas cuantas sesiones dedicadas a examinar las diversas "técnicas" de expresión. ¡Ni mencionar siquiera que la misma palabra "técnica" alude a un hecho que choca frontalmente con el espíritu de la literatura! Porque la literatura no es como la pintura o la escultura, artes en las cuales existen procedimientos, técnicas diversas para la utilización de materiales concretos, para la fabricación de colores, matices y para la creación, en definitiva, de la obra deseada. La naturaleza de la literatura es diferente porque los materiales con los que trenza su obra no son palpables ni manipulables como los bronces, los óleos, los aceites o los diafragmas de las cámaras.

Hay que estar dispuesto a enfrentarse a la soledad de la hoja en blanco, pero sobre todo hay que estar dispuesto a enfrentarse a la angustia del tiempo que pasa. No hay verso ni fragmento, por muy inspirado que sea, que no merezca madurarse en el cajón, como el buen vino que sin prisas duerme en la barrica. La lectura ejerce, por lo demás, de única verdadera maestra: Ella es la que te enseña a pulir las disonancias y a mirarte a ti mismo con la distancia y la equidad que a todos nos hace falta. Un escritor o un poeta que no lee, es como un futbolista que no se entrena: Por mucho que tenga talento y sensibilidad, si no entra en diálogo con sus mayores, con los muertos, con Cervantes y Job, con Horacio y Neruda, será como un futbolista cansado que a la media hora agotó su repertorio y sus piernas, y al que la falta de rodaje le amenaza con lesión.

Por otro lado, está el tema del "autoconocimiento" y de la utilización terapéutica de la Escritura. Reconozco que se trata de una situación compleja, pues abarca el espectro íntimo de la salud mental y el equilibrio emocional de muchas personas que merecen, por supuesto, todo mi respeto. De hecho, el elevadísimo nivel de ventas que alcanza en Occidente la llamada literatura de auto-ayuda, da cuenta de la enorme fragilidad en la que se cimenta la sociedad del consumismo. Nombres como Paulo Coelho o Jorge Bucay representan, más que a escritores, a auténticos gurúes seguidos por multitudes que los aclaman y vitorean y que, en muchos casos, afirman que ha sido la obra y el consejo de estos señores quienes le ha "salvado la vida". Literalmente. Si son salvadores y mesías, es un ruedo en el que yo no puedo entrar: La fe tiene precisamente esa característica: El que la tiene, la tiene. Y el que no la tiene, como yo, pues no la tiene.

De lo que sí puedo hablar es de Literatura, y afirmo -aunque a más de alguien le suene prepotente de mi parte- que nada de eso es literatura. Refritos sacados de las Mil y Una Noches, historias robadas de las literaturas orales indígenas de América y de África, a las cuales estos autores agregan hábilmente enseñanzas morales y pinceladas de sentimentalismo aptos para cualquier tipo de público.

El tan cacareado autoconocimiento, de esta manera, no es sino un truco, una "técnica" de sobrevivencia en estos tiempos convulsos de competencia y soledad, una mera ilusión de conocimiento que, aunque pueda exhibir resultados prácticos a nivel personal, posee pies de barro y cojea irremediablemente pues elimina la naturaleza social del hombre. En efecto, llama la atención como los exploradores del conocimiento de sí mismo son navegantes duchos en las aguas de hipotéticas vidas pasadas, argonautas expertos en la ficción de sí mismos, mientras su conocimiento de la Historia y su interés por la misma, es nulo, accesorio y difuminado. Pretenden, de este modo, concebirse como una realidad autónoma de los embates exteriores, como entes independientes de su tiempo y de su época, en una visión yoísta muy a tono con la sociedad de la decadencia burguesa en la que vivimos en la cual todo vale mientras se autofinancie, todo es verdadero en la medida de generar recursos. Y en este sentido, como ya he dicho, nuestros amigos nos llevan la ventaja incuestionable de los récords de ventas, de las traducciones y las reediciones, de los jugosos contratos y las mieles del éxito, que celebran sin duda, en posición de flor de loto y con el tercer ojo apuntando a algún punto remoto del espacio exterior.

A los que amamos la poesía y la literatura, nada de esto nos preocupa en exceso. Seguiremos estudiando los fragmentos de poesía Náhuatl y leyendo y releyendo a Borges y Teillier con la misma ilusión con que leemos autores noveles y desconocidos, rehuyendo cada vez más las multitudes y siendo más selectos a la hora de nuestro trato social. Cada vez más desconectados de las modas y las nuevas tendencias. Pero a la vez, gozando de una vida interior cada vez más rica, albergando en el lugar del corazón, una ventana secreta que se abre a las vastas geografías donde cabalgan y viven y sueñan y dialogan, los personajes invictos de los libros de ayer y de hoy.


JORGE MORALES
                                                                                                                           



dimarts, 1 d’octubre del 2013

La peninsula poètica

 El darrer llibre publicat pel llop ferotge és un recull de poemes d'Alexandre Nunes de Oliveira

L'única recomanació sensata que és possible fer davant d´un llibre de poesia la va formular Julio Cortázar, fa més de trenta anys, a propòsit de Juan Gelman: «...lo mejor que puedo decirle al lector es que entre en estos poemas como se entra en un sendero, siguiéndolo en sus curvas y sus ascensos, deteniéndose allí donde el camino parece detenerse en las encrucijadas y reanudando la marcha como la reanuda cada poema desde el anterior». Quelcom que només és possible, en tot cas, si creiem en l´existència d´un únic poema (no escrit) que els sobrevola a tots i que sempre podrem retrobar en cada un dels versos relligats en un volum com el que Nunes de Oliveira acaba de presentar.
A banda d´aquesta recomanació, el lector de poesia contemporània „i Nunes és un poeta contemporani, quelcom que no queda garantit pel sol fet d´estar viu– caldrà que s´endinsi en el sender del quale parla Cortázar equipat amb un grapat de consignes que, de fet, tindrien un caràcter més aviat prescriptiu. Ordenadament.
La primera prescripció que cal tenir en compte faria esment a la necessitat de transcendir l´anècdota. O, potser millor: es tractaria d´invertir les jerarquies que, de manera acrítica, la majoria acceptem. Es tracta d´un gir molt similar al que proposava Eugenio Montale a «Fuori di casa» –per posar un exemple que, en el cas que ens ocupa, és especialment pertinent– mentre observava les gavines afamades acostant-se una vegada i una altra a la coberta d´un vaixell poblat per aquells típics personatges de trajecte transatlàntic: Montale –de la mateixa manera que fa Nunes de Oliveira–no dedicava la previsible atenció als immigrants italians (ni al vapor Astoria) sinó que, contra pronòstic i fidel a la veu poètica que el caracteritzava, intentava esbrinar quin era el contingut de veritat de l'anècdota.
La segona prescripció –un cop acceptada la transcendència que custodien les anècdotes–, és la que ens impel·leix a acceptar la natural pervivència de la pulsió romàntica i, al mateix temps, a saber-la diferenciar d´aquell «romanticisme» de calaix que no és altra cosa que l´exhibició desordenada dels sentiments individuals. Per ser romàntic, en primer lloc, s´ha de posar ordre als sentiments com ha fet, al llarg de tota una dècada, Nunes de Oliveira.
La tercera prescripció que cal tenir en compte abans –o després– d´haver transitat per Todas las cicatrices és comuna a la majoria de poetes però molt significativa en el cas que ens ocupa: la veu poètica és sempre el resultat d´una suma de veus. Justament per això, el llibre està escrit en castellà enlloc de portuguè: la nostra península poètica „i inacabada, com volia el gran Gaziel„ comença a les costes atlàntiques i arriba fins als penya-segats del cap de creus. El lector de Pessoa, de Cesariny, de Meireles, d´Anthero de Quental, d´Eugénio de Andrade, també és lector de Gelman, de Marzal, de García Montero, de Cernuda, de Darío –els salts cronològics, aquí, no tenen importància– i, més propers a nosaltres, de Gil de Biedma, de Foix, de Vinyoli, de Riba, de Carner, de Fonollosa... Tots ells, tots aquests ­poetes, comparteixen el fet d´estar embarcats en la mateixa «Balsa de piedra» que va imaginar el gran Saramago.
I és que (quarta i última prescripció) és important saber que ens trobem davant d'un joc de miralls, un calidoscopi on el «Jo» del poeta es descompon en tantes identitats com a lectors pugui tenir aquest llibre. D'això es tracta: l'ofici del poeta no és reproduir aquella primera experiència, sinó crear-ne una altra, l'obra (el poema) que de cap manera pot ser esclava del seu punt originari: el resultat, un llibre molt notable que certifica la necessitat de mantenir en vida iniciatives delicadament minoritàries com la que porta a terme l´editorial El Llop Ferotge. Una sort.

Per Eudald Camps.
Publicat al Diari de Girona 27.09.2013

divendres, 13 de setembre del 2013

La llibreta de l'èxtasi, per David Castillo

Dues etapes van marcar la trajectòria d'Albert Compte (Barcelona, 1960-2007). Durant la primera va treballar a Òmnium, va fundar una llibreria a Calafell, va organitzar diferents activitats al poble i va acabar pels avatars del destí a Andalusia, on es va autoproclamar “el millor poeta català de la província de Còrdova”. Articulista esmolat, poeta i narrador, Compte guanyaria el Salvador Espriu de narrativa del 1996 amb El cor de la carxofa (Columna) i va publicar una apreciable novel·la, El crit de l'ornitorrinc (Destino, 2000), sàtira hilarant sobre un militant republicà perdut en un asil ple de fatxes i de fatxendes.
De retorn a Barcelona, Compte entraria en una calculada decadència, tornaria als excessos, esdevindria un mite dels recitals de bars com el Muy Buenas o el que ell va anomenar Mongòlia, a tocar de la plaça Adrià. Impregnant-se del Llibre de les mutacions i en perpetu estat narcotitzat, la passió per l'escriptura el van dur a la gestació d'una obra ingent, redactada acuradament en llibretes d'espiral.
Exiliat de nou a Olot, entraria en contacte amb els cercles de la revista El Llop Ferotge, singularment amb Jorge Morales, marmessor que va prologar el llibre pòstum El Romancero goliardo (Quadrívium, 2008) i que edita ara Locus evelinus, un dels seus quaderns dedicat a una mena de Dulcinea, “la musa papirusa”, obsessió i motiu literari, dona idealitzada que li va donar molts maldecaps.
Amb el to delirant de dies sencers escrivint, Locus evelinus té el talent del millor Compte, del que es va immolar poèticament. L'amant havia esdevingut la llibreta, companya fidel fins al dia fatídic en què la sort el va abandonar a l'hospital de la Vall d'Hebron.



Publicat a El Punt Avui,

divendres, 6 de setembre del 2013

«Los frutos invisibles» de Jorge Morales

Jorge Morales és un poeta que transita per espais quotidians donant-los una cobertura narrativa. Viure, cuejar, xerrar, xiular, escoltar, tocar, flairar i pensar, són petites coses que formen part d’aquesta petita excursió que se’n diu vida. Ell ho defineix amb delicadesa i, també, amb contundència, situacions i escenografies llunyanes i, també, properes. Sap treure’n un profit d’una senzilla mirada, aquí és on creix el poeta -maldito Morales!-, aquesta mena de distanciament el porta, gràcies al domini de la llengua, a parlar de secrets. Allò que s’amaga, que no és diu, l’objecte o l’animal conegut o metafòric que s’estimba en un riu de pensaments clandestins que a tothom li ronden pel cap. És un poeta que domina el verb i mostra les arestes de la ràbia, de l’amor i de la guerra, és polit, però, gens complaent, llisca amb coratge al caire d’unes històries assumibles que expliquen un moment de descoberta, un altre de joia o desencís i, un final, polièdric, mai tancat. Això ho fa en pocs versos -maldito Morales. Aquesta és una de les grandeses del poeta, una altra, és que sap projectar una mirada crítica sobre el món sense ser pamfletari, sinó a partir de la pròpia experiència; vida de llarg recorregut, unes vegades bohèmia, unes altres d’emigrant pelat de papers i, també, de nòmada i, al final, el redós d’un home jove assentat en una realitat que s’estima. És inquiet, li agrada Xile, Lisboa i la Mediterrània, “Las heridas violetas de la felicidad”, disfruta amb tot allò que va de la mà de la literatura i, de rebot, de la cultura. En el seu últim llibre Los frutos invisibles (Ed. El Llop Ferotge) el títol defineix un estat d’ànim i la impossibilitat de visualitzar el món actual. L’invisible no existeix, forma part d’un imaginari i, segurament, d’un desig. Els fruits, siguin saborosos o no, pertanyen més al món físic i al científic. Per això, Morales, amb els seus versos, cerca el “fresco del tiempo”. Potser és una carrera impossible de guanyar, ara bé, és l’única que paga la pena fer. Tenim la sort de viure acompanyats per poetes com ell. Parla de petons morts, cucs de seda, d’una tardor a Girona, l’últim reducte dels poetes després del pessimisme de Roberto Bolaño. Cada espai, fins i tot Girona, pot ser un lloc fecund per a l’escriptor, treure bellesa d’allà on sembla que no n’hi ha, és magnífic. Recomaneu Los frutos invisibles.

Maldito Morales!

Jordi Arbonès (Nif) |
PUBLICAT ORIGINALMENT A El dimoni de Santa Eugènia
 

                            Portada de "Los frutos invisibles", amb il·lustració de Jordi Bofill.

dijous, 29 d’agost del 2013

Ponç Puigdevall y la "Energía del Error": Crítica a "Un dia tranquil."


Ponç Puigdevall rompió doce años de silencio editorial con la publicación en 2010 de la corrosiva y etílica novela titulada -no sin ternura- Un dia tranquil, que obtuvo merecidamente el premio Ciudad de Barcelona ese mismo año.

Sobre el porqué de tan largo silencio, más largo aún si se considera que el autor, a los 35 años, había dejado suspendida indefinidamente una carrera literaria de lo más prometedora que incluía un sólido prestigio como crítico literario -baste con señalar que Roberto Bolaño le dedicó un artículo memorable en donde lo consideraba como uno de los cuatro mejores escritores vivos en lengua catalana-, Puigdevall argumentaba en una entrevista de enero de 2013, en la revista Núvol, que se debió a "una serie de razones vinculadas a unas atrofias de los hábitos, a la pereza y a una fascinación exagerada hacia las mujeres y la noche".


Su esperado retorno literario no decepciona en absoluto: Sustentada en una apuesta jugada al todo o nada en favor de la supremacía del estilo por sobre tópicos tales como la monotonía de la acción y la linealidad de la historia, Un dia tranquil nos ofrece el periplo de un día, un largo y único día que cubre un fin de semana completo en la vida de Nicolau Batet, escritor arruinado y alcohólico que sobrevive a empentes i rodolins en una pequeña ciudad -fácilmente reconocible como Girona-, pero que conserva intacta, sin embargo, la arrogancia y una fría lucidez que le sirve de brújula en medio de las zozobras existenciales que le toca enfrentar. Batet se mueve en la red enganchosa de una picaresca llevada mucho más lejos de lo que suele permitir el decadente medio social al cual pertenece y al que disecciona con la precisión de un entomólogo. Valga como ejemplo la enumeración y descripción de la fauna típica que al mediodía puebla uno de los bares metafísicos en los que Batet se pasaba horas infinitas. Un bar cuyo nombre el narrador no revela pero que sitúa justo enfrente del Babel, un clásico de la bohemia gerundense que cerró sus puertas en 2012. Con toda naturalidad e inocencia, afirma que allí acudía "Un grupo de funcionarios jubilados, una mujer paralítica que bebía escondida de sus familiares en complicidad con la señora que la cuidaba y unos cuantos empresarios y banqueros que acudían para exhibir su poder, su riqueza y su astucia para aumentar el patrimonio, y que se habían encaprichado con Nicolau Batet porque sabía relacionarse con complacencia y porque no habían conocido nunca de cerca a ninguno que se dedicara a la escritura."

Decepcionado y harto de todo, sumido en una espiral de lenta autodestrucción, en una dinámica corrosiva que une el vacío a los últimos y melancólicos impulsos de resistencia, un sencillo viaje a su costero pueblo natal, se convierte en un auténtico descenso a unos infiernos en miniatura que no han sido cantados por Dante ni Milton. Una caminata por el fondo en llamas de los pequeños abismos cotidianos, sembrados de ínfimas miserias venenosas que, en momentos de pelos erizados, a menudo irrepetibles y casi siempre inolvidables, fructifican y estallan como bombas de ruido capaces de poner en tela de juicio todo el marco de las relaciones sociales, la ética, la moralidad y el concepto de dignidad humana predominantes en una sociedad acomodaticia y mezquina que aún duda a la hora de escoger entre lo virtual y lo real.
 
En el caso de Batet, lo que más le atormenta, sea quizás el hecho de que habiendo tenido todo de cara para conseguir la pírrica victoria de la literatura y el éxito, él haya preferido abandonarlo todo, seducido fatalmente por una suerte de Energía del Error que vuelve vanos hasta sus mejores esfuerzos por componer su fe marchita. Para horror de sí mismo y su entorno, Nicolau Batet llegará a encarnar la realidad de la renuncia, saboreando el placer del desacato y disfrazándose con la estética feroz de la marginalidad y de una desperfilada épica de confuso sentido que lo lleva a atreverse a brindar en forma pública por la derrota. Aunque a veces, en algún momento de debilidad -que pido al lector le sepa perdonar- unas lágrimas de desconsuelo se asomen, afortunadamente amparadas por el silencio y a salvo de toda mirada indiscreta.
 
Con esta obra, sabiamente aderezada de desparpajo y humor negro, Ponç Puigdevall hace gala de una pluma precisa de cirujano que destripa las verdades ocultas de la sociedad europea actual, contorneando un bárbaro refinamiento que, en algún modo, nos hace pensar en Céline, o más bien, en un altivo Scott Fitzgerald absolutamente pasado de roscas, tartamudeando de bebido, pero más lúcido e implacable que nunca.
De este modo, Puigdevall da un golpe de puño en la mesa de la literatura en lengua catalana que, con la posterior publicación en 2012 de los relatos de L'atzar favorable, confirma los mejores augurios sobre este escritor. Mi deseo inmediato es que este autor y su obra sean traducidos al castellano y distribuidos por toda Latinoamérica: El diálogo que tendría lugar sería, sin duda, memorable y fructífero.

 
Jorge Morales

Girona, verano 2013



dijous, 22 d’agost del 2013

Escolteu el lloro canalla

El Llop Ferotge emprèn l'edició de la poesia pòstuma d'Albert Compte

El Punt

Va ser per Setmana Santa, a Còrdova, que se li va aparèixer el lloro. No pas el colom trinitari, sinó un senyor exemplar de lloro eclectus, que es veu que té unes dimensions fora de sèrie i un plomatge d'un verd llampegant que fan que un cregui al moment en l'arribada de l'esperit sant. Albert Compte (Barcelona, 1960-Olot, 2007) s'hi va rendir completament, i des d'aquell dia afirmava que era un simple amanuense del seu lloro fluorescent, i déu n'hi do com n'estava, d'inspirat: va dictar-li més de dos mil poemes, i articles, contes, novel·les, i més d'un miler d'haikus, en un honrós gest de misericòrdia pel seu intèrpret, a qui els metges acabaven de diagnosticar una afecció cardíaca incompatible amb l'alenada profunda dels poemes llargs. Però ni la consideració del seu lloro xerraire va salvar-lo: Albert Compte va morir el 4 d'octubre del 2007 a l'Hospital de la Vall d'Hebron de Barcelona, als 47 anys, quan era a punt de sotmetre's a una operació de bypass que esperava feia més de sis mesos.

A Jorge Morales, l'escriptor xilè que va fundar amb ell la revista d'art i poesia El Llop Ferotge un any abans a Girona, encara se li encén la veu de ràbia quan recorda aquella mort precipitada i absurda, però ha fet més que lamentar-se i plorar: ha buscat tota l'obra inèdita del seu amic a la casa materna d'Olot, on va viure els últims anys, i es proposa rescatar-la de l'anonimat costi el que costi, convençut que el poeta del lloro, al costat del qual sempre passaven coses màgiques, és “un autor excepcional, el poeta de qui tothom haurà de parlar, el gran fenomen editorial de l'any”. De moment, ha reunit una part de la seva poesia amorosa a Locus evelinus, publicada a l'editorial del mateix El Llop Ferotge, amb pròleg de l'escriptor Bruno Montané i un dibuix a portada de l'artista Enric Ansesa. Es tracta d'una col·lecció de poemes en castellà on ressona l'humor corrosiu, lliure i canalla d'Albert Compte, que solia firmar amb el pseudònim Startus, contracció exòtica del seu segon cognom, Estartús, i d'on han estat expulsades a consciència la solemnitat i la turbulència sensiblera a favor d'un erotisme de tango i malecón havaner. Aquests 26 poemes són només un avançament de l'extensa obra inèdita d'Albert Compte, que inclou també la novel·la Tocinitos de cielo.

En vida, aquest antic col·laborador de l'Avui que va residir a Barcelona, l'Hospitalet, Calafell, Còrdova i, finalment, Olot, només va arribar a publicar dues novel·les en català, El cor de la carxofa (Columna, 1997) i El crit de l'ornitorinc (Destino, 2000), i el poemari Trulaccions, en una edició finançada pel seu pare quan l'escriptor tenia només 16 anys. Pòstumament, l'editorial Quadrivium de Girona ja va difondre El romancero Goliardo (2008), una mostra prodigiosa de la seva verbositat desbordant, afirma Morales, que no va tenir la difusió que mereixia. Locus evelinus es presenta dimarts vinent a La 22, el dia 24 a la Context, i el 31 de març, a l'Aula d'Escriptors de Gràcia, a Barcelona

dimecres, 21 d’agost del 2013

Bolañitos y bolañistas

Una crónica de EUDALD ESPLUGA


En conmemoración del que habría sido el sesenta aniversario de Roberto Bolaño, desde la plataforma cultural El Llop Ferotge y, en concreto, de la mano de Jorge Morales, el lunes 29 de abril se convocó a todo aquel que quisiera asistir a la Estació Jove de Girona.. I com fue? Aquí hablamos...
Roberto Bolaño - Eudald Espluga Bravo Girona - Bolaños i BolanyistesUna vez allí, para acceder a la sala donde se realizarían las lecturas, se había de subir por una inacabable escalera de caracol que parecía perderse en su propia espiral sin fin. La sala en cuestión tenia las paredes estridentemente rojas, el suelo amarillo, y se accedía a ella desde un pasillo verde; una sala que parecía más preparada para homenajear los colores primarios de los films de Godard que para acoger un encuentro de bolañistas... o bolañitos.
Esta distinción no es banal: ya desde la primera intervención -presentaba el evento Guillem Terribas, el mesías gerundense de las presentaciones culturales- se estableció esta distinción a partir de la lectura de una entrevista a Javier Cercas, donde este hablaba, despectivamente, de los ahora bolañitos que dentro de unos años considerarían que la literatura de Bolaño es mala. Esto me hacía pensar en la exposición Archivo Bolaño que hay en el CCCB (inauguración que también puedes leer en http://www.nuvol.com/critica/soy-bolanista/) y en la chapa que me dieron al entrar: «soy bolañista». Mientras yo me encontraba perdido entre estos pensamientos, Jorge Morales tomó la palabra y, en respuesta a las palabras de Cercas que se acababan de leer, él se autoproclamó, con el orgullo de quien sabe de qué habla, como un bolañito irredento.
Pero esta discusión implícita dejo paso a Bolaño y su obra: Morales alternaba el anecdotario personal, las propuestas culturales y la crítica literaria. Pasaba de la afirmación que 2666 desnudó el siglo XX a explicarnos como sus amigos chilenos, pero también desconocidos, lo llamaban para que les hiciera de guía turístico por Girona, con la intención que les enseñara el que fue el hábitat temporal de Roberto Bolaño. Por último, antes de dejar la palabra a los demás, propuso que las calles que se estructuraran alrededor de la ya inaugurada Avenida Bolaño -él fue el artífice de la propuesta- se les ponga nombre de escritores, para obtener así el primer barrio cultural del mundo, y que la gente pueda quedar, por ejemplo, en la esquina Bolaño con Nicanor Parra.
Llegados a este punto empiezan las lecturas: el primero es David Casadellà, poeta del Empordà, que lee una prosa poética dedicada a Bolaño, un texto que acaba con las palabras con las que empiezan Los detectives salvajes: «He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así». A su lectura le sigue un poema leído por Galán, amiga de la madre de Bolaño y dedicado a esta; un poema titulado Victoria o Amanda. Después le toca leer al escritor Carlos Gámez un texto autobiográfico, del cual dijo que sólo aspiraba a ser uno de esos textos propios de malos escritores autobiográficos que tanto le gustaban a Bolaño. El siguiente fue Jorge Garralda, que recitó de memoria un poema de Borges (el cual, a su vez, era uno de los preferidos de Bolaño), y a éste le siguió Jorge Morales, el cual acabó leyendo un texto a dúo con Garralda.
Finalmente era el turno del mexicano Ricardo House, realizador de cine, quien ha filmado tres reportajes sobre Bolaño, que se aúnan bajo el título Roberto Bolaño, la batalla futura. Nos pasó algunas imágenes en exclusiva del último documental, aun en fase de posproducción, el cual está filmado en Chile, y se ocupa de la infancia de Bolaño. Las imágenes se despedían de nosotros con un largo travelling por el pasadizo de una escuela donde había estudiado Bolaño: un travelling que nos catapultaba hacía el pica-pica que se había preparado para los asistentes a modo de fin de fiesta.

Puedes seguir a Eudald Espluga en su blog El Tablón de Talita pinchando aquí!

dimarts, 20 d’agost del 2013

La Poesia d'Albert Compte

 Gràcies a l'excel·lent col·lecció de poesia que edita El Llop Ferotge -la revista d'art i poesia, editada al barri de Sant Narcís-, ens arriba un poemari d'Albert Compte (1960-2007), Locus evelinus, escrit el 2002 i malauradament inacabat. Diuen que s'acostuma a veure al llop durant algunes nits gironines, s'assegura també que de vegades la bèstia recorre zones obscures de l'inframón de Barcelona i altres ciutats europees. Hi ha qui assegura que és un espècimen en extinció, però, l'únic que es pot afirmar és que està viu, com ho demostra aquest llibre. Un llibre que ret homenatge a un poeta de gran calatge i homèrica producció, de la qual encara en queda molta obra inèdita. Jorge Morales, l'únic que sap a on viu el llop i quines són les seves rutes habituals -nocturnes-, diu que rescatar l'obra i la figura d'Albert Compte és una tasca urgent i necessària per renovar la poesia actual en llengua castellana i catalana. Això i llegir el llibre amb portada del pintor Enric Ansesa, ens encara a un enigma intrigant, el del poeta desaparegut però del qual en queden múltiples veus per escoltar, una aventura literària que hauria d'incendiar la imaginació dels lectors i dels editors. El llop s'alimenta bàsicament de poesia, sovint apareix al bar Lateral per udolar, amb polièdriques veus, a dins de les cavernes que hi ha arran d'un riu d'aigües manses, que tant aviat projecten antigues fantasmagories que gent com Josep Pla o Roberto Bolaño, van recollir a hores petites, cegues i confuses. El llop no pot renunciar a la seva naturalesa de depredador, d'aquí li ve la seva ferotgia, de sorgir -silueta inquietant- als racons més impensats, d'anar a la cacera, un cop darrere l'altre, de tot allò que representa imaginació, dolor i alegria. Hi ha caus, hi ha voltes i moltes cases porxades, hi ha també, un murmuri, un alè que de vegades recorre, com un tel, els carrers a frec de llambordes, també hi ha, però, esgarips que s'enfilen per les parets i s'enfilen fins a la part més alta de la ciutat per fer repicar, com una fuetada, l'ànsia dels poetes en la pedra antiga. Els textos de Locus evelinus salten pel damunt del temps i de la mort, s'insereixen, definitius, en la figura de l'Evelin, una dona que a estones hi figura com una mussa adormida, unes altres com l'arena on el poeta hi recala el vaixell de la seva beneïda follia, i encara, en el dolor de l'absència. És una declaració d'amor, de desig, de record i de voler reviure, junt amb el llop, els camins, carrers i ponts que han de dur a un sol i enigmàtic horitzó: ella, l'Evelin. Un misteri que el poeta s'atreveix a desvetllar a mitges. No li cal res més que escriure-li i quedar-se, amatent i obsedit, tot esperant que la nit s'enfonsi a cops de llum, que l'arribada del dia li indiqui una ruta segura, una guia que el dugui a retrobar la drecera que el porti de nou al seu costat.



L'Albert Compte, després de veure's com un dragó tossut diu "El cielo eres tú", per arribar al poema inacabat, a partir del qual ja no en sabem res més. Afirma: "Tu mirada es mi estímulo". Està sol, immensament sol i refugiat en l'escriptura, en les lletres que, com un alquimista desnonat, ajunta mentre la mort el vigila; li ofereix una ploma carregada amb la tinta de l'oblit.

"Estoy ansioso, ardo en ganas de verte".

Locus evelinus, llegiu-lo.


Jordi Arbonès (Nif) per a eldimoni.com

La teranyina dels àngels: «La casa de las arañas»

La teranyina dels àngels: «La casa de las arañas»

                                                      (Disseny de coberta de Xavi Casadesús)


Si ha dies avorrits i que de cop i volta topes amb un poeta. Hi ha poetes que mai no han dit res, que es mantenen en una espècie d'auto-postergació, pensant en el més enllà. Per sort, n'hi ha d'altres que remunten per damunt dels seus escrits durant un instant. Salten com llagostes i s'ofereixen com aranyes per recitar textos inquietants. De cop al bot, te'ls trobes i et sedueixen. Una poesia, quatre línies i ben decantades, t'acosten a la vida, Jorge Morales és d'aquests, és un poeta que fins i tot a les hores més petites s'atreveix a recitar un passatge de la seva obra o de qualsevol altre poeta. Quan el sol encara no s'ha mort ressonen les paraules del rapsoda. La primera vegada sobta per inusual -enlloc no et reciten res-, ell és deutor d'un desig: explicar. La fal·lera només és una, la de la poesia. Un món d'ambients que tant aviat es decanten a favor de la mètrica estricte com -també- arran de la torrentada del ritme lliure. Sigui com sigui, la poesia de Jorge Morales té un calatge fondo i personal. No es distancia d'ell mateix, sinó que en fa categoria del seu viure. Morales és un poeta de poques barreres, sap extrapolar, mitificar i -també- definir una època concreta. S'escapa, però, amb l'elegància d'una anguila, de la lletjor per explicar la bellesa en una sola frase. Morales vol i dol i el seu llibre de poemes, explica un territori sentimental. És un poeta modern, però, que no defuig les temàtiques clàssiques. És l'home ferit que relata la seva desventura d'estar viu. Existencialista. El seu llibre, La casa de las arañas (1999-2002), és una porta oberta cap a una solitud, però -també- i aquesta és la gràcia, situa al lector al davant d'una altra porta i aquesta està tancada. Només el lector pot trucar si vol saber que hi ha al darrere. "El olvido se acordo de mi", diu a la pàgina 21. Morales desconcerta, perquè tant fa una poesia atmosfèrica i perduda dins del concepte global dels bons sentiments com, i amb cura, arrana els passos perduts de la memòria. El llibre de poemes de Jorge Morales (Ed. El Llop Ferotge, des de Sant Narcís), és un dels que paga la pena llegir i buscar per regalar per Sant Jordi. No es pot evitar la millor de les seves poesies de La casa de las arañas (1999-2002). Un poema definitiu que acaba d'una manera tremenda, cito: "Yo no riego las plantas / No fumo ni bebo. / Trepo las paredes / y enhebro mi tela, esperando caiga algun manjar".

Extrapolant la metàfora del poeta, Morales, rega les plantes, no fuma ni beu, s'enguila per les parets i teixeix la seva tela, la que ha creat amb El Llop Ferotge (la revista d'art i poesia, editada des del barri de Sant Narcís). És una figura llegendària, ves a saber si una fantasmagoria, abans, d'això en dèiem "underground", després "contracultura" i ara, "alternatiu". Modes i qüestions que són interessants però, que al cap del temps totes acaben resumides en una bona poesia, com les de Jorge Morales.

No us entretingueu i durant el dia del llibre, busqueu aquesta obra, que, potser, sigui difícil de trobar. Us asseguro que paga la pena. Jorge Morales i el seu La casa de las arañas (1999-2002) és un luxe. Un poeta, res més.


                                                                                 Jordi Arbonès (Nif) per a el dimoni.com

dilluns, 12 d’agost del 2013

So i Moviment: Cultura Popular


La música popular es perpetua a través de les generacions inscrita en els gens del poble, que és qui, en definitiva, la canta, la toca i la balla. És fàcil trobar similituds en músiques de zones geogràfiques properes i, fins i tot, reminiscències insospitades de músiques conegudes en altres músiques que descobrim per primera vegada i que provenen de terres encara més llunyanes. Per tant, podem afegir que l'activa relació de la gent amb la gent, el llenguatge, a través dels segles s'afegeix a la subtil genètica intergeneracional i, ambdues, esdevenen factors clau de transmissió. I així mateix fa la dansa, bevent del so ancestral de les notes i expandint-ne la reverberació en forma de moviment.

La capacitat innata i inconscient que tenim per saber que som música i que som dansa (en definitiva, que som art) les converteix, doncs, en entitats de comunicació i comunió directes. I si bé ens cal aprendre a llegir per poder entendre un missatge escrit (una novel·la, per exemple) contràriament no ens cal aprendre solfeig per entendre una cançó o desenvolupar tota una gimnàstica per entendre un moviment. D'aquesta manera, la humanitat no ha tingut la necessitat d'inventar artificis per capir els significats dels missatges d'aquestes arts. Pot ser que, a priori, ens semblin llenguatges molt més allunyats que el de les paraules. Però només cal una cançó o una dansa ben articulades per evidenciar el contrari. Aquests, són llenguatges que vénen de molt enllà dels temps, residents eterns del nostre esperit. Un esperit, malauradament massa adormit en aquests temps que corren, curull de superficialitats d'una vida i d'una societat consumistes, poc reflexives, sobre-estimulades i que avancen amb massa pressa no se sap ben bé cap a on, i que no saben ben bé què volen. Aquesta velocitat, a mida que accelera, va soterrant sota el caprici de les modes tota una sèrie de valors universals, a priori immutables, que fa temps que han passat al mausoleu del passat, condemnat a ser anacrònic per la "filosofia" neoconservadora.

La música i la dansa són, doncs, llegats que portem inserits en el nostre esperit. Però ens poden semblar molt llunyans i extremadament difícils de dominar perquè, des dels inicis del que coneixem com a modernitat, el nostre cos i la nostra ànima s'han anat distanciant d'elles. I per això, cada cop més, es fa cabdal tornar a recuperar la recerca interior d'aquests llenguatges, en definitiva, del nostre esperit perdut o adormit. I el què fa grans i enriquidores les troballes d'aquesta indagació és el procés en sí mateix, i la voluntat de fer-lo. Perquè ambdues arts, amb l'ajud parsimoniós de la cristal·lització temporal, precipiten els absoluts que descansen de forma diluïda en el nostre cos i la nostra ànima i que, un cop formats, ens han de portar a obtenir la consciència del nostre esperit, misteriosament ocult en el magma dionisíac primigeni. Aquesta sublimació de cos i ànima, és el què buscaven (i han de buscar) els grans compositors de música i els grans dansadors. L'espiritualitat de l'ésser humà a través del so, a través de la música, a través del moviment. Però, insisteixo, no en la seva vessant apol·línia, més cerebral i mesurada, sinó en la vessant més visceral, la del Dionís de Nietzsche. I s'ha de buscar (i de fet, tots els mestres ho han fet) en la grandiosa humilitat i en la veracitat del fet popular, en la dualitat d'optimisme i pessimisme franc de la gent que en desgrana les notes o els moviments com desgrana el raïm aquell demiürg rialler. I en la gran saviesa acumulada del so, i en la majestuosa pauta del moviment, en el pas a través de totes les ànimes i cossos que han estat història de la societat. Tot això es veu reforçat per artistes transcendents, que havien arribat a la sublimació d'aquestes arts, però que, al mateix temps, integraven l'àmbit popular en les seves obres conduïts pel virtuosisme, -explosió màxima de les capacitats innates de l'ésser humà-, i per una recerca i un esforç personal altruista. Creadors i cercadors que traspassen el llindar de la mera expressió superficial corpòria, que aprehenen els conceptes i els transmeten de nou a la gent. Persones en busca del seu propi déu. És important, arribats a aquest punt, recordar que la base sobre la qual treballaven i han de treballar aquests artistes,-en realitat tots-, és la de la transmissió, en aquest cas, del so i del moviment entre milers i milers d'ànimes i cossos a través de milers i milers d'instants. La virtut, doncs, d'aquests grans personatges veu de les fonts subterrànies del subtil virtuosisme sumat de milions d'individus que han composat i mogut la vida al llarg de tota la història.

En èpoques de crisi cal que ens reblem a les virtuts universals, a sòlids intangibles per no acabar d'enfonsar-nos en el llot miserable del fangar dels diners. I la música i la dansa, sobretot si es fan en comunitat i comunió, són poderoses branques on lligar cordes per no acabar absolutament submergits en la pitjor misèria de totes: la d'esperit. Ambdues arts són, doncs, els porus que ens fan permeables a salvadors sentiments tel·lúrics que hem anat obviant sota estrats d'egoisme, auto-ostracisme, pseudo-cultures (sobretot televisiva) i altres béns de consum que alimenten aquesta pols humida amb els humors de la nostra vella societat, sobre la qual, a més, ara, s'hi teixeixen, incessantment, xarxes globals farcides d'aranyes cibernètiques. No deixem que la insensibilitat i la ignorància de certa part de la societat ens arrabassi aquests llegats tant preuats.

 
Jordi Fornos GómezPoeta i profesor
Autor dels poemaris "La densitat del repòs de la cendra" i "L'Opi d'un hivern".

Girona, 12 de juny de 2013

dimarts, 16 de juliol del 2013

SOBRE LOS 50 AÑOS DE "RAYUELA"



Este año recordamos a Julio Cortázar y los 50 años de su libro más famoso y universalmente aclamado: La rompedora novela Rayuela. Mi opinión es crítica y, por ello, quiero antes aclarar que por supuesto considero a Cortázar un referente indiscutible, un pionero que abrió caminos nuevos para la literatura, incorporando el humor y el erotismo a una realidad cultural latinoamericana más bien plana, oscilando siempre entre la épica social y el arte por el arte, y presa de una seriedad más bien contraproducente. Sin duda, sin Cortázar no habrían sido posibles ni Bolaño ni Vila-Matas, pero considero necesario puntualizar algunas cosas, sobretodo con respecto a Rayuela, desde una perspectiva personal y crítica.

Leí Rayuela por primera vez el 2002, tenía 27 años y llevaba un año en Europa, sin intención de regresar a mi país natal y sin más plan de futuro que vivir celosamente el presente más inmediato, sacándole el jugo a las horas del día que se hacían breves entre lecturas, cine, exposiciones de arte y aprendizajes variados. Quiero decir que estaba como nunca receptivo a los influjos de la literatura. Con 18 años había leído El perseguidor, La noche boca arriba, Queremos tanto a Glenda, Todos los fuegos el fuego, y algunos poemas de Julio Cortázar, que habían dejado una honda huella en mí, pero todavía no me encaraba con Rayuela, a pesar de los comentarios fervorosos de múltiples amistades, de los padres de algunos amigos -toda gente de izquierda-, de algún profesor del instituto, y sobretodo, de los románticos suspiros de amigas de mi generación, enamoradas todas de Julio y convencidas por supuesto de que Rayuela era mucho más que la obra maestra de un autor inmortal, era o debería de ser el centro del canon para todo joven despierto que soñara con cambiar el mundo.

Por todo ello, cuando por fin tuve entre mis manos este libro sacro en una modesta edición de bolsillo de Plaza y Janés, lo hojeé primero por los cuatro costados con la vergüenza de no haberlo leído antes, dispuesto a mentir de que lo estaba releyendo, si alguno de mis colegas me sorprendía. De este modo, emprendí la lectura de Rayuela armado del mismo espíritu y la misma emoción con que los caballero artúricos cabalgaban en busca del Santo Grial, esperando ser dignos de recibir una iluminación mágica y trascendental.
 
Sin embargo, mi primera lectura fue una apabullante decepción: Planea sobre la superficie del texto una mezcla sospechosa de neo-romanticismo un tanto cursi, humor surreal y coqueteos con el absurdo, para ofrecer una visión naïf de la realidad tanto europea como latinoamericana, pues, por ejemplo, excluye, ignora o subestima la violencia que se esconde tras nuestras construcciones sociales. Tampoco conecté con los personajes principales: ni con La Maga -Una eterna quinceañera que sale a caminar sin paraguas bajo la lluvia torrencial como eso si fuera el summum de la poesía- ni con Oliverio -un prepotente intelectual perdido en la contemplación de su ombligo-. Por otro lado, está siempre presente el tema de la nostalgia desprendiéndose a trozos de los diálogos y las reflexiones a cada rato. Pero se trata de una nostalgia no siempre natural, sino de una nostalgia nacida más bien de la idealización de la Historia, de la contemplación de sí mismo en el espejo reluciente y moderno de la ciudad de Paris, que seduce irremisiblemente a los personajes latinoamericanos de Rayuela con el boato, la elegancia y magnificencia de su arte, su belleza y su historia, generando una especie de nuevo síndrome de Stendhal que se caracterizaría más o menos por esa atormentada nostalgia de ser argentino en París, o de ser latinoamericano en París. En cualquier caso, el dudoso imán de París juega aquí un papel fundamental.

Tendría posiblemente que preguntarme cómo fue que esta novela se convirtió en el buque insignia de toda una generación. De momento no lo haré. Prefiero seguir explicando mi historia con Rayuela. Por mi parte, fue necesaria una segunda lectura, tres años después, para valorar y disfrutar de Rayuela sus virtudes: el alto contenido poético de sus páginas, la autenticidad de su expresión y el carácter lúdico que la alienta (con mayor o menor acierto) desde al principio al final, elementos todos que bastan para explicar la alta valoración que recibió de parte de los lectores durante tantos años, y que incluyen páginas enteras de un brillo espectacular y de un encanto indiscutible. Insisto: Julio Cortázar es un enorme poeta y supo expresar muy bien aquello que deseaba: Tal y como lo hace en Historias de Cronopios y de famas, se convierte en el portavoz de un tipo de gente -la gente de izquierda que quería cambiar el mundo, la del mayo del 68, la juventud con preocupaciones intelectuales y artísticas- que necesitaba esta obra para verse retratada, para sentirse diferenciada del resto del mundo que vive una vida burguesa y sin mayores dudas ni dolores de cabeza existenciales.
 
Los 50 años de esta gran obra deberían servir para leerla y releerla, pero libres de las etiquetas, los juicios apresurados, las expectativas desmedidas, las lecturas politizadas y el fervor casi religioso con que fue dotada por sus primeros lectores: los soñadores y los rebeldes de los sesenta y setenta, los que quisieron construir sus sueños "a mano y sin permiso" como cantaba Silvio, y que subieron a los altares a esta novela, consagrándola como ícono literario y cultural. Despojada de todas estos lastres, podremos leer Rayuela con ternura, disfrutándola, como quien besa a un padre anciano y amado que supo en su momento romper los moldes, exigiendo la participación del lector y revolucionando de manera radical las estructuras tradicionales del género para ofrecer una obra que, situada mucho más allá de clasificaciones y análisis, se trata, sencilla y poderosamente, de la primera gran novela universal del continente latinoamericano que alcanza una edad madura absolutamente vigente, y más abierta que nunca para ser re-valorada, re-descubierta y matizada por las nuevas generaciones de lectores, de acuerdo a la compleja realidad de nuestro tiempo.

JORGE MORALES

dimarts, 30 d’abril del 2013

60è aniversari Roberto Bolaño, text David Casadellà Llavià

 

Octubre 2008. Girona. Posem entre les 5 i les 6, no de la tarda… matinada. Dijous, divendres o potser dimecres, tal l’hi fot. Deambulo, tot tancat, sol, ja només puc tornar a casa. Segueixo el riu. Visc, davant on es creuen els dos més principals dels cinc-cents que creuen la ciutat d’entrerrius. No vull arribar a casa, no vull enfrontar-me al mirall que em diu la veritat al fons del passadís a mà dreta. No vull.
M’invento un joc. Creuo els mil vuit-cents ponts que porten d’un costat a l’altre dels 500 rius, anada i tornada, corrent desenfrenat, m’obligo a córrer més. Si em supero, si faig plusmarca, vol dir que encara puc ser més ràpid i hi torno, hi torno.
Deliro, intoxicat, voluntàriament intoxicat. El cap em roda, no puc més, estic més que marejat. Paro, stop. Repenjo tot l’excés de pes del meu cos a la barana metàl·lica. És el darrer pont, després d’aquest pont, només queda una falsa línea recta que porta al camp base, home, maison rouge. No vull, no puc, no vull, no puc, el mirall m’aterra.
Degenero, deixat de la mà de Déu, aquell que no existeix, em pixo a sobre. El puto fluid, líquid, enganxós i fastigós regalima les meves cames impulsat per la llei de la gravetat.. Els ulls se’m tanquen, vull morir, ara, aquí, avui, així, patètic, ridícul, humiliat. Fart de la psicòloga, fart de les putes pastilles del dormir i del despertar. Fart de culpar a qui m’havia deixat per incapacitat. Fart de tot , fart.
M’acovardeixo, em dono una altra vegada una darrera oportunitat. Aquesta vegada, sí, l’última. Camino a batzegades, no sabria dir si lent o ràpid, però si fent molts més metres que els necessaris per a trobar el destí. Impacto amb el cap, amb un mur formigonat, pota de les vies que trenquen la ciutat. Xoco de caps, petit trenc, regalimo sang contra un cartell en blanc i negra. No veig les lletres i les que veig no les ordeno prou per a què siguin llegibles, comestibles.
M’al·lucino, al·lucino. Un nas,  unes ulleres m’encaren. Forço els ulls per a trobar els ulls darrera les ulleres. Ulls morts que també m’encaren. Crido, crido, crido, ...

No sé, no ho sé, ningú sap, ningú ho sabrà mai, com vaig arribar a casa, a la casa del mirall entrant a mà dreta, on tot es reflectia,  on res  es podia amagar. Vaig despertar-me vestit al sofà amb un cartell als braços, blanc i negra, arrugat, maltractat, un cartell similar a n’aquest... però amb la data del meu aniversari, 27.setembre.2008 i no Barcelona, sinó Girona. Esdeveniment passat, tard, una altra vegada tenia la sensació d’arribar tard.


Jo, moi, mi, petit, insignificant, exagerat, sobreactuant, sobredimensionat,… em trobo aquí intentant teixir unes paraules que justifiquin ma presència, quan no sé res, quan només sé i sabré que la meva vida, aquella nit oscil·lant, per culpa de Bolaño va permetre’m descobrir Jorge Morales, àlies El llop ferotge, que em regalà millors addiccions, i que tres o quatre mesos més tard, m’enfilava al seu escenari on intentava enllaçar paraules alienes sota el lema “Todo es culpa de Bolaño, les primeres: “He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.” Mítiques inicials paraules de “Los detectives salvajes”.

divendres, 22 de febrer del 2013

"Los frutos invisibles", crítica d'Eduard Muntaner Perich

Vaig començar a llegir Los frutos invisibles de Jorge Morales (El Llop Ferotge, 2012) just després d’haver acabat Árbol adentro d’Octavio Paz. El llistó doncs, estava molt alt. Els poemes de Jorge Morales però, no només van resistir les inevitables comparacions, sinó que van estar a l’alçada, des del principi fins al final.

M’agrada una frase de Paz on diu «Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro». Llegint els poemes de Jorge Morales aquesta idea m’ha vingut al cap més d’una vegada. L’univers que despleguen els seus fruits invisibles m’ha remès contínuament cap aquest instant sempitern on connectem amb el poema a través d’un significat que ja dúiem dins nostre.

De Los frutos invisibles m’han agradat moltes coses: la valentia d’abordar qüestions transcendentals que escodrinyen l’essència humana, sense por ni supèrbia; la identitat personal de l’autor i les seves relacions en el si de la societat i el moment que li ha tocat viure (com es nota el seu interés per la Història); la cerca del poema on vida i discurs s’aproximen i es freguen; l’habilitat de crear un univers on el poema Otoñal de Girona no es fa estrany al costat d’estrofes amb paisatges del Xile natal de l’autor; també el compromís social (i combatiu) que desprenen alguns dels seus poemes, com els fantàstics Manifiesto Negro o A Bessie Smith.

Llegir per primer cop un autor que coneixes en persona, sempre resulta aventurat. De Jorge Morales (Santiago de Xile, 1974) coneixia la seva faceta d'agitador cultural gironí, incansable organitzador de lectures i vetllades com les Nits Poètiques del Llop Ferotge. Però llegir-lo i conèixer la seva faceta d’autor m’ha deixat senzillament bocabadat. Tenim molta sort de tenir-lo vivint a Girona des del 2004, i no tinc cap dubte que en sentirem a parlar en un futur no gaire llunyà. Després de llegir Los frutos invisibles és inevitable tancar el llibre pensant tot el que encara ens amaga l’autor. En tot cas, els seus poemes, després d’haver-los paladejat, es converteixen en Lo que no se olvida.

Es un objeto que brilla
en el agua conmovida del pasado,
en el agua revuelta del recuerdo.

Vull afegir que el pròleg de Jorge Garralda és també captivador i molt original, estructurat com un viatge on cada estació és un poema. Però penso que aquest pròleg és fins i tot més interessant en les re-lectures que no pas en la primera d’elles, ja que si no, al ser tan precís, existeix el perill que les impressions del prologuista esdevinguin les nostres.

Eduard Muntaner Perich
Investigador Universitat de Girona

diumenge, 9 de desembre del 2012

VILLA + DISCURSO, Obra de teatro de Guillermo Calderón

Roberto Bolaño sostuvo más de una vez que la literatura -y por extensión, todo el arte, agregaríamos nosotros- que se necesita hoy en día, es una literatura que no tenga miedo de sumergirse en la oscuridad, de saltar al vacío con los ojos bien abiertos. Y es eso precisamente lo que hace el dramaturgo chileno Guillermo Calderón (Santiago, 1971) en esta obra doble que se presentó ayer en Girona, en la Sala La Planeta, en el marco del Festival Temporada Alta.
Prescindiendo de decorados superfluos, de pirotecnias escénicas y de pompas verbales, en la línea del mejor Brecht, tanto en Villa como en Discurso, nos adentramos de lleno en un teatro rigurosamente político, que araña la memoria del horror desatado por el terrosrismo de estado bajo la dictadura de Pinochet, mediante tres personajes femeninos, hijas de sobrevivientes del más grande capo de exterminio y tortura que hubo en Chile, Villa Grimaldi, per donde pasaron cerca de cinco mil personas, quinientas de las cuales engrosan las listas de detenidos desaparecidos, y per donde pasó también, junto a su madre, quién fue luego la primera mujer Presidente de Chile, la socialista Michelle Bachelet.
El relato se recoje no como ina recopilación de vejámenes y crímenes, ni tampoco como una manifestación panfletaria en torno a la cual levantar tal o cual propuesta, sino que se erige como una mirada poliédrica, rica, lúcida y plena de contradicciones en torno al candente problema de cómo abordar esta herencia oscura, de cómo construir el presente y el futuro de un país que apenas hace cuatro dias fue el escenario de hechos horribles y macabros protagonizados por agentes del estado, y que al parecer, todavía no encuentran respuesta convincente.
De esta manera, entre el debate sobre lo que es necesario hacer con el lugar donde estuvo emplazado este campo de exterminio que los militares llamaban Cuartel Terranova, destruído por ellos mismos poco antes de acabar la dictadura, con el objetivo de eliminar las pruebas de los crímenes allí cometidos, y que oscilan entre la idea de construir un Museo de la Memoria, reconstruir el lugar tal como era, etc, etc, desfilan por el texto los miedos, las dudas, las contradicciones, las miserias, las locuras, los fantasmas y las certezas de unas víctimas todavía perplejas, todavía atónitas delante de una realidad de la cual pareciera que todos preferirían pasar de largo.
Como colofón de una obra inquietante y aterradora, interpretada magníficamente por Francisca Lewin, Macarena Zamudio y Carla Romero, la pieza Discurso, nos instala definitivamente en la zozobra absoluta de un país que perfectamente puede funcionar como un espejo del mundo de hoy, en el cual la irrupción trágica y desmesurada de las fuerzas de la naturaleza, en forma de un terremoto de 8º con tsunami incluído, desnuda nuestra fragilidad y pareciera querer simbolizar además el frágil equilibrio de una democracia débil y atestada de imperfecciones, de una economía que crece y crece solo para unos pocos, y de una sociedad con demasiadas cuentas pendientes, cansada y fatigada, y en la cual el Marrichiweu, Diez venceremos, el grito de guerra del pueblo mapuche, existe como un telón de fondo vivo y cautivador, nada metafórico, y per el cual continúa escribiéndose la Historia.
 
 
JORGE MORALES
 
Girona, noviembre de 2012.
 
(Texto publicado originalmente en lengua catalana, al día siguiente de la representación, en el blog Apuntes de Temporada, del Festival Temporada Alta.)

dissabte, 18 d’agost del 2012

La entrevista del mes

Hace tres años iniciamos el camino del programa “La entrevista del mes”, con el propósito de abrir una brecha en la censura de los mal llamados medios de información a través de entrevistas. Hoy en día sabemos que, no solamente se practica la manipulación informativa con fines políticos, económicos o etc., sino incluso es peor, se practica a diario la censura informativa. Es decir, lo que no se cuenta, no existe.
 
Sin un céntimo de euro, nos pusimos mano a la obra con el objetivo de poder conseguir realizar una entrevista al mes, sin tener en cuenta los detalles técnicos, la calidad de imagen y sonido, únicamente nos centrábamos en el contenido de la entrevista. Poco a poco, fuimos observando que la calidad y la técnica también importaban. Fuimos mejorando nuestro trabajo.
 
Han pasado tres años y el resultado ha mejorado, no es un resultado profesional, pero la calidad como mínimo es digna. Se ve y se entiende bien. Eso sí, no hemos faltado a la cita, mes a mes, con todas vosotras, tema a tema, persona a persona.
 
Hoy, como celebración de este trabajo durante estos tres años, os invitamos a ver un programa especial: “Un trienio de entrevistas para la esperanza” Una recopilación de las entrevistas realizadas durante este tiempo, esquematizada por temas, con la esperanza de invitaros a la reflexión, al razonamiento, a la desobediencia, en definitiva…, a la libertad.
 
 
Gracias por seguir con nosotros.

La entrevista del mes
Imatges per a la Solidaritat



--
°°°°
Hector Pistache de Prado