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divendres, 20 de febrer del 2015

NOTICIAS DE ANTONI CASAS ROS



 



Si hay un autor que últimamente me ha fascinado, ese es Antoni Casas Ros (Perpiñán, 1972). De padre catalán y madre italiana, escribe en francés y ha vivido en Perpiñán, Barcelona, Niza, Génova y actualmente en Roma. Su obra está impregnada del perfume de todas estas ciudades, comprendidas no casualmente en el viejo arco mediterráneo donde en algún tiempo que imagino soleado y primaveral, florecieron las voces de trovadores y juglares.

Con su primera novela, El teorema de Almodóvar (2008), me sorprendió y remeció como lector, tales eran la potencia y la furia de un relato autobiográfico rasgado de dolor y lirismo que la crítica literaria en España no supo cómo recibir, preocupándose más en averiguar la identidad del autor que en sopesar la indiscutible calidad literaria de la obra. Alimentó las sospechas el hecho de que Antoni Casas Ros no realiza apariciones públicas y que no exista ninguna fotografía que dé cuenta de su existencia. De hecho, esta voluntad de invisibilidad es explicada en la trama misma de esta novela: Un desgraciado accidente de coche producido al intentar esquivar un ciervo que se les cruzó en el camino, la noche en que se graduaba como matemático y en donde falleció su compañera, una joven de 20 años, lo dejó en estado de coma por largo tiempo, desfigurando su rostro completamente.

Esta situación terrible y casi cinematográfica, empujó a los más perspicaces, siempre numerosos, a dudar de la existencia real de Casas Ros, sospechando que se trataba de una máscara creada por otro escritor presuntamente barcelonés muy dado al juego de los despistes, los heterónimos y la mezcla de ficción y realidad. De hecho, no hubo mayores reparos en señalar a Enrique Vila-Matas como el creador del entuerto, cosa que fue inmediatamente desmentida de manera enérgica por el autor de Bartleby y compañía.

Ajeno a estas polémicas extraliterarias, Antoni Casas Ros regresó con Crónicas de la última revolución, publicada en castellano por Seix Barral en noviembre de 2012, superando las expectativas creadas y convirtiéndole en una suerte de amuleto, en un sortilegio, en una estrella distante de quien espero con ansias sus nuevos brillos. (Y sí, Casas Ros también es fan de Roberto Bolaño, a quien menciona e interpela en estas dos grandes obras que comentamos.) Y es que en Crónicas de la última revolución nos encontramos con un texto intensísimo, provocador, sugerente, lleno de poesía y sutileza, en donde el erotismo es luz, vida y muerte, y en donde revelaciones de tipo cuántico, ramalazos oníricos y libres posicionamientos vanguardistas, se incorporan como ráfagas sobre la narración, como oleadas de dudas, objeciones y fragmentos que perpetran un cuestionamiento lúcido y perturbador sobre el significado y los límites de la conciencia y la vida en sociedad. Carpetazo total al racionalismo y al positivismo decimonónico, con Casas Ros nos lanzamos como por un tubo en los horizontes posibles de un desconcertante y fascinante siglo XXI, cuyos sorprendentes avances en el plano de la ciencia y la tecnología, guardan tan poca relación con la rigidez, el dogmatismo y la miseria que se imponen en el plano de la economía, la política, la cultura y los derechos de los seres vivos que pueblan el planeta.

Por último, una advertencia: El lector convencional que desee leer un relato unificado, ameno, sencillo, dotado de un principio y un final reconocibles y en donde el concepto que define la Revolución se emparente con los "buenos deseos de un mundo mejor" que, supuestamente, debería expresar toda poética, que no se asome a esta obra. No es apta para paladares cartesianos ni para gourmets de las diferentes bandejas del realismo, ni menos para quienes buscan en la lectura entretención ligera o historias conmovedoras. No obstante, quien a pesar de no sentirse preparado para vivir la Revolución que propone este autor, igualmente desee arriesgar y lanzarse en una aventura imprevisible, contará con un gran aliado y amigo en el camino: La calidad extraordinaria de la escritura de Casas Ros, que hace que cada página leída tenga valor en sí misma, mucho más allá de la interpretación que cada uno desee dar al conjunto de la obra.

Por descontado, un hallazgo de esta naturaleza no tiene lugar ni cada día ni cada mes, y me atrevo a decir que ni cada año. Antoni Casas Ros es absolutamente excepcional.

Como botón de muestra de su prosa rica y seductora, aquí dejamos a nuestros lectores y amigos con un par de perlitas extraídas de Crónicas...:

"Basta de medias soluciones, basta de discursos moralizadores, basta de idealistas que quieren salvar el mundo del caos. La perversidad humana, la vanidad, el orgullo, el dinero, el poder, son los verdaderos motores del mundo, Una única solución: 'La última revolución! ¡El caos! Después, tal vez el hombre pueda sacar partido de la destrucción extrema y renacer. Si fracasa, el mundo será por fin silencioso y flotará en el azul del cielo sin satélites para filmarlo. El océano pertenecerá al cielo, las selvas a los ríos, los hielos al azul profundo. Todo el conocimiento humano, toda la creatividad, el genio, como una melodía que se pierde en el abismo de los volcanes. Hay fuego en nuestro interior, que nos consuma, que transforme muestra vanidad en una corriente de lava que escape al cielo en busca de los indecible." (pág. 143-144).



América y el mundo occidental son un gran supermercado donde no tengo nada que comprar"! (pág. 1549

"Los conceptos son tabiques estancos que impiden la libre circulación de las emociones, los seres, las sensaciones". (pág. 131)



        
JORGE MORALES
Girona, marzo 2014-febrero 2015.

dissabte, 22 de març del 2014

Noticia de Antoni Casas Ros

Si hay un autor que últimamente me ha fascinado, es Antoni Casas Ros (Perpiñán, 1972) De padre catalán y madre italiana, escribe en francés y ha vivido en Perpiñán, Barcelona, Niza, Génova y actualmente en Roma. Su obra está impregnada del perfume de todas estas ciudades, comprendidas no casualmente en el viejo arco mediterráneo donde en algún tiempo que imagino soleado y primaveral, florecieron las voces de trovadores y juglares.

Su primera novela, El teorema de Almodóvar, ya me sorprendió y remeció, dejando su nombre sonando en la memoria. Hoy, con Crónicas de la última revolución, publicada en castellano por Seix Barral en noviembre de 2012, superó todas las expectativas y le ha convertido en un amuleto, en un sortilegio, en una estrella distante de quien espero con ansias sus nuevos brillos.
 
(Y sí, Casas Ros también es fan de Roberto Bolaño, a quien menciona e interpela en estas dos grandes obras de la cual damos noticia.)
 
Ya llegará el momento de comentarle más profusamente, pero por ahora no me puedo estar de señalar que en Crónicas de la última revolución nos encontramos con un texto intensísimo, provocador, sugerente, lleno de poesía y sutileza, en donde el erotismo es luz, vida y muerte, y en donde se incorporan como ráfagas, oleadas de dudas y revelaciones cuánticas, ramalazos oníricos y un cuestionamiento lúcido y perturbador sobre el significado y los límites de la conciencia. Carpetazo total al siglo pasado, con Casas Ros nos lanzamos como por un tubo en el desconcertante y fascinante siglo XXI.

Por último, una advertencia: Quien desee leer un relato unificado, claro, ameno, dotado de un principio y un final reconocibles y en donde la Revolución se emparente con los "buenos deseos de un mundo mejor" que supuestamente debería expresar toda poética, que no se asome a esta obra. No es apta para paladares cartesianos ni para gourmets de las diferentes bandejas del realismo.

Como botón de muestra de su prosa rica y seductora,  aquí dejamos a nuestros lectores y amigos con un par de perlitas extraídas de su último libro:
 
"Basta de medias soluciones, basta de discursos moralizadores, basta de idealistas que quieren salvar el mundo del caos. La perversidad humana, la vanidad, el orgullo, el dinero, el poder, son los verdaderos motores del mundo, Una única solución: 'La última revolución! ¡El caos! Después, tal vez el hombre pueda sacar partido de la destrucción extrema y renacer. Si fracasa, el mundo será por fin silencioso y flotará en el azul del cielo sin satélites para filmarlo. El océano pertenecerá al cielo, las selvas a los ríos, los hielos al azul profundo. Todo el conocimiento humano, toda la creatividad, el genio, como una melodía que se pierde en el abismo de los volcanes. Hay fuego en nuestro interior, que nos consuma, que transforme muestra vanidad en una corriente de lava que escape al cielo en busca de los indecible." (pág. 143-144).

La razón es un ojo de vidrio en medio del cosmos!" (pág. 159).

"Los conceptos son tabiques estancos que impiden la libre circulación de las emociones, los seres, las sensaciones". (pág. 131)


Antoni Casas Ros, téngale en cuenta.

 Por Jorge Morales

dilluns, 16 de desembre del 2013

Leyendo "Todos los ensayos Bonsái" de Fabián Casas




 
Todos los ensayos bonsai (Mondadori, 2013), selección de los mejores ensayos publicados por Fabián Casas en los últimos diez años, es el único título de momento que he leído de este autor nacido en el barrio de Boedo, en Buenos Aires, en 1965. Y digo de momento, porque apenas acabe de pulir estas líneas, pienso dirigirme donde mi librero de cabecera y encargar todo lo que tengan de este autor. Y no me pasa a menudo que al abordar por primera vez a un autor actual se me genere una necesidad de continuar leyéndole. Y es que Fabián Casas se revela de inmediato no solo como un narrador innato, sino como un gran conversador, ameno y seductor, capaz de abolir las barreras entre escritor y lector, estableciendo una cercanía casi familiar que hace que leerle, sea como sentarse con amigos argentinos en la terraza de uno de esos bulliciosos cafés de la calle Corrientes, y empaparte de ese río humano inacabable.

En los 57 textos, Fabián atrapa al lector desde las primeras líneas, llevándolo (no de la mano, por favor!) por un cúmulo de avenidas, países, climas y ciudades, desapareciéndose a veces y dejándole en compañía de personajes extrovertidos que provocan de todo menos indiferencia, de tal modo que al acabar de leer unos cuantos textos, uno puede sentir una sensación de cansancio físico, como si realmente hubiera viajado y caminado muchas cuadras, como si hubiera subido y bajado de taxis, aviones y metros, alojándose en toda clase de hoteles y pensiones de buena o mala muerte. Luego, al acabar el libro, tienes la impresión de que ciudades como Londres, Roma, Buenos Aires, Paris y Nueva York, entre otras plazas nobles, hoy ya no albergan tantos secretos para ti, lo cual es curioso, ya que uno no se ha movido del sofá, de la cama, o del lugar de lectura habitual de cada uno.

Las temáticas que toca son amplísimas, exhibiendo ante el lector un extenso catálogo de exquisitas referencias literarias, de historias cultas que problematiza, actualiza y cuestiona, mezclándolas sin manías con las cocacolas y las fantas de mil y un relatos provenientes de la más kitsch cultura pop: A Casas le acomoda tanto hablar de Silvia Plath, Roberto Bolaño, TS Elliot, los hermanos Cohen, Cormac Mac Carthy, William Burroughs, Julio Cortázar o Jorge Luis Borges, como de Los Beatles, Lionel Messi, Valeria Massa, Andrés Calamaro, los Beach Boys, Pink Floyd o Diego Armando Maradona, por mencionar sólo algunos nombres propios que el lector encontrará dispersos (y muchas veces desnudos) por los caminos de Todos los ensayos bonsai, y de cada uno de ellos Fabián Casas tiene algo interesante que añadir. Es más, tiene la gracia de poner a caminar, a deambular y a interactuar, en escenarios siempre casuales e imprevisibles, a selectos hombres de letras, a creadores indomables, a poetas desconocidos, a viejos libreros entrañables, a resistentes que arrastran historias de vida al borde de los límites, con estrambóticos músicos de rock, artistas naïf, estrellas rutilantes de la moda y la pantalla chica, y astros o enanos del deporte rey. El resultado es a menudo, si no hilarante, sí inverosímil y provocador.

Su eclecticismo, sin embargo, no es pueril ni complaciente. Dispara contra Maradona, por ejemplo, y dispara, sobre todo, contra los millones de imbéciles que no tienen nada mejor que hacer en sus prosaicas vidas, que seguir y aplaudir cada nuevo exhabrupto del "10". Casas tampoco tiene empacho en declarar su amor eterno a Julio Cortázar, señalando eso sí El libro de Manuel como un "bodrio", un ejemplo de la mala literatura "sensible y de izquierda".  

En la contraportada del libro, Rodolfo Fogwill asegura que Fabián Casas es un genio, cosa que yo no podría asegurar. Intuyo, en todo caso, que como mínimo Casas es un devoto admirador de la genialidad humana, al punto de convertirse en todo un cazador de genialidades, un auténtico y obsesivo perseguidor de las genialiades escampadas en los diferentes ámbitos de la cultura y las letras a través de los tiempos. Un rico coleccionista del ramo que, en este libro, aparte de utilizar constantemente esta palabra, nos ilustra también con unas cuantas de buenas. En el fondo, Todos los ensayos bonsai puede leerse como un catálogo amplio de engendros que poseen esta naturaleza admirada e insólita que tanto seduce a los argentinos, pueblo siempre predispuesto a reconocer y a exaltar la genialidad propia primero, pero también la ajena, luego. Sin duda, mis favoritas son las historias que narra Casas sobre los geniales poetas perdidos de Buenos Aires, que aún cabalgan las noches de bohemia con Joaquín Giannuzi de capitán.

Quién sabe si el apogeo de la palabra genio en la literatura y la cultura de masas argentina, se encuentre en la vibrante transmisión en directo de Victor Hugo Morales del golazo que Maradona metió a los ingleses en el Mundial de México 1986, tras atravesar medio campo "dejando en el camino a tanto inglés", como coloreaba Morales. En este celebrado relato oral, el inspirado locutor aclama a Diego llamándole Barrilete Cósmico y otros epítetos, pero sobre todo llamándole Genio, y lo repite tres veces, igual que Simón Pedro cuando negó a Jesús, pero al revés. Ahora el aclamado "10" era elevado a la condición de mito divino viviente y la genialidad una característica que no podía estar ausente del arte, la literatura y de cualquier otra manifestación que valiera la pena ser tenida en cuenta.

Esta consideración pareciera estar muy presente en nuestro autor a la hora de seleccionar sus temas y personajes, y cómo no, a la hora de concebir su proyecto literario. Por mi parte, lo menos que puedo decir de Todos los ensayos bonsái es que constituyen un viaje divertidísimo y que Casas ha pasado a ser, de un día para otro, en uno de mis autores favoritos.


JORGE MORALES

dilluns, 11 de novembre del 2013

¿TALLERES LITERARIOS O TALLERES DE ESCRITURA?


El lunes 4 de noviembre, en el espacio de la Estació Jove de Girona, comenzaba la primera de las seis sesiones del Taller de Poesía Latinoamericana ofrecido por un servidor, que finalmente no llegó a realizarse al no alcanzar la inscripción mínima de 8 alumnos. La obertura del taller estaba centrada en el análisis de la poética del Tango, a través de letras, composiciones y una inmersión en la historia y la cultura de la región del río de La Plata entre 1890 y 1930. Las siguientes cinco sesiones invitaban a un viaje por la poesía mapuche, la poesía náhuatl pre-hispánica y la Bossa-Nova brasilera, y a un cara a cara con la obra poética de Jorge Teillier y Jorge Luis Borges.

Dicho curso constituía la segunda parte de un taller que sí tuvo lugar la pasada primavera y que fue programado también en seis sesiones de una hora y media de duración. ¿El precio? 20 euros. Unos trece mil pesos chilenos. ¿El horario? Los lunes de 20:00 a 21:30 hrs., finalizando el lunes 9 de diciembre. Debo señalar que no me siento especialmente decepcionado por no haber logrado sacar adelante mi curso, ya que puedo comprender que en tiempos de frío otoñal la gente en su mayoría prefiera quedarse en su casa a esa hora, o también que prefiera gastarse los 20 euros en otra cosa. Inclusive podría aceptar que mi propuesta de Taller de Poesía Latinoamericana -en una ciudad de cien mil habitantes- solo interesara a los cinco inscritos y poca cosa más.

Por lo tanto, el punto de vista que deseo cuestionar en este artículo tiene que ver con algo que ocurrió luego de la anulación del taller. Resulta que queriendo consolarme y ayudarme, una voz amiga me ha sugerido, esgrimiendo argumentos cuantitativos irrebatibles, que en lugar de ofrecer un Taller de Poesía, yo debiera de ofrecer un Taller de Escritura.

Efectivamente, vivimos hoy en todas partes una proliferación de dichos talleres, lo cual no deja de ser una paradoja al considerar que cada año son menos numerosos los matriculados en carreras de Letras y Filología. La voz amiga identificaba en el campo de estos Talleres una posibilidad de encausamiento laboral para mí, afirmando que con el currículum de editor y las buenas críticas cosechadas por mis libros de poemas Los frutos invisibles y La casa de las arañas había despertado cierta admiración en unos cuantos lectores de Girona que, si bien no se habían sentido atraídos por mi Taller de Poesía Latinoamericana, sin duda se verían mucho más atraídos por la perspectiva de un taller en el cual yo revelara sin tapujos algunas de mis técnicas de escritura y ayudara, a su vez, a los alumnos, de manera franca y participativa, a desarrollar sus posibilidades literarias, incluso a través de actividades dizque lúdicas, si era necesario.

Para añadir motivos de agobio, la voz amiga no encontró nada mejor que rematar su monólogo con una parrafada para el bronce que rezaba más o menos así: "Porque en esta ciudad, y en gran parte gracias a ti, Jorge, la poesía hoy goza de muy buena salud. El espacio que tú abriste con el Llop Ferotge le ha dado alas a mucha gente de todas las edades que se ha animado a escribir y a recitar y a compartir sus textos. Solo tienes que ver la cantidad de actos y recitales que se realizan y la cantidad de gente que hoy está escribiendo y deseando publicar... "

Un poco abrumado ante todo esto, debo primero agradecer a la voz amiga su preocupación por mi persona, por mi situación laboral, y por considerar que haya yo realizado alguna aportación mínima a la cultura en esta ciudad en donde habito desde el año 2004. Sin embargo, me he negado en redondo a la posibilidad de realizar un taller de escritura y aquí expongo mis motivos.

Comenzaré citando al amigo Abel García Roure, quien en una ocasión se refirió a una demoledora opinión de Jean Luc Godard que muy bien se puede aplicar a este caso: "Decía Godard que, en sus tiempos, él y sus compañeros de generación empezaron en esto del cine porque les fascinaba tanto ir al cine y ver películas que, de un modo natural se pusieron a escribir sobre ellas y, casi sin darse cuenta, a hacerlas, convirtiéndose, finalmente, en directores. Pero añadía que tenía la sensación que, en nuestros días, los jóvenes lo que quieren en primer lugar es ser directores, y por ello se aproximan al cine y se inventan o se buscan historias con las que hacer películas." (El llop ferotge, nº6-7, abril 2008, pág 21).

Hoy sucede lo mismo con la literatura. Al parecer, a los entusiastas asistentes a los numerosos Talleres de Escritura, les importa mucho más aquello que cada uno pueda llegar a escribir, que no acceder al monumental océano de lo ya escrito, perdiéndose así la referencia, el norte, y cómo no, el objetivo. La literatura se nutre de vivencias, recuerdos, experiencias de vida y testimonios que, entrelazados en un proceso personal e irrepetible, generan una visión del mundo, del hombre y la sociedad que, muchas veces, el autor no logra racionalizar. De este modo, el arduo aprendizaje de poner las letras y las palabras una al lado de otra con sentido, ritmo y buen tino, y que suele ocupar años y años de trabajo y esfuerzo solitario, de maduración personal, de sufrimiento incluso, posee un carácter mágico y azaroso que supera con creces la figura del autor. Ya sé que hay ejemplos como el de Rimbaud y otros genios precoces que a corta edad e improvisando fueron capaces de cambiar la historia de la literatura. Pero son casos poco representativos en el universo de un arte en el cual los años de trabajo acumulado suelen constituir la base del escalafón. Además que para compararse con el autor de Le Bateau Ivre no basta solamente con tener unos ojos incendiarios y un cabello ensortijado en llamas...

De esta manera, la sola concepción de un Taller de Escritura constituye para mí una falacia de principio a fin, pues se construye sobre una seguidilla de errores primoridales, como creer que es posible que alguien pueda enseñarle a escribir literatura a otro. Uno te puede enseñar a montar a caballo, te pueden enseñar a disparar un arma, a leer y a escribir con un abecedario, a sumar y a restar con un abaco, incluso con paciencia te pueden enseñar a resolver una ecuación de segundo grado. Pero la producción de literatura pertenece al ámbito de la más intransferible indivualidad. De hecho, una obra literaria solo posee valor en la medida de su particularidad y especificidad personal.

Continuando con el equívoco, los despistados alumnos pretenden que los años de lecturas, de experimentación y de picar piedra por parte de un escritor o poeta, pueden ser resumidos en unas cuantas sesiones dedicadas a examinar las diversas "técnicas" de expresión. ¡Ni mencionar siquiera que la misma palabra "técnica" alude a un hecho que choca frontalmente con el espíritu de la literatura! Porque la literatura no es como la pintura o la escultura, artes en las cuales existen procedimientos, técnicas diversas para la utilización de materiales concretos, para la fabricación de colores, matices y para la creación, en definitiva, de la obra deseada. La naturaleza de la literatura es diferente porque los materiales con los que trenza su obra no son palpables ni manipulables como los bronces, los óleos, los aceites o los diafragmas de las cámaras.

Hay que estar dispuesto a enfrentarse a la soledad de la hoja en blanco, pero sobre todo hay que estar dispuesto a enfrentarse a la angustia del tiempo que pasa. No hay verso ni fragmento, por muy inspirado que sea, que no merezca madurarse en el cajón, como el buen vino que sin prisas duerme en la barrica. La lectura ejerce, por lo demás, de única verdadera maestra: Ella es la que te enseña a pulir las disonancias y a mirarte a ti mismo con la distancia y la equidad que a todos nos hace falta. Un escritor o un poeta que no lee, es como un futbolista que no se entrena: Por mucho que tenga talento y sensibilidad, si no entra en diálogo con sus mayores, con los muertos, con Cervantes y Job, con Horacio y Neruda, será como un futbolista cansado que a la media hora agotó su repertorio y sus piernas, y al que la falta de rodaje le amenaza con lesión.

Por otro lado, está el tema del "autoconocimiento" y de la utilización terapéutica de la Escritura. Reconozco que se trata de una situación compleja, pues abarca el espectro íntimo de la salud mental y el equilibrio emocional de muchas personas que merecen, por supuesto, todo mi respeto. De hecho, el elevadísimo nivel de ventas que alcanza en Occidente la llamada literatura de auto-ayuda, da cuenta de la enorme fragilidad en la que se cimenta la sociedad del consumismo. Nombres como Paulo Coelho o Jorge Bucay representan, más que a escritores, a auténticos gurúes seguidos por multitudes que los aclaman y vitorean y que, en muchos casos, afirman que ha sido la obra y el consejo de estos señores quienes le ha "salvado la vida". Literalmente. Si son salvadores y mesías, es un ruedo en el que yo no puedo entrar: La fe tiene precisamente esa característica: El que la tiene, la tiene. Y el que no la tiene, como yo, pues no la tiene.

De lo que sí puedo hablar es de Literatura, y afirmo -aunque a más de alguien le suene prepotente de mi parte- que nada de eso es literatura. Refritos sacados de las Mil y Una Noches, historias robadas de las literaturas orales indígenas de América y de África, a las cuales estos autores agregan hábilmente enseñanzas morales y pinceladas de sentimentalismo aptos para cualquier tipo de público.

El tan cacareado autoconocimiento, de esta manera, no es sino un truco, una "técnica" de sobrevivencia en estos tiempos convulsos de competencia y soledad, una mera ilusión de conocimiento que, aunque pueda exhibir resultados prácticos a nivel personal, posee pies de barro y cojea irremediablemente pues elimina la naturaleza social del hombre. En efecto, llama la atención como los exploradores del conocimiento de sí mismo son navegantes duchos en las aguas de hipotéticas vidas pasadas, argonautas expertos en la ficción de sí mismos, mientras su conocimiento de la Historia y su interés por la misma, es nulo, accesorio y difuminado. Pretenden, de este modo, concebirse como una realidad autónoma de los embates exteriores, como entes independientes de su tiempo y de su época, en una visión yoísta muy a tono con la sociedad de la decadencia burguesa en la que vivimos en la cual todo vale mientras se autofinancie, todo es verdadero en la medida de generar recursos. Y en este sentido, como ya he dicho, nuestros amigos nos llevan la ventaja incuestionable de los récords de ventas, de las traducciones y las reediciones, de los jugosos contratos y las mieles del éxito, que celebran sin duda, en posición de flor de loto y con el tercer ojo apuntando a algún punto remoto del espacio exterior.

A los que amamos la poesía y la literatura, nada de esto nos preocupa en exceso. Seguiremos estudiando los fragmentos de poesía Náhuatl y leyendo y releyendo a Borges y Teillier con la misma ilusión con que leemos autores noveles y desconocidos, rehuyendo cada vez más las multitudes y siendo más selectos a la hora de nuestro trato social. Cada vez más desconectados de las modas y las nuevas tendencias. Pero a la vez, gozando de una vida interior cada vez más rica, albergando en el lugar del corazón, una ventana secreta que se abre a las vastas geografías donde cabalgan y viven y sueñan y dialogan, los personajes invictos de los libros de ayer y de hoy.


JORGE MORALES
                                                                                                                           



divendres, 6 de setembre del 2013

«Los frutos invisibles» de Jorge Morales

Jorge Morales és un poeta que transita per espais quotidians donant-los una cobertura narrativa. Viure, cuejar, xerrar, xiular, escoltar, tocar, flairar i pensar, són petites coses que formen part d’aquesta petita excursió que se’n diu vida. Ell ho defineix amb delicadesa i, també, amb contundència, situacions i escenografies llunyanes i, també, properes. Sap treure’n un profit d’una senzilla mirada, aquí és on creix el poeta -maldito Morales!-, aquesta mena de distanciament el porta, gràcies al domini de la llengua, a parlar de secrets. Allò que s’amaga, que no és diu, l’objecte o l’animal conegut o metafòric que s’estimba en un riu de pensaments clandestins que a tothom li ronden pel cap. És un poeta que domina el verb i mostra les arestes de la ràbia, de l’amor i de la guerra, és polit, però, gens complaent, llisca amb coratge al caire d’unes històries assumibles que expliquen un moment de descoberta, un altre de joia o desencís i, un final, polièdric, mai tancat. Això ho fa en pocs versos -maldito Morales. Aquesta és una de les grandeses del poeta, una altra, és que sap projectar una mirada crítica sobre el món sense ser pamfletari, sinó a partir de la pròpia experiència; vida de llarg recorregut, unes vegades bohèmia, unes altres d’emigrant pelat de papers i, també, de nòmada i, al final, el redós d’un home jove assentat en una realitat que s’estima. És inquiet, li agrada Xile, Lisboa i la Mediterrània, “Las heridas violetas de la felicidad”, disfruta amb tot allò que va de la mà de la literatura i, de rebot, de la cultura. En el seu últim llibre Los frutos invisibles (Ed. El Llop Ferotge) el títol defineix un estat d’ànim i la impossibilitat de visualitzar el món actual. L’invisible no existeix, forma part d’un imaginari i, segurament, d’un desig. Els fruits, siguin saborosos o no, pertanyen més al món físic i al científic. Per això, Morales, amb els seus versos, cerca el “fresco del tiempo”. Potser és una carrera impossible de guanyar, ara bé, és l’única que paga la pena fer. Tenim la sort de viure acompanyats per poetes com ell. Parla de petons morts, cucs de seda, d’una tardor a Girona, l’últim reducte dels poetes després del pessimisme de Roberto Bolaño. Cada espai, fins i tot Girona, pot ser un lloc fecund per a l’escriptor, treure bellesa d’allà on sembla que no n’hi ha, és magnífic. Recomaneu Los frutos invisibles.

Maldito Morales!

Jordi Arbonès (Nif) |
PUBLICAT ORIGINALMENT A El dimoni de Santa Eugènia
 

                            Portada de "Los frutos invisibles", amb il·lustració de Jordi Bofill.

dijous, 29 d’agost del 2013

Ponç Puigdevall y la "Energía del Error": Crítica a "Un dia tranquil."


Ponç Puigdevall rompió doce años de silencio editorial con la publicación en 2010 de la corrosiva y etílica novela titulada -no sin ternura- Un dia tranquil, que obtuvo merecidamente el premio Ciudad de Barcelona ese mismo año.

Sobre el porqué de tan largo silencio, más largo aún si se considera que el autor, a los 35 años, había dejado suspendida indefinidamente una carrera literaria de lo más prometedora que incluía un sólido prestigio como crítico literario -baste con señalar que Roberto Bolaño le dedicó un artículo memorable en donde lo consideraba como uno de los cuatro mejores escritores vivos en lengua catalana-, Puigdevall argumentaba en una entrevista de enero de 2013, en la revista Núvol, que se debió a "una serie de razones vinculadas a unas atrofias de los hábitos, a la pereza y a una fascinación exagerada hacia las mujeres y la noche".


Su esperado retorno literario no decepciona en absoluto: Sustentada en una apuesta jugada al todo o nada en favor de la supremacía del estilo por sobre tópicos tales como la monotonía de la acción y la linealidad de la historia, Un dia tranquil nos ofrece el periplo de un día, un largo y único día que cubre un fin de semana completo en la vida de Nicolau Batet, escritor arruinado y alcohólico que sobrevive a empentes i rodolins en una pequeña ciudad -fácilmente reconocible como Girona-, pero que conserva intacta, sin embargo, la arrogancia y una fría lucidez que le sirve de brújula en medio de las zozobras existenciales que le toca enfrentar. Batet se mueve en la red enganchosa de una picaresca llevada mucho más lejos de lo que suele permitir el decadente medio social al cual pertenece y al que disecciona con la precisión de un entomólogo. Valga como ejemplo la enumeración y descripción de la fauna típica que al mediodía puebla uno de los bares metafísicos en los que Batet se pasaba horas infinitas. Un bar cuyo nombre el narrador no revela pero que sitúa justo enfrente del Babel, un clásico de la bohemia gerundense que cerró sus puertas en 2012. Con toda naturalidad e inocencia, afirma que allí acudía "Un grupo de funcionarios jubilados, una mujer paralítica que bebía escondida de sus familiares en complicidad con la señora que la cuidaba y unos cuantos empresarios y banqueros que acudían para exhibir su poder, su riqueza y su astucia para aumentar el patrimonio, y que se habían encaprichado con Nicolau Batet porque sabía relacionarse con complacencia y porque no habían conocido nunca de cerca a ninguno que se dedicara a la escritura."

Decepcionado y harto de todo, sumido en una espiral de lenta autodestrucción, en una dinámica corrosiva que une el vacío a los últimos y melancólicos impulsos de resistencia, un sencillo viaje a su costero pueblo natal, se convierte en un auténtico descenso a unos infiernos en miniatura que no han sido cantados por Dante ni Milton. Una caminata por el fondo en llamas de los pequeños abismos cotidianos, sembrados de ínfimas miserias venenosas que, en momentos de pelos erizados, a menudo irrepetibles y casi siempre inolvidables, fructifican y estallan como bombas de ruido capaces de poner en tela de juicio todo el marco de las relaciones sociales, la ética, la moralidad y el concepto de dignidad humana predominantes en una sociedad acomodaticia y mezquina que aún duda a la hora de escoger entre lo virtual y lo real.
 
En el caso de Batet, lo que más le atormenta, sea quizás el hecho de que habiendo tenido todo de cara para conseguir la pírrica victoria de la literatura y el éxito, él haya preferido abandonarlo todo, seducido fatalmente por una suerte de Energía del Error que vuelve vanos hasta sus mejores esfuerzos por componer su fe marchita. Para horror de sí mismo y su entorno, Nicolau Batet llegará a encarnar la realidad de la renuncia, saboreando el placer del desacato y disfrazándose con la estética feroz de la marginalidad y de una desperfilada épica de confuso sentido que lo lleva a atreverse a brindar en forma pública por la derrota. Aunque a veces, en algún momento de debilidad -que pido al lector le sepa perdonar- unas lágrimas de desconsuelo se asomen, afortunadamente amparadas por el silencio y a salvo de toda mirada indiscreta.
 
Con esta obra, sabiamente aderezada de desparpajo y humor negro, Ponç Puigdevall hace gala de una pluma precisa de cirujano que destripa las verdades ocultas de la sociedad europea actual, contorneando un bárbaro refinamiento que, en algún modo, nos hace pensar en Céline, o más bien, en un altivo Scott Fitzgerald absolutamente pasado de roscas, tartamudeando de bebido, pero más lúcido e implacable que nunca.
De este modo, Puigdevall da un golpe de puño en la mesa de la literatura en lengua catalana que, con la posterior publicación en 2012 de los relatos de L'atzar favorable, confirma los mejores augurios sobre este escritor. Mi deseo inmediato es que este autor y su obra sean traducidos al castellano y distribuidos por toda Latinoamérica: El diálogo que tendría lugar sería, sin duda, memorable y fructífero.

 
Jorge Morales

Girona, verano 2013



diumenge, 25 d’agost del 2013

Video de la fiesta de inauguración de la calle Bolaño, por Fina Fontrodona

Aquí os dejamos con el enlace al vídeo de la fiesta de inauguración de la calle de Roberto Bolaño en Girona, realizado por nuestra amiga Fina Fontrodona:

http://vimeo.com/25500346

dijous, 22 d’agost del 2013

Escolteu el lloro canalla

El Llop Ferotge emprèn l'edició de la poesia pòstuma d'Albert Compte

El Punt

Va ser per Setmana Santa, a Còrdova, que se li va aparèixer el lloro. No pas el colom trinitari, sinó un senyor exemplar de lloro eclectus, que es veu que té unes dimensions fora de sèrie i un plomatge d'un verd llampegant que fan que un cregui al moment en l'arribada de l'esperit sant. Albert Compte (Barcelona, 1960-Olot, 2007) s'hi va rendir completament, i des d'aquell dia afirmava que era un simple amanuense del seu lloro fluorescent, i déu n'hi do com n'estava, d'inspirat: va dictar-li més de dos mil poemes, i articles, contes, novel·les, i més d'un miler d'haikus, en un honrós gest de misericòrdia pel seu intèrpret, a qui els metges acabaven de diagnosticar una afecció cardíaca incompatible amb l'alenada profunda dels poemes llargs. Però ni la consideració del seu lloro xerraire va salvar-lo: Albert Compte va morir el 4 d'octubre del 2007 a l'Hospital de la Vall d'Hebron de Barcelona, als 47 anys, quan era a punt de sotmetre's a una operació de bypass que esperava feia més de sis mesos.

A Jorge Morales, l'escriptor xilè que va fundar amb ell la revista d'art i poesia El Llop Ferotge un any abans a Girona, encara se li encén la veu de ràbia quan recorda aquella mort precipitada i absurda, però ha fet més que lamentar-se i plorar: ha buscat tota l'obra inèdita del seu amic a la casa materna d'Olot, on va viure els últims anys, i es proposa rescatar-la de l'anonimat costi el que costi, convençut que el poeta del lloro, al costat del qual sempre passaven coses màgiques, és “un autor excepcional, el poeta de qui tothom haurà de parlar, el gran fenomen editorial de l'any”. De moment, ha reunit una part de la seva poesia amorosa a Locus evelinus, publicada a l'editorial del mateix El Llop Ferotge, amb pròleg de l'escriptor Bruno Montané i un dibuix a portada de l'artista Enric Ansesa. Es tracta d'una col·lecció de poemes en castellà on ressona l'humor corrosiu, lliure i canalla d'Albert Compte, que solia firmar amb el pseudònim Startus, contracció exòtica del seu segon cognom, Estartús, i d'on han estat expulsades a consciència la solemnitat i la turbulència sensiblera a favor d'un erotisme de tango i malecón havaner. Aquests 26 poemes són només un avançament de l'extensa obra inèdita d'Albert Compte, que inclou també la novel·la Tocinitos de cielo.

En vida, aquest antic col·laborador de l'Avui que va residir a Barcelona, l'Hospitalet, Calafell, Còrdova i, finalment, Olot, només va arribar a publicar dues novel·les en català, El cor de la carxofa (Columna, 1997) i El crit de l'ornitorinc (Destino, 2000), i el poemari Trulaccions, en una edició finançada pel seu pare quan l'escriptor tenia només 16 anys. Pòstumament, l'editorial Quadrivium de Girona ja va difondre El romancero Goliardo (2008), una mostra prodigiosa de la seva verbositat desbordant, afirma Morales, que no va tenir la difusió que mereixia. Locus evelinus es presenta dimarts vinent a La 22, el dia 24 a la Context, i el 31 de març, a l'Aula d'Escriptors de Gràcia, a Barcelona

Un carrer per a Bolaño

L'escriptor xilè, de qui acaba de publicar-se una altra novel·la inèdita, dóna nom al vial que l'Ajuntament de Girona està obrint al costat de l'escola de Domeny

El Punt Diari
 
No consta en l'àmplia literatura sobre Roberto Bolaño (Santiago de Xile, 1953-Barcelona, 2003) que mai l'escriptor hagués posat els peus a Domeny; de fet, amb prou feines es tenen referències de la seva estada a Girona, a principis dels anys vuitanta, quan encara no el coneixia ningú i escrivia desaforadament sol, sense cap cèntim, sense feina, allotjat en un piset de les Pedreres que li havia cedit la seva germana Salomé. Se sap que mirava les carpes de l'Onyar, grasses i tirant a llefiscoses, i que havia arribat a escriure sobre el xiscle dels gavians i la benigna tardor gironina entelant els vidres dels cafès de la Rambla, però del barri de Domeny, d'aquesta entitat de població agregada a Girona fa més de trenta anys, no se'n tenia cap notícia, ni per al·lusions a cap de les proses o els poemes del mateix Bolaño, ni per indicis raonables que permetessin documentar ni que fos una solitària passejada del foraster d'ulleres excessives i soliloquis exuberants pels erms que eren llavors els voltants de Taialà. Però serà aquí, al costat de la nova escola, vorejant la riba esquerra del Ter, entre pollancres i una rambla envoltada de parcs i jardins, on tindrà finalment un carrer amb el seu nom.
Encara és tan sols un descampat amb una rasa enfangada que es dispara fins a l'horitzó, des de la rotonda de Fontajau fins a l'antiga carretera d'Amer, però ja promet unes saludables caminades, un xivarri de nens jugant i, sobretot, una festa d'inauguració, prevista per al 18 de juny, amb piscolabis, xampany i la forassenyada alegria amb què els incondicionals de Bolaño volen celebrar que el fenomen més prodigiós de la literatura llatinoamericana dels últims temps sigui finalment reconegut a l'última ciutat on va ser invisible. Fins ara, només tenia el seu nom la sala d'actes de la biblioteca de Blanes, ciutat on va establir-se a finals dels vuitanta.

. Foto: MANEL LLADÓ. ‘El Llop Ferotge' ha organitzat una festa per inaugurar la placa el pròxim 18 de juny."

Un dels instigadors de la iniciativa és un altre xilè que va tenir també el do del trasplantament, només que en lloc d'emigrar cap a Mèxic, com havia fet Bolaño, Jorge Morales va tenir l'extravagància de deixar Xile per Suècia, encara que aviat es va cansar que el sol hi toqués tan poc i va acabar, com Bolaño, perdut pels carrers de Barcelona, abans d'enamorar-se d'una gironina i anar a raure, com és prescriptiu, a Girona. Fundador de la revista de poesia El Llop Ferotge, Jorge Morales (Santiago de Xile, 1974) va ser qui va proposar a l'Ajuntament, a finals del 2008, quan acabava de dedicar un número monogràfic a l'autor de Los detectives salvajes, que la ciutat bategés un carrer o una plaça amb el seu nom. A Morales li hauria agradat que el lloc escollit fos aquella mena de sobralles del carrer de les Hortes que sembla existir només a propòsit per alçar-hi els quatre escalons del pont d'Eiffel, però encara que és un dels pocs racons de la ciutat que Bolaño fa sortir a la seva obra, el suggeriment no va prosperar. En lloc d'aquesta placeta, el govern municipal va assignar a l'escriptor el nou carrer que està obrint a Domeny en un ple del desembre del 2009, i a Morales l'elecció li sembla bé, “un bon lloc, discret, apartat, tranquil, per homenatjar la tenacitat i el sacrifici de Bolaño”.
L'obra era previst que estigués enllestida al gener, però s'ha acabat endarrerint fins al maig, encara que la placa amb el nom de l'escriptor ja és ben visible, al mur de l'escola, al costat del qual algú ha anotat amb guix “estoy bien, escribo mucho”, la frase amb què Bolaño intentava tranquil·litzar la seva amiga Carmen Pérez de Vega quan ja estava greument malalt, explica Morales. El LlopFerotge tenia emparaulada per a aquella festa ara ajornada fins al juny l'assistència d'amics i familiars de l'escriptor, inclosa la seva germana, i els editors Jaume Vallcorba i Jorge Herralde, el crític Ignacio Echevarría, i l'escriptor xilè Bruno Montané, l'amic a casa del qual es va fundar el moviment infrarealista. Morales confia a recuperar-los per a la nova data.
El germen de ‘2666'
Montané, d'altra banda, va ser un dels pocs íntims a qui Bolaño va confiar, a principis dels anys noranta, que estava treballant en una novel·la que titularia Los sinsabores del verdadero policía, una obra en què “el policia no és altre que el lector mateix intentant en va posar ordre a aquesta història endimoniada”, segons va escriure l'autor abans d'abandonar el projecte i vessar-lo en fragments, a la seva manera iridescent i arbòria, en altres llibres seus i, sobretot, al portentós i finalment pòstum 2666. Ara, aquell projecte ha estat recuperat entre els mecanoscrits i documents guardats a l'ordinador de l'escriptor i publicat com “una obra inacabada però no incompleta” a Anagrama, que l'any passat ja va llançar un altre inèdit de Bolaño, El Tercer Reich.

Terra de ningú

Jorge Morales és poeta i és xilè i és el responsable d'una revista que es diu El Llop Ferotge i de moltes iniciatives que en podríem dir culturals si no fos que l'adjectiu, en aquest cas, és una mica reduccionista. És un personatge singular que viu a Girona i que organitza saraus de tota mena, lectures poètiques, intervencions al carrer i actes d'aquells que no busquen l'espai de la vanaglòria sinó que bateguen amb la força inaudita, ingènua i sàvia alhora, de la literatura entesa com a compromís. Aquest dissabte, en companyia d'altres col·legues, va organitzar la festa d'inauguració de la placa d'un carrer, un esdeveniment que no seria cap heroïcitat si no fos perquè Morales feia anys que batallava perquè Girona tingués un carrer en homenatge a Roberto Bolaño. Si no fos perquè, en els temps que corren, dedicar els teus esforços a fer que un carrer (encara inhòspit i quasi sense vivendes, una terra de ningú en un barri perifèric) es conegui amb el nom d'un escriptor, irreductible i poderós, és una tasca heroica, és a dir, desinteressada i noble.

M'han dit que hi havia poca gent, la justa i necessària, familiars, amics i lectors, com ara una poetessa de nom Patti Smith. Tots van escoltar un dels darrers textos d'aquella veu enigmàtica i magnífica que va ser capaç de crear el món des d'un barri perifèric, terra de ningú. «¡Escriu!», deia Bolaño. Escriu des dels límits, fins al límit.
                                                                                                   
                                                                                                                  
J. M. Fonalleras
Escriptor i periodista
Article aparegut a El Periódico de Catalunya
Dimarts, 21 de juny del 2011

dimecres, 21 d’agost del 2013

Bolañitos y bolañistas

Una crónica de EUDALD ESPLUGA


En conmemoración del que habría sido el sesenta aniversario de Roberto Bolaño, desde la plataforma cultural El Llop Ferotge y, en concreto, de la mano de Jorge Morales, el lunes 29 de abril se convocó a todo aquel que quisiera asistir a la Estació Jove de Girona.. I com fue? Aquí hablamos...
Roberto Bolaño - Eudald Espluga Bravo Girona - Bolaños i BolanyistesUna vez allí, para acceder a la sala donde se realizarían las lecturas, se había de subir por una inacabable escalera de caracol que parecía perderse en su propia espiral sin fin. La sala en cuestión tenia las paredes estridentemente rojas, el suelo amarillo, y se accedía a ella desde un pasillo verde; una sala que parecía más preparada para homenajear los colores primarios de los films de Godard que para acoger un encuentro de bolañistas... o bolañitos.
Esta distinción no es banal: ya desde la primera intervención -presentaba el evento Guillem Terribas, el mesías gerundense de las presentaciones culturales- se estableció esta distinción a partir de la lectura de una entrevista a Javier Cercas, donde este hablaba, despectivamente, de los ahora bolañitos que dentro de unos años considerarían que la literatura de Bolaño es mala. Esto me hacía pensar en la exposición Archivo Bolaño que hay en el CCCB (inauguración que también puedes leer en http://www.nuvol.com/critica/soy-bolanista/) y en la chapa que me dieron al entrar: «soy bolañista». Mientras yo me encontraba perdido entre estos pensamientos, Jorge Morales tomó la palabra y, en respuesta a las palabras de Cercas que se acababan de leer, él se autoproclamó, con el orgullo de quien sabe de qué habla, como un bolañito irredento.
Pero esta discusión implícita dejo paso a Bolaño y su obra: Morales alternaba el anecdotario personal, las propuestas culturales y la crítica literaria. Pasaba de la afirmación que 2666 desnudó el siglo XX a explicarnos como sus amigos chilenos, pero también desconocidos, lo llamaban para que les hiciera de guía turístico por Girona, con la intención que les enseñara el que fue el hábitat temporal de Roberto Bolaño. Por último, antes de dejar la palabra a los demás, propuso que las calles que se estructuraran alrededor de la ya inaugurada Avenida Bolaño -él fue el artífice de la propuesta- se les ponga nombre de escritores, para obtener así el primer barrio cultural del mundo, y que la gente pueda quedar, por ejemplo, en la esquina Bolaño con Nicanor Parra.
Llegados a este punto empiezan las lecturas: el primero es David Casadellà, poeta del Empordà, que lee una prosa poética dedicada a Bolaño, un texto que acaba con las palabras con las que empiezan Los detectives salvajes: «He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así». A su lectura le sigue un poema leído por Galán, amiga de la madre de Bolaño y dedicado a esta; un poema titulado Victoria o Amanda. Después le toca leer al escritor Carlos Gámez un texto autobiográfico, del cual dijo que sólo aspiraba a ser uno de esos textos propios de malos escritores autobiográficos que tanto le gustaban a Bolaño. El siguiente fue Jorge Garralda, que recitó de memoria un poema de Borges (el cual, a su vez, era uno de los preferidos de Bolaño), y a éste le siguió Jorge Morales, el cual acabó leyendo un texto a dúo con Garralda.
Finalmente era el turno del mexicano Ricardo House, realizador de cine, quien ha filmado tres reportajes sobre Bolaño, que se aúnan bajo el título Roberto Bolaño, la batalla futura. Nos pasó algunas imágenes en exclusiva del último documental, aun en fase de posproducción, el cual está filmado en Chile, y se ocupa de la infancia de Bolaño. Las imágenes se despedían de nosotros con un largo travelling por el pasadizo de una escuela donde había estudiado Bolaño: un travelling que nos catapultaba hacía el pica-pica que se había preparado para los asistentes a modo de fin de fiesta.

Puedes seguir a Eudald Espluga en su blog El Tablón de Talita pinchando aquí!

Roberto Bolaño al Cinema Truffaut



Els diaris xilens parlen sovint de Girona. I és que la ciutat va deixar una fonda petjada en la personalitat i en l'obra de l'escriptor xilè Roberto Bolaño, avui considerat un dels valors universals de la literatura en llengua espanyola. En un intercanvi entre honestos, els beneficis que Bolaño reporta a Girona li són ara retornats amb la inauguració (dissabte) d'un carrer que porta el seu nom i immortalitzarà encara més el mite. Aquest acte d'homenatge va tenir ahir el seu prolegomen al cinema Truffaut amb l'estrena a Catalunya de la pel·lícula documental Roberto Bolaño, la batalla futura (2010), del realitzador xilè Ricardo House.
El film recrea l'etapa mexicana de l'escriptor i mostra els carrers de la ciutat de Mèxic que va freqüentar un joveníssim Roberto Bolaño els anys 1974, 1975 i 1976, així com el cafè La Habana del carrer Bucarelli, on es reunia amb altres poetes avantguardistes per crear el moviment infrarealista, al·ludit a la novel·la Los detectives salvajes amb el nom de "real visceralismo". La pel·lícula, de 52 minuts de durada, que s'havia vist a Madrid i algunes capitals sud-americanes, però mai a Catalunya, entrevista també personatges mexicans que van conèixer l'escriptor, i aporta per primera vegada el testimoni del seu pare, León Bolaño, un home de més de 80 anys d'edat, avui encara resident a Mèxic.
La sessió d'ahir es va completar amb la projecció de Roberto Belano patinant a la pista de gel (2007), d'una durada de més de mitja hora i firmat per Jaume Pujadas. Aquest documental té la gràcia que ressegueix la vida de l'escriptor a Blanes, però no l'empremta literària, sinó la vida quotidiana. El film conté l'única imatge que es conserva de l'autor de 2666 passejant amb la seva dona Carolina i la seva filla petita pel passeig de Blanes. La filmació inclou testimoniatges, entre ells el del responsable de l'única botiga de lloguer de videojocs de la vila marinera. L'escriptor era molt aficionat als videojocs, especialment als d'estratègia i de guerra. L'acte, organitzat per El Llop Ferotge i la Llibreria 22, va comptar amb la lectura de fragments de l'obra de Bolaño i una tertúlia amb els realitzadors conduïda per Isaki Lacuesta.
Jorge Morales, coorganitzador d'El Llop Ferotge, afirma que Roberto Bolaño és l'autor més important en llengua castellana del darrer mig segle: "Des de García Márquez, Borges i Cortázar no teníem una proposta literària d'aquesta alçada. Per això organitzem aquest homenatge, perquè tenim a Girona un referent de la literatura universal i això ens fa feliços".
Homenots a Domeny
Els homenots Ignacio Echevarría i Jorge Herralde seran dissabte a Domeny per participar activament en la inauguració del carrer Roberto Bolaño. A 2/4 de dotze del matí començarà l'acte, que tindrà també la participació de Salomé Bolaño, germana de l'escriptor, avui resident a Figueres, Guillem Terribas, Bruno Montané, Jorge Morales i Lluïsa Faixedas

(Diari de Girona, 16 de juny 2011)

Calle Roberto Bolaño




Fue a principio de los años 80 cuando luego de inmigrar de México a España, Roberto Bolaño se asentó en la ciudad catalana de Girona. Hoy, esa misma localidad, que el autor de 2666 no abandonaría hasta establecerse en Blanes, a mediados de los 80, se prepara para rendir un homenaje al fallecido escritor. Así, en una iniciativa impulsada por Jorge Morales, un poeta chileno radicado en Girona, y la municipalidad de esa ciudad, el próximo sábado 18 de junio se inaugurará la calle Roberto Bolaño. Ubicada en el barrio Domeny, en esa calle hay una escuela que  lucirá una placa con la inscripción: "Estoy bien, escribo mucho", frase con la que Bolaño intentaba tranquilizar  a Carmen Pérez de Vega, su pareja, cuando ya estaba gravemente enfermo. Entre los invitados al acto de inauguración estarán Jorge Herralde -editor de Anagrama-, el crítico literario Ignacio Echevarría y el poeta chileno Bruno Montané, con quien Bolaño fundó el movimiento Infrarrealista en México.

En Revista Qué Pasa.
http://www.quepasa.cl/articulo/ojos-de-la-llave/2011/06/17-5889-9-calle-roberto-bolano.shtml

Cineasta chileno “revela el lado más íntimo” del escritor Roberto Bolaño

La batalla futura II, segunda de una trilogía, que narra los días del literato en Cataluña

Cineasta chileno revela el lado más íntimo del escritor Roberto Bolaño

La UNAM, productora del documental, lo insertará en circuitos culturales del país

Foto
Ricardo House explicó que la tercera parte se realizará este 2012. En la imagen, Bolaño. Foto Archivo Notimex
 
 
Madrid, 13 de enero.
El documental Roberto Bolaño. La batalla futura II. Catalunya refleja el lado humano del escritor chileno, así como a una persona muy amiga de sus amigos, afirmó hoy el director de la producción, Ricardo House.
En entrevista, con motivo de la presentación de la segunda parte de su filme en la Casa de América de Barcelona, noreste de España, el realizador chileno destacó que se trata de una mirada a los años de Bolaño en Cataluña.
El documental consta de tres partes, la dedicada a la vida del escritor (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003), la primera sobre sus años en México, estrenada en noviembre de 2010 en Madrid, y la segunda parte se exhibió por primera vez en Barcelona, y el próximo 20 de enero se hará en Gerona.
Explicó que la tercera parte será producida y realizada este año para completar la trilogía; en ella destacarán aspectos de la niñez y sus años en Chile, su regreso desde México en 1973, antes del golpe militar en el país, y sus desencuentros con literatos chilenos.
Sobre la segunda parte que ahora promueve, House explicó que es un complemento respecto de la primera entrega; no se puede comparar con la otra; da una continuidad, es una progresión en el tiempo que corresponde a su vida en Cataluña.
Aclaró que todo el proyecto conformado por tres partes de una hora cada una “es una mirada, mas no exhaustiva, y ciertamente hay faltantes en familiares, colegas, amigos, quienes han decidido no participar.
Es una aproximación a la persona, más que al literato; sí se aborda su labor como escritor, pero destaca el caminar juntos con colegas, amigos, familiares para revelar el lado humano y más íntimo de él, manifestó House.
Resaltó que la segunda parte en Cataluña muestra algunas novedades sobre Bolaño, como su interés por rescatar y ayudar a escritores jóvenes en drogas en las playas de Blanes, ya que es un tema al que era sensible.
Comentó que un momento importante es cuando se narra que a los 16 años le informó a su madre que dejaba los estudios, porque ya era un escritor y tenía conciencia de ello.

El documental refleja a una persona humana, muy amiga de sus amigos, con una valoración importante de la amistad y el respeto, expresó el autor.

Apuntó que participan en esta segunda parte su hermana María Salomé Bolaño y su madre Victoria Ávalos, con lo que se abordan vivencias y el entorno en Blanes, Gerona y Barcelona.

Asimismo, las participaciones de amigos como Marta Matas y Narcis Serra; además, el momento de la inauguración de la calle Roberto Bolaño en Gerona, el 18 de junio de 2011, con ayuda de los promotores Vicente Rivas y Jorge Morales.

Sobre el alcance de este proyecto como difusor de la memoria del autor de Los detectives salvajes, dijo que se trata más de una obra personal a partir del estudio de Bolaño y las cosas que les unían como paisanos de la misma generación, y porque compartieron círculo en México.

Sobre la tercera parte, puntualizó que se realizará este año en Chile, e incluirá la relación de Bolaño con su padre, y se trabajará con su familia en ese país, con amigos y compañeros de colegio.

House agregó que tras las presentaciones en España, la segunda parte de Roberto Bolaño. La batalla futura regresa a México, para que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), productora del proyecto, la inserte en circuitos culturales del país.

En septiembre próximo se presentará en el Festival Literario de Mantova, donde ya en septiembre pasado se exhibió la primera parte del documental.

En Barcelona, la presentación contó con los comentarios del cineasta Isaki Lacuesta, el escritor Emiliano Monge y el crítico literario Ignacio Echevarría.

Periódico La Jornada
Sábado 14 de enero de 2012, p. 9

BOLAÑO FA FELIÇ GIRONA

Bolaño fa feliç Girona

http://www.tv3.cat/3alacarta/#/videos/3584610









Patti Smith va assistir per sorpresa a la inauguració del carrer que porta el nom de l'escriptor, al costat d'Herralde, Echevarría, Montané i Salomé Bolaño.
D
es de l'any 2008 ha estat batallant el poeta xilè Jorge Morales perquè el seu idolatrat Roberto Bolaño tingués ni que fos una discreta placeta dedicada a Girona, la ciutat on diuen que va ser feliç i pobre, i al final tanta perseverança, una perseverança tossuda, desbordant, tremenda, com saben els que el coneixen bé, ha tingut recompensa: un carrer inacabable, encara a mig urbanitzar, del barri de Domeny, que porta el seu nom des de fa uns quants mesos i que ahir va ser inaugurat en un acte tan poc protocol·lari, tan espontani i al mateix temps tan emotiu i greu, que el crític literari Ignacio Echevarría va assegurar que Bolaño “s'hauria fet un fart de riure” de veure'ls a tots allà reunits per honorar ben mirat un carrer llarguíssim però buit, i en presència únicament d'“una autoritat i a sobre derrocada”, va dir en referència a la regidora en funcions de Cultura, Lluïsa Faxedas. La veritat és que n'hi havia d'altres, de representants polítics, com la candidata del PSC a les últimes eleccions, Pia Bosch, que mentre esperava que comencés l'acte s'havia acostat a saludar una dona amb dues trenes mal pentinades i una vestimenta desmenjada d'eterna d'adolescent que tenia una retirada extraordinària a Patti Smith. Hi tenia una semblança prodigiosa, comentava incrèdula la gent, però no, devia ser una semblança i prou, fins que el llibreter Guillem Terribas, en pujar a la tarima, va anunciar que “Jorge Morales és l'única persona del món capaç d'aconseguir que dediquin a Bolaño un carrer de tres quilòmetres i que Patti Smith deixi tot el que estigui fent per venir a Girona a celebrar-ho amb els amics de l'escriptor”. La cantant nord-americana, lectora incondicional de Bolaño des que fa quatre anys va descobrir-lo amb la traducció anglesa del portentós 2666, no va dubtar a acompanyar el seu amic Ignacio Echevarría fins a un descampat de Domeny per compartir amb tota la colla bolañesca aquest acte d'afirmació de la vida com a literatura, o del seu revers, de la literatura com una secreció de la vida, i fins i tot, accedir a la petició unànime perquè pugés a l'escenari a fer pública la seva adhesió a la causa. Com que domina poc el castellà, va disculpar-se, en lloc de discursejar es va oferir a interpretar “una cançó per a Bolaño”, i en sec, sota un cel gris que a estones s'esqueixava per filtrar una afilada claror, va interpretar Wing (“and if there's one thing / could do for you / you'd be a wing / in heaven blue”), un tema que ahir va sonar més elegíac que mai. Va ser el moment més especial de la festa, perquè havia estat no només del tot inesperat, sinó a més gens premeditat, però va haver de rivalitzar en encongiment i emoció amb la lectura que poc abans havia fet Salomé Bolaño d'algunes de les cartes que havia rebut del seu germà quan ell vivia encara a Girona i ella ja havia tornat a Mèxic, en què li parlava del fred i la boira, d'aquesta ciutat tan a propòsit per a les seves màscares i per a la lectura del “terrible Onetti”, de la seva fèrria obstinació de ser escriptor encara que fos “abocat a l'abisme i amb una secretària cega”. No tenir-lo ja al costat, la feia sentir terriblement sola, però poques vegades tant com fa tres anys, quan arran de la mort també de la mare, Victoria Ávalos, va tornar al domicili familiar i, entre capses amuntegades, va descobrir un paper que desconeixia, una mena de decàleg amb dotze punts, l'últim dels quals era un imperatiu “escriu!”, en què el seu germà afirmava la necessitat dels amics, l'exigència de “tocar, mirar i escoltar les parpelles del món”, de ser fidel i crític, de recordar que “el teu cos ha estat bell i que ho continua sent sota aquesta capa de desamor”, i que acabava aconsellant: “Si et quedes sol, projecta en els hospitals i els jardins les ombres de tots els que vas conèixer”. Mentre ho llegia, tenia sense cap dubte el germà al costat.
A l'acte, conduït per un frenètic Morales, editor de la revista El Llop Ferotge, van prendre també la paraula el cineasta Isaki Lacuesta, que va recordar la intenció primera d'aconseguir per a Bolaño la placeta que hi ha davant el pont d'Eiffel, amb la intenció de construir-hi “una pista de gel oberta només al juliol”; l'editor Jorge Herralde, que va admetre que “amb Bolaño el catàleg d'Anagrama va arribar al seu màxim esplendor”, i l'escriptor xilè Bruno Montané, que va llegir un poema escrit amb Bolaño la primavera de 1977 titulat La cantera de las manos.

Eva Vázquez, publicat a El Punt el 19.06.11. A la foto d'Eva Vázquez: Patti Smith, Ignacio Echevarria, Jorge Herralde i Guillem Terribas.  

Els records i la vàlua literària de Bolaño marquen la inauguració del seu carrer

A continuación reproduïm l'article aparegut al Diari de Girona el 19 de juny de 2011 i signat per Joaquim Bohigas i Mollera.

 

El nom de Roberto Bolaño Ávalos (Santiago de Xile, 1953 -Barcelona, 2003) ja forma part, oficialment, del nomenclator de la ciutat. Un centenar llarg de persones van assistir, ahir al migdia, a la inauguració sòbria del carrer dedicat, al barri de Domeny, en què família i amics van explicar detalls de la manera de ser, i en van llegir fragments d'obra publicada. Patti Smith, gran admiradora de Bolaño, li va interpretar una cançó.

 
 Els records personals i el reconeixament de la vàlua i projecció literària de Roberto Bolaño van ser, ahir al migdia, els protagonistes de la inauguració del carrer que Girona ha dedicat a l'escriptor xilè, que va residir a la ciutat (hi va arribar el 1980) abans d'instal·lar-se a Blanes (definitivament, el 1986) després de casar-se amb Carolina López. Organitzat per la publicació El Llop Ferotge i la Llibreria 22, l'acte va consistir, bàsicament, en parlaments alternats amb la lectura de textos de Bolaño. Jorge Morales (d'El Llop Ferotge) va recordar que la iniciativa de dedicar un carrer a Bolaño va ser impulsada el setembre de 2008 en un acte d'homenatge en el Teatre Municipal de Girona a propòsit de la presentació d'una monografia. La regidora en funcions de Cultura de l'Ajuntament de Girona, Lluïsa Faxedas, va assumir la gestió de la petició, que va ser portada al ple municipal i aprovada per unanimitat el desembre de 2009. Ahir, la regidora en funcions era a l'acte, acompanyada per la seva família més pròxima. Precisament, Faxedas va ser de les primeres persones que es va adonar que aquell senzill acte de reconeixament a la figura de Bolaño comptava amb una presència d'excepció. La cantant i poetessa Patti Smith, icona del punk i gran admiradora del xilè en llegir les novel·les 2666 (pòstuma) i Los detectives salvajes, es va dirigir als assistents en un castellà poc fluid però prou entenedor abans d'interpretar una cançó dedicada a Bolaño i donar gràcies al finat per l'obra literària llegada. Ignacio Echevarría (crític literari) Bruno Montané (poeta) -van cloure l'acte. Amb anterioritat, Salomé Bolaño, germana de l'homenatjat, va recuperar unes cartes de l'escriptor amb recomanacions vitals. Jorge Herralde, fundador i director d'Anagrama, que va publicar obra del xilè, va explicar anècdotes de la seva relació. A tall d'exemple, Bolaño restava de cinc a sis hores en les dependències de l'editorial, passant per tots els departaments abans d'accedir al despatx del director. També va explicar detalls del procés que va portar a concedir-li, el 1999, el premi internacional de novel·la Rómulo Gallegos,


COMENTARI D'AUTOR NO IDENTIFICAT:

Com va dir Ignacio Echevarría, a Bolaño li hauria fet molta gràcia aquesta inauguració d?un carrer que encara no és carrer, sense asfaltar, sense cases, sense bars, sense botigues, sense veins, però amb una escola allí on comença l?avinguda nova del barri de Domeny. Un paratge, el qual, tanmateix, té una bellesa de món bolañista, perquè, en paraules de la meva amiga Yolanda, ?parece una colonia de México D.F., ?Colonia Guerrero? o algo así?. Una inauguració encara més bolañiana al fer-se de les mans d? una regidora de cultura en funcions, Lluïsa Faxedas, qui acaba de perdre les eleccions municipals, i qui ha estat l?impulsadora dins de l?Ajuntament d?aquest homenatge de la ciutat al gran escriptor xilé. L?acte va ser prou emotiu, amb oradors molt pròxims a Roberto Bolaño, des de la seva germana Salomé a la cantant Patti Smith (?amiga pòstuma? de Bolaño), juntament amb Bruno Montané, amic des de l?adolescència, Echevarría, Herralde, Terribas, etc., tots coordinats per l?inefable poeta Jorge Morales, alma mater de la revista El Llop Ferotge. M?haguera agradat que Carmen Pérez de Vega, amiga íntima de Bolaño els últims anys, participés pronunciant algunes paraules, però ella preferí no dir res. Igualment vaig trobar a faltar Carolina, la dona de Bolaño, i els fills Lautaro i Alexandra. Esperem que les diferències entre crítics, editors i familiars desapareguin, de manera que no impedeixin en properes ocasions recordar tots junts l?escriptor. Tanmateix, ahir dissabte 18 de juny de 2011, les setanta persones que hi érem compartírem les paraules de Bolaño una vegada més, sentint l?esperit de la seva poesia: el arco iris de fuego de aquellos devras infrarrealistas, muchachos que gritaban la terrible belleza del mundo otra vez ayer en la voz de uno de ellos (Felipe Müller).

dimarts, 20 d’agost del 2013

La teranyina dels àngels: «La casa de las arañas»

La teranyina dels àngels: «La casa de las arañas»

                                                      (Disseny de coberta de Xavi Casadesús)


Si ha dies avorrits i que de cop i volta topes amb un poeta. Hi ha poetes que mai no han dit res, que es mantenen en una espècie d'auto-postergació, pensant en el més enllà. Per sort, n'hi ha d'altres que remunten per damunt dels seus escrits durant un instant. Salten com llagostes i s'ofereixen com aranyes per recitar textos inquietants. De cop al bot, te'ls trobes i et sedueixen. Una poesia, quatre línies i ben decantades, t'acosten a la vida, Jorge Morales és d'aquests, és un poeta que fins i tot a les hores més petites s'atreveix a recitar un passatge de la seva obra o de qualsevol altre poeta. Quan el sol encara no s'ha mort ressonen les paraules del rapsoda. La primera vegada sobta per inusual -enlloc no et reciten res-, ell és deutor d'un desig: explicar. La fal·lera només és una, la de la poesia. Un món d'ambients que tant aviat es decanten a favor de la mètrica estricte com -també- arran de la torrentada del ritme lliure. Sigui com sigui, la poesia de Jorge Morales té un calatge fondo i personal. No es distancia d'ell mateix, sinó que en fa categoria del seu viure. Morales és un poeta de poques barreres, sap extrapolar, mitificar i -també- definir una època concreta. S'escapa, però, amb l'elegància d'una anguila, de la lletjor per explicar la bellesa en una sola frase. Morales vol i dol i el seu llibre de poemes, explica un territori sentimental. És un poeta modern, però, que no defuig les temàtiques clàssiques. És l'home ferit que relata la seva desventura d'estar viu. Existencialista. El seu llibre, La casa de las arañas (1999-2002), és una porta oberta cap a una solitud, però -també- i aquesta és la gràcia, situa al lector al davant d'una altra porta i aquesta està tancada. Només el lector pot trucar si vol saber que hi ha al darrere. "El olvido se acordo de mi", diu a la pàgina 21. Morales desconcerta, perquè tant fa una poesia atmosfèrica i perduda dins del concepte global dels bons sentiments com, i amb cura, arrana els passos perduts de la memòria. El llibre de poemes de Jorge Morales (Ed. El Llop Ferotge, des de Sant Narcís), és un dels que paga la pena llegir i buscar per regalar per Sant Jordi. No es pot evitar la millor de les seves poesies de La casa de las arañas (1999-2002). Un poema definitiu que acaba d'una manera tremenda, cito: "Yo no riego las plantas / No fumo ni bebo. / Trepo las paredes / y enhebro mi tela, esperando caiga algun manjar".

Extrapolant la metàfora del poeta, Morales, rega les plantes, no fuma ni beu, s'enguila per les parets i teixeix la seva tela, la que ha creat amb El Llop Ferotge (la revista d'art i poesia, editada des del barri de Sant Narcís). És una figura llegendària, ves a saber si una fantasmagoria, abans, d'això en dèiem "underground", després "contracultura" i ara, "alternatiu". Modes i qüestions que són interessants però, que al cap del temps totes acaben resumides en una bona poesia, com les de Jorge Morales.

No us entretingueu i durant el dia del llibre, busqueu aquesta obra, que, potser, sigui difícil de trobar. Us asseguro que paga la pena. Jorge Morales i el seu La casa de las arañas (1999-2002) és un luxe. Un poeta, res més.


                                                                                 Jordi Arbonès (Nif) per a el dimoni.com

dissabte, 17 d’agost del 2013

La nieve cae sobre la calle

El Ayuntamiento planificó el esqueleto del nuevo trazo urbano y las máquinas realizaron el trabajo: cortar árboles, derribar una vieja casa de campo, levantar postes de electricidad. En el muro de una escuela se colocó una placa y, abierto el camino, el civil Jorge Morales –poeta y agitador chileno, autor de intervenciones notables y editor de El Llop Ferotge– hizo el resto: le dio espesor de símbolo a la urdimbre de trayectos y señales de la ciudad. La calle Roberto Bolaño Ávalos se inauguró la mañana del 18 de junio a las afueras de Girona, en un entorno que perfila zonas de jardines, juegos para niños y una rambla.
Por segunda vez, ahora de manera audaz, el nombre de Bolaño rige en un lugar público del territorio catalán. En una sesión de pálida picaresca, en 2008 fue abierta en su memoria la sala de actos de la biblioteca comarcal de Blanes, localidad donde el escritor radicó su última sede literaria. El día que se inauguró la sala, los lectores reclamaron por lo bajo que “Roberto Bolaño” debía llamarse, por lo menos, la sala de lectura de la biblioteca, la sala de un hospital donde hubiera pacientes aburridos o bien la playa del pueblo costero. El mismo Jorge Morales alzó la voz –lo recoge Enrique Vila-Matas en una crónica– para preguntarle a la autoridad, en la persona del alcalde, quizá en nombre de los extranjeros, de los sudacas de savia romántica, “qué tenía que hacer un escritor como Bolaño para que la biblioteca comarcal llevara su nombre”.
Aunque sabía penetrar en los porosos espacios de lo imaginable, es improbable que a Bolaño se le ocurriera que algún día su nombre saltaría a la calle. A salto de mata, en Girona tenía como horizonte de futuro la fecha del permiso de residencia. Tal fue la fortuna posterior que aparece, incluso, en lugares donde nunca vivió: en La Serena, Coquimbo, Chile, existe el Pasaje Roberto Bolaño, una cortada que desemboca en la calle Eduardo Anguita, la que a su vez se encuentra con la más amplia Braulio Arenas y, a su paso, Gabriela Mistral. Sin la idea absurda de que en el aireado barrio Domeny de Girona una calle se llamaría Roberto Bolaño Ávalos, vivió en el casco antiguo en los tempranos años ochenta: allí encontró la soledad y la esperanza –como su personaje Anne Moore–, la escritura que decantaba a nuevas estaciones y épocas, el “pabellón silencioso de la Universidad Desconocida”. El narrador comenzaba a tomar forma, implosiva y definitivamente, en los claroscuros del poeta. De aquellas temporadas duras, raspadas por la angustia, queda constancia en los textos que provienen o regresan a ese paraje: “Prosa del otoño en Gerona”, que publicó con sus poemas; Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, novela que escribió en colaboración a distancia con A. G. Porta; la efímera revista de poesía Berthe Trépat, que editó junto con Bruno Montané; seguramente en la correspondencia (desconocida) con Enrique Lihn y en las cartas que dirigía a su hermana Salomé.
Previo al final feliz que reunió a un público minoritario, el homenaje a Bolaño comenzó mucho tiempo antes del ágape y el brindis inaugural. La calle tuvo idas y vueltas, anuncios entusiastas, suspensiones apesadumbradas y, a toda hora, una gran honradez humorística. Es un camino abierto, desde el principio, para que den un paseo quienes respiran en lo adverso, en la marea de las posibles malas artes del fracaso. El organizador del homenaje, Jorge Morales, parece ver las cosas como un perdedor nato que asiste, de cara al Mediterráneo, a la comedia del mundo. Tras algunas peleas con los regidores de cultura del Ayuntamiento de Girona, decía en diciembre: “Cuando ya lo teníamos todo y habíamos cursado las invitaciones, nos hemos quedado de piedra al comprobar que la calle Bolaño no existe aún. Es, como dicen en Chile, un peladero en toda regla, una zona de campo llena de barro y hierbajos.” Así acababa: “En estas condiciones no es posible realizar ninguna inauguración ni menos un homenaje. A menos que el respetable público quiera asistir con botas de excursionista y tenida deportiva para perderse en los barriales de la periferia gironina.” Entretanto recibió una llamada de la Embajada de Chile, que pretendía filtrar al acto homenaje, planificado para el pasado enero, una representación diplomática que encabezaría Sergio Romero, a quien Morales recordaba haber visto –de chico, en la tele– como ministro de Pinochet. Fiel a la causa bolañiana más integral, fue rotundo: “Les dije que no queríamos la presencia de Sergio Romero,  que si venía lo íbamos a abuchear  y que el acto fracasaría.”
Con el tiempo cambió la pisada, los trabajos de construcción de la calle perfilaron buenos augurios, la “imagen fantasmal” cedió a un lugar bonito y la inauguración tuvo otra fecha. A la hora del acto, el Ayuntamiento falló: faltaban las sillas, las mesas, el equipo de sonido, los micrófonos para los músicos. Morales estaba furioso y el editor Jorge Herralde le encareció que no sufriera: a Bolaño, le dijo más o menos, le habría gustado que así fuera el espectáculo (entrañable, paciente, reñido con la logística municipal). Llegó un audio de emergencia, pasó el desasosiego y, ya en la hora emotiva, se dio comienzo al programa. Subieron al estrado el librero Guillem Terribas y luego el cineasta Isaki Lacuesta, ambos locuaces. Salomé Bolaño Ávalos, única sobreviviente de una familia en la que se han marchado todos, leyó en su tono chileno y sencillo una selección de las cartas que su hermano le enviaba a México desde Girona, y sucedió el escalofrío epistolar. Ignacio Echevarría continuó el capítulo de comedia, Herralde fue parco, y vinieron los recitales de Patti Smith y de Bruno Montané, quien hizo resonar a lo largo de la calle el poema “La cantera de las manos”, escrito con Bolaño en Barcelona en la primavera de 1977.
Los rockeros uruguayos llegaron cuando la fiesta había acabado, no descifraron las oscuras indicaciones del autor: “Al final de la calle, en la esquina, hay una cabina telefónica y esa es la única luz al final de la calle.” Entre el público había amigos, había musas, árboles que un día serán fuertes, estaba Ricardo House rodando un próximo documental, estaba el señor de Hermosillo que se parece a Amalfitano, a la versión octogenaria de aquel filósofo solitario también radicado en Hermosillo, como se cuenta en 2666. Sin saberlo, como los críticos archimboldianos, para encontrarse allí, los presentes “caminarían por las variopintas calles que el futuro les tenía reservadas”. Acabada la función, todos deshicieron el camino, dejaron la calle y volvieron a sus casas, vino el largo tiempo del verano. Un día caerá otra vez la nieve sobre Girona y la ciudad tendrá el sentido cristalino que le había dado Bolaño. ~


                                                                                                                  IGNACIO BAJTER

                                                                          (Publicado en Letras Libres, nº 121, octubre de 2011)

dimarts, 16 de juliol del 2013

SOBRE LOS 50 AÑOS DE "RAYUELA"



Este año recordamos a Julio Cortázar y los 50 años de su libro más famoso y universalmente aclamado: La rompedora novela Rayuela. Mi opinión es crítica y, por ello, quiero antes aclarar que por supuesto considero a Cortázar un referente indiscutible, un pionero que abrió caminos nuevos para la literatura, incorporando el humor y el erotismo a una realidad cultural latinoamericana más bien plana, oscilando siempre entre la épica social y el arte por el arte, y presa de una seriedad más bien contraproducente. Sin duda, sin Cortázar no habrían sido posibles ni Bolaño ni Vila-Matas, pero considero necesario puntualizar algunas cosas, sobretodo con respecto a Rayuela, desde una perspectiva personal y crítica.

Leí Rayuela por primera vez el 2002, tenía 27 años y llevaba un año en Europa, sin intención de regresar a mi país natal y sin más plan de futuro que vivir celosamente el presente más inmediato, sacándole el jugo a las horas del día que se hacían breves entre lecturas, cine, exposiciones de arte y aprendizajes variados. Quiero decir que estaba como nunca receptivo a los influjos de la literatura. Con 18 años había leído El perseguidor, La noche boca arriba, Queremos tanto a Glenda, Todos los fuegos el fuego, y algunos poemas de Julio Cortázar, que habían dejado una honda huella en mí, pero todavía no me encaraba con Rayuela, a pesar de los comentarios fervorosos de múltiples amistades, de los padres de algunos amigos -toda gente de izquierda-, de algún profesor del instituto, y sobretodo, de los románticos suspiros de amigas de mi generación, enamoradas todas de Julio y convencidas por supuesto de que Rayuela era mucho más que la obra maestra de un autor inmortal, era o debería de ser el centro del canon para todo joven despierto que soñara con cambiar el mundo.

Por todo ello, cuando por fin tuve entre mis manos este libro sacro en una modesta edición de bolsillo de Plaza y Janés, lo hojeé primero por los cuatro costados con la vergüenza de no haberlo leído antes, dispuesto a mentir de que lo estaba releyendo, si alguno de mis colegas me sorprendía. De este modo, emprendí la lectura de Rayuela armado del mismo espíritu y la misma emoción con que los caballero artúricos cabalgaban en busca del Santo Grial, esperando ser dignos de recibir una iluminación mágica y trascendental.
 
Sin embargo, mi primera lectura fue una apabullante decepción: Planea sobre la superficie del texto una mezcla sospechosa de neo-romanticismo un tanto cursi, humor surreal y coqueteos con el absurdo, para ofrecer una visión naïf de la realidad tanto europea como latinoamericana, pues, por ejemplo, excluye, ignora o subestima la violencia que se esconde tras nuestras construcciones sociales. Tampoco conecté con los personajes principales: ni con La Maga -Una eterna quinceañera que sale a caminar sin paraguas bajo la lluvia torrencial como eso si fuera el summum de la poesía- ni con Oliverio -un prepotente intelectual perdido en la contemplación de su ombligo-. Por otro lado, está siempre presente el tema de la nostalgia desprendiéndose a trozos de los diálogos y las reflexiones a cada rato. Pero se trata de una nostalgia no siempre natural, sino de una nostalgia nacida más bien de la idealización de la Historia, de la contemplación de sí mismo en el espejo reluciente y moderno de la ciudad de Paris, que seduce irremisiblemente a los personajes latinoamericanos de Rayuela con el boato, la elegancia y magnificencia de su arte, su belleza y su historia, generando una especie de nuevo síndrome de Stendhal que se caracterizaría más o menos por esa atormentada nostalgia de ser argentino en París, o de ser latinoamericano en París. En cualquier caso, el dudoso imán de París juega aquí un papel fundamental.

Tendría posiblemente que preguntarme cómo fue que esta novela se convirtió en el buque insignia de toda una generación. De momento no lo haré. Prefiero seguir explicando mi historia con Rayuela. Por mi parte, fue necesaria una segunda lectura, tres años después, para valorar y disfrutar de Rayuela sus virtudes: el alto contenido poético de sus páginas, la autenticidad de su expresión y el carácter lúdico que la alienta (con mayor o menor acierto) desde al principio al final, elementos todos que bastan para explicar la alta valoración que recibió de parte de los lectores durante tantos años, y que incluyen páginas enteras de un brillo espectacular y de un encanto indiscutible. Insisto: Julio Cortázar es un enorme poeta y supo expresar muy bien aquello que deseaba: Tal y como lo hace en Historias de Cronopios y de famas, se convierte en el portavoz de un tipo de gente -la gente de izquierda que quería cambiar el mundo, la del mayo del 68, la juventud con preocupaciones intelectuales y artísticas- que necesitaba esta obra para verse retratada, para sentirse diferenciada del resto del mundo que vive una vida burguesa y sin mayores dudas ni dolores de cabeza existenciales.
 
Los 50 años de esta gran obra deberían servir para leerla y releerla, pero libres de las etiquetas, los juicios apresurados, las expectativas desmedidas, las lecturas politizadas y el fervor casi religioso con que fue dotada por sus primeros lectores: los soñadores y los rebeldes de los sesenta y setenta, los que quisieron construir sus sueños "a mano y sin permiso" como cantaba Silvio, y que subieron a los altares a esta novela, consagrándola como ícono literario y cultural. Despojada de todas estos lastres, podremos leer Rayuela con ternura, disfrutándola, como quien besa a un padre anciano y amado que supo en su momento romper los moldes, exigiendo la participación del lector y revolucionando de manera radical las estructuras tradicionales del género para ofrecer una obra que, situada mucho más allá de clasificaciones y análisis, se trata, sencilla y poderosamente, de la primera gran novela universal del continente latinoamericano que alcanza una edad madura absolutamente vigente, y más abierta que nunca para ser re-valorada, re-descubierta y matizada por las nuevas generaciones de lectores, de acuerdo a la compleja realidad de nuestro tiempo.

JORGE MORALES